LOS OKUPAS DEL VEGA SICILIA
-Marisa, ¿los calcetines de cashmere? – pregunta Joaquín, revisando si tienen algún agujero por el dedo gordo.
– Pon 10 euros, que están como nuevos y tienen un gran valor sentimental, que te los trajo la niña del crucero por el Báltico – dice ella, presta a controlar el incipiente ingreso.
-9 voy pedir, que es un precio más atractivo. Verás como me lo quitan de las manos – decide él con sus conocimientos de marketing y el mercado.
Dicho y hecho. Y allí estaban los calcetines, subidos al Wallapop, junto a un par de chándals, las zapatillas de felpa, una docena de pañuelos de bolsillo, tres bufandas y los chalecos de rombos con las coderas roídas. Marisa había aportado a la aplicación de compraventa varias blusas con hombreras, unos guantes largos, la estola imitación de visón y unos vaqueros que le regaló su hijo y a los que ella nunca se acostumbró (esa tela recia me araña las ingles solía decir). Y con esto acabaron con la sección textil de la pareja en liquidación. Con anterioridad se habían deshecho del menaje, decoración, mobiliario, herramientas y objetos y enseres personales acumulados en toda una vida. Uno a uno, pieza a pieza, la pareja de ancianos quedó en la vivienda desierta como un par de náufragos en un solar desvalijado, como unos okupas recién llegados, sentados en medio del salón. Leer más
