INFIERNO BLUE
Una de las características de Satanás es su capacidad de simular. El engaño es estrategia habitual en manos de Lucifer. Como buen manipulador no se conforma con un simple hacer creer, jugar al despiste o las medias verdades. Maléfico te ha de llevar al huerto (en su caso se llama infierno), darte gato por liebre y confundirte hasta que no distingas el bien del mal. No contento con hacerte caer en la tentación, Belcebú no cesará hasta que le adores. En definitiva, estarás quemándote con él en el fuego eterno y felizmente engañado, convencido de que optaste por la solución correcta. El ángel caído es todo un maestro de la publicidad y la propaganda. Tal es así que el infierno tiene su marketing, ha sabido venderlo, se antoja hasta divertido, al contrario de lo soso y aburrido que pintan el cielo, el infierno es como ser del Atleti, tiene su punto, Sabina le canta y siempre es cool.
El infierno mola. A las llamas que nunca cesan las llamarán ambiente cálido para que no temas y las convertirán en rollo barbacoa veraniega style. El personal tiene un morbo especial. Seguro que no te aburres entre bandidos, adúlteros, banqueros y putas. Tiene mejor prensa el asesino que el santo, el perdedor siempre ha sido más literario que el triunfador y la canalla gusta más que el probo ciudadano. Como sabe más por viejo que por diablo, ha sabido convertir las debilidades en fortalezas y los puntos débiles del producto se ofrecen como una oferta irresistiblemente atractiva. Pronto, todos con camisetas I love infierno.
Y en estas y otras reflexiones ando cuando me encuentro arrastrado a Ibiza (vacaciones en familia). La isla, como el infierno, se vende bien. Según El País, en la ruleta lo apuesta todo al lujo y gana, no conoce la crisis y pone el cartel de completo cada verano. La clave del éxito, convertir la caminata insoportable hasta la cala escondida en la búsqueda del paraíso, del lugar idílico y el shunda shunda discotequero en el sancta sanctorum de la vanguardia moderna de la música electrónica a la que peregrinan todos aquellos a los que no importa saber cuándo y dónde empieza y termina la canción y los nuevos gurús arañan el pentagrama y llenan sus cuentas ya rebosantes con el caché recibido por destrozar la música. A esto se le añade el haber sabido combinar el engendro con un aire de lugar entrañable para las familias, que a base de repetirlo se termina creyendo y el aroma nostálgico del flower power, de aquellos hippies desnortados de los años sesenta, de los que quedan algunos, dicen, que siguen alimentándose de raíces y caminan con taparrabos trasnochados. Son los menos. Aquí la mayoría son hippies disfrazados con más o menos acierto. Unos, los que se pueden permitir la moda ad lib de Charo Ruíz se dejan los euros en la túnica blanca lacia pero los más, se limitan al pantalón corto, muy corto. Eso sí, todos con chanclas, lo que da otra vuelta de tuerca a mi martirio particular. Y es que arrastrar los pies y llevar chanclas es misión casi imposible. De los tatuajes hablaré otro día. No obstante estoy tentado a entrar en Tattoo Palace y aparecer con un “me cago en tó” indeleble en el pecho.
La noticia del verano es la droga caníbal. Otro gran acierto producto del marketing. Es el tema estrella. Está estudiado que su anuncio atrae más público del que rechaza. A fin de cuentas, el retorno de la inversión está garantizado. A los millones de visitas que los videos del youtube consiguen con las imágenes de los canibalizados, debemos añadir que el tema elimina del top ten de la conversación, el auténtico trending topic caníbal isleño que no es otro que pagar treinta euros por un plato de pasta en un chiringuito de playa. Al primer sablazo estoy tentado de morder al camarero en el brazo y que me aten y lleven al centro de salud. Los negocios rotan y cambian de mano año tras año. No es sostenible mantener doce meses los costes fijos de un negocio que funciona sesenta días a base de atracar al turista. El calendario ibicenco no se rige por el sol ni la luna (((Aunque el público se conglomere al atardecer para tocar los tambores con la puesta de sol, otro éxito: convertir la hora muerta en que las familias tradicionalmente se marchan de la playa para ducharse y prepararse para la noche, en bullicio que paga el mojito a precio de oro por ver el sol ocultarse))) Aquí la temporada la marca la apertura y cierre de las macro discotecas y una vez que estas pliegan la isla hibernará hasta nueva orden. El público en general se alimenta de comentarios generosos sobre Lío, donde pagas 200 euros por cubierto, bebidas aparte, el servicio de escort para no almorzar en solitario y el súper exclusivo Sublimotion de Paco Roncero a 1500 el menú del día. A la familia de postureo le gusta eso de aparentar convivenciar con la jet mientras espera en la cola de la pescadería del primer Mercadona abierto en la isla. Urgell y Matutes triunfan.
El resultado final es una paleta abigarrada donde se mezcla la pareja de valencianos sin hijos, la familia acomodada madrileña, los grupos de despedidas de soltera y otros de maromos que parecen celebrar la licenciatura del cuartel de artillería, junto a belgas con caras de despistados, noruegos asalmoneteados, parados andaluces que hacen el verano en los chiringuitos y tercera edad sin pudor ante el topless. Los famosos, de existir, se ocultan como el monstruo del lago Ness. Dicen que este año ha aparecido un jugador suizo que ha estado en el banquillo de su selección en el mundial y que en agosto vendrá Guti como estrella invitada de un DJ de carromato. Si se lo permiten sus operaciones, también pasará unos días la baronesa Tita Cervera.
A las maravillas de esta isla se le une un calor sofocante y pegajoso que me deja K.O. El mar no me relaja, me narcotiza, hunde la presión arterial y yago tumbado, me arrastro sin coordinación y echo en falta el halo vital. La humedad del ambiente lucha con mi necesidad de respirar y gana por goleada. Paso las primeras 48 horas de adaptación tumbado en un estado de narcolepsia inducida. No acierto a abrir los dos ojos al mismo tiempo. En mis sueños abomino del flower power y todos los powers que hayan existido, incluida Romina Power. Como Tyrone Power, sueño con ponerme el cuchillo entre los dientes y emular sus abordajes piratas. Espero que mi conciencia frene el deseo de asaltar inocentes transeúntes y convertirme en el primer serial killer de la isla. En mi defensa alegaré el bochorno como eximente.
Me cuentan que el modelo hippy market de las Dalias se está exportando al extranjero. Es todo un fenómeno de estudio para los jóvenes MBA. Un payés garrulo pero muy, que muy, listo arrienda el aparcamiento en que ha convertido el campo de coles que heredó de sus abuelos, para que se instalen los artesanos, en su origen, y hippies de boutique a vender sus productos (40 euros la semana por cabeza). Es toda una atracción y los buses de turistas tienen allí su parada. El garrulo factura los cuatrocientos tenderetes en un cuadernillo guerrero de alambre espiral, cobra el parking a tres euros y vende botellines y menús del día en su casa. Nada de IVA ni impuestos, que todo eso es una invención del sistema capitalista. Modo todo en negro On. Las niñas se paran en un kiosko donde una francesita que no llegó a sacar la ESO pinta uñas a cinco euros. Seguro que sus padres presumen de que la niña está de Erasmus en España. Yo me compro unas picotas y las pago en tres plazos. Al fin y al cabo, me estoy comiendo el logo de Pachá.

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