DOMINGO DE CUCARACHAS (Por encargo).
La mayoría de los actores se ven obligados a lo que llaman películas alimenticias. Ya sea por exigencias de la productora que las incluyen en el paquete contractual junto a otros guiones más apetitosos, o ya sea porque la cuenta corriente se esté tiñendo de rojo, la cuestión es que en ocasiones tienen que prestar su cara y su fama a historias difíciles de explicar y contar pero, al fin y al cabo, un profesional es un profesional y además eso hace que el gran público no te olvide. Cumples el encargo y a otra cosa. Ya vendrán tiempos mejores.
También los periodistas tienen su vena “alimenticia”. Sobre todos aquellos obligados a una columna periódica. No es difícil comprender que no siempre el genio está a la altura de las circunstancias, que te pilla una semana fuera de lugar, una inoportuna gripe, un escarceo de las musas pero….la columna no perdona. Llega el domingo y ahí te espera, así que haz lo que quieras pero escribe. Se nota, indudablemente, se nota. Y aún más cuando el tema es impuesto, pero así es la vida.
¿Y qué decir del débito conyugal? No siempre la obligación te pilla con el tono suficiente. Pero cumplir hay que cumplir. Y ahí que estás, con el piloto automático, tirando de playback. Como un señor. Todo un caballero.
Y yo que me he impuesto esto de juntar palabras y el verano me tiene desganado y que me llega el domingo y me quedo en blanco. Es ahora cuando se debe tirar de oficio. Todo tiene su truco y no me importa desvelarlo. Cumplo un encargo. Hace años, una chica nos pidió (a Sebas y a mí, que escribíamos a cuatro manos) que relatáramos su historia. La cuestión era simple. La pobre había sido engañada por ese marinero que tenía una novia en cada puerto, no mucho que contar pero con un poquitín de maestría le hicimos su relato, al que llamamos Amor Foie.
Hoy tiro de encargo e intento hilvanar la historia dominguera de M (no escribo el nombre para que nadie identifique a María). M tiene pánico de las cucarachas. Aversión, horror, se queda paralizada, ni puede gritar. Lo ha intentado todo. Terapia conductista y de choque, hipnosis, sofrología, autosugestión. Nada, sin resultado. Me cuenta que ello le viene desde pequeña y no entiende la razón. Tanto a su madre como a sus hermanas las cucarachas les pasan inadvertidas, seres asquerosos pero poco más. Cuando le pregunto por su padre, me dice que lo desconoce (tanto a su padre, como si le daban miedo las cucarachas).
M sabe mucho de cucarachas. Creo que sería capaz de mejorar la entrada que la wikipedia tiene para estos bichos. Su tipología, variantes, costumbres. M puede estar hablándote sobre cucarachas horas seguidas. Eso sí, cruza sus brazos sobre el pecho como intentando abrazarse y levanta las piernas recogiendo los pies en la silla para evitar un eventual encuentro con una cucaracha en el suelo. M lleva años intentando encontrar una explicación para su miedo. En realidad, M busca una explicación para todo pero eso es otro tema.
Fue en una reunión de estas relacionadas con los miedos atávicos donde M conoció a F (prefiero la inicial para no descubrir a Fidel). Por lo que me dice, a F le aterrorizaban los aviones (personalmente creo que eso era otro cuento de este argentino, F es argentino, charlatán. Imagino, vendría a España en un avión y lo del miedo lo utiliza de excusa para no volver). Como dije, F era el típico charlatán de feria. Cuando le pregunto a M a qué se dedicaba, no sabe ser concreta, escribe, inventa, ahora anda liado con un diccionario de palabras inexistentes pero que deberían existir. Viaja, dice que es un trabajo de campo. Va por ahí preguntado al personal si echan en falta alguna palabra, si tienen algún temor, una sensación, una necesidad y no encuentran la palabra adecuada. Cuando F detecta esa palabra necesaria que aún falta en el lenguaje, se la inventa. Y así, va elaborando su diccionario. Tiene más de cuatrocientas ya. Interesante le digo (no se me ocurre otra cosa) y hurgo un poco más (sólo por mero interés profesional porque la historia se me queda corta).
¿Te lo tiraste?, le pregunto. Y M se ríe. Sí, fue un impulso. Nunca he deseado más a un chico. Recuerdo que fue al salir de la primera sesión. Directamente, le abordé y le dije que le quería invitar a un café. Creo que estuvimos hablando doce horas seguidas de nuestros miedos antes de desnudarnos. El sexo con F era fantástico. Recuerdo que le dije, me he quedado sin palabras. Entonces el me prometió que inventaría una palabra para mí y desapareció.
Sí, exactamente, desapareció sin decir nada. Imaginé que andaría por ahí con sus investigaciones. Pasaron más de tres meses sin noticias de F. Una noche, de esas que el calor te impide dormir, daba vueltas en la cama con la ventana abierta. Ocurrió lo inesperado. Una cucaracha de esas volantonas, rojirubia, entró y quedó como despistada sobre la sábana blanca. Estaba horrorizada (yo, no la cucaracha). Me costó más diez minutos reaccionar. Finalmente, cogí el móvil y llamé a F. Fue lo primero que se me ocurrió.
F hay una cucaracha en mi cama.
Mirala fijamente, que sepa que no le temés, me dijo, llego recién.
No sé cuánto tiempo pasó. Me quedé allí, sentada en la cama mirando la cucaracha. Cuando sonó el timbre de la puerta abrí rápidamente. Era él. Tenía el pelo más corto. Me apartó dejándome a salvo del peligro y me preguntó, dónde está. Le señalé con la mirada junto a la almohada. F se acercó, la cogió entre sus dedos pulgar e índice y la tiró al suelo. Yo estaba anonadada (imagino que la cucaracha también) y sin dejar de mirarme, la aplastó con su pie izquierdo, asegurándose de que quedara bien aplastada. Luego, se me acercó y me besó como sólo F sabe besar. Al oído me dijo, piba, traje una palabra nueva para vos.
(((Personalmente, yo la historia la dejaría aquí. Tiene su aquel. M quiere añadir que F volvió a desaparecer tras el segundo encuentro y que no ha sabido nada de él (han pasado tres años). Tampoco han vuelto las cucarachas a su apartamento. Al parecer, el nuevo presidente de la comunidad ordenó a una empresa especializada una desinsectación a fondo, el muy hijoputa. Como en Romeo y Julieta, esta historia de amor también termina con veneno, pero no es igual. Seguro que Shakespeare no escribía por encargo)))
