Crónicas del revés (8)
Está llegando el final de estas Crónicas del revés. Aprovechando las antípodas me he puesto boca abajo y creo que nada ha quedado en el tintero. Para la primera vez que tuve la oportunidad de viajar con mis dos hijas elegí el fin del mundo y ha sido todo un acierto. Desde el principio dije que iba a ser especial y es que esto de viajar con dos hijas únicas no es moco de pavo.
Además de los conocimientos geográficos y las experiencias vividas y sentidas, me llevo un buen trozo de cada una de ellas. Nunca hasta ahora habíamos compartido tantas horas, tantos días, y en un espacio tan pequeño. Nadie daba un duro por el experimento pero ha sido un diez.
Ahora que tocamos el punto más al sur de nuestro plan de viaje, empieza el regreso. En la maleta lo vivido, en la mente las ganas de repetir.
…El día levantó espléndido. Como si nada hubiera pasado. Iba a ser especial. De superación le llamaremos. Sobre las 7 preparé café para María y le deseé suerte. Iba a hacer «puenting» desde el bungy màs alto del mundo (135 metros). Quería superar miedos. Enfrentarse a ellos y a sí misma. Los días anteriores y hoy mismo medité mucho qué debîa decirle, o no decirle. Al final un abrazo, un beso y una frase de ànimo: sonrìe para el video.
Mientras la esperamos Claudia y yo paseamos por Queenstown. Me ha gustado esta ciudad. Volvemos al lago a tomar café, vemos los esquiadores organizarse para la subida y decidimos superar algunos miedos también nosotros, por lo que entramos en La Casa del Terror. Clau se lo piensa pero el dìa de hoy es para los valientes. Exito.
Los tres lo celebramos con hamburguesas de Ferg (excelentes) y salimos rumbo norte. De alguna manera empieza nuestro regreso. En un par de días llegaremos a Christchurch y de allí vuelo a España.
Ahora vemos las montañas (Alpes) desde el otro lado. La gran nevada del día anterior ha pintado de blanco todo el paisaje. Rodamos hasta el Lago Pukaki (impresionante color turquesa debido al arrastre glaciar) y la visión del Monte Cook desde allI es estupenda. Vuelvo a pensar que todo parece un decorado. Seguimos hasta el Lago Tekapo donde haremos noche.
(2)
Me he guardado un as en la manga para este día. El amanecer sobre el lago es magnífico y me distraigo en el desayuno echando migas a los patos (de adolescente cantaba…qué bien nos lo pasamos echando migas a los patos y cuantas màs migas echamos, más mejor nos lo pasamos). Antes de dejar Tekapo le digo a María que contrate un vuelo. Asì, vemos en helicóptero el Monte Cook y los glaciares. El piloto es un chavalote simpático y hace un landing en la cima. Dios, 30 de agosto y estamos en la montaña con nieve hasta la rodilla rodeados de un escenario fantàstico. El vuelo nos ha alegrado el día. Elegimos la caretera interior escènica para llegar a Christchurch, paramos a pasear y ver unas ùltimas cascadas. Nos agobiamos al llegar a la ciudad. Acostumbrados a la quietud del campo y las montañas, los semàforos y el tràfico son seres infernales. Anochece en Christchurch. Pienso en esta ciudad que hace dos años fue asolada por un terremoto pero la hierba vuelve a crecer y la gente camina desenfadada y no parece importarle vivir sobre dos placas tectónicas.
Intento aderezar un arroz precocinado con unas verduras congeladas. No lo consigo. Huele a ambientador de cine de los sesenta y tengo la sensación de estar comiéndome a un pakistaní con chaqueta y todo. Una manzana me salva la noche.
(3)
Amanece y cambiamos planes. Dejamos las ballenas de Kokoura por la península de Akaroa, con lo que nos ahorramos unas horas. Respiramos relax.
Nos vamos al centro a visitar la zona cero. En febrero de 2011 un terremoto agitó la ciudad y sólo los bien plantados quedaron en pie. Se te mueve algo en el estómago viendo la desolación. Solares vacíos, edificios a medio derribar y empresas de demolición. Sobre los restos va creciendo la vida. Una ciudad nueva, de diseño a base de containers va dando colorido. Me sorprende que sobre las ruinas nazca una Tribeca, una Rue de la Montaigne. Artistas callejeros compiten con una malvada madre china que explota a sus hijos por monedas. Caminar sobre las cenizas tiene un efecto balsàmico y pone a cada uno en su sitio.
Màs tarde, en nuestra excursión, queremos paz y decidimos quedarnos a mirar sobre la bahía de Akaroa. De nuevo un volcàn ha construido esta belleza. Lo celebramos con dos buenas pintas de cerveza local.
La tarde trae juego de hermanas. María ha descendido unos años y se ha avenido a grabar un video chorra. Le da una vergüenza terrible. A la pequeña, que domina la situación, le encanta ponerse a la altura de su hermana. Yo babeo.
En nuestro paseo hemos hecho parada en el Countdown. Esta noche nos regalamos unos mejillones de concha verde (greenlipped) y salmón.
Esto se acaba. Hemos reservado para un viaje en tren mañana. Haremos un costa-costa muy recomendado. Nos levantamos temprano.
El personaje del día ha sido una becaria muy profesional del i-site del centro de la ciudad. Nos lo ha contado todo. Ha sido muy difícil despegarse de ella. Como si se tratara de unas oposiciones a notaría, todo ha sido decir buenas tardes y la muchacha nos ha soltado el tema sin respirar ni pestañear. Sin fallos, sin modular, sin cambiar el tono. Qué criatura!
Pronto, muy pronto, aviones, aeropuertos, esperas…y la vuelta al pasado. A vivir de nuevo el mismo día.

Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!