Del Black Friday al Purple March
Del Black Friday al Purple March.
Terminó el Día de la Mujer. Todo un éxito, de crítica y público.
Algunos políticos se habrán ido a dormir con las medias puestas y sin desmaquillarse. Mañana guardarán el disfraz de mujer para la próxima campaña electoral. Ha sido un día duro. Travestidos y pugnando por ver quién la tiene más corta.
En mi bandeja de entrada, Amazon me recuerda las películas de Julia Roberts, Netflix me recomienda Juanita, en el App Store tengo Grandes Mujeres-Grandes Aventuras, Civitatis me ayuda si viajo sola y la App de Just Eat me ofrece un descuento para la hija, la mamá y la abuela.
Mi barrio está en fiestas. El gimnasio promociona el mes de marzo con matrícula gratis para ELLAS y en la pastelería el café es gratis para toda aquella que pida una torrija. Han tenido el detalle de colocarle una bandera morada al pastelito. La peluquera tiene el tinte pontecanas al 50% y Vane, la esteticista, ha colocado una pizarra en la puerta del gabinete con una promo agresiva: Recuerda, los pelos son sólo tuyos, pero si has decidido acabar con ellos, esta semana las ingles enteras por 20 euros.
Incluso, Wuan, el chino de mi barrio que nunca se pronuncia, ha colocado en la vitrina un rótulo que dice “mujel hoy todo balato “. Y es que el mercado, ese invento del opresor capitalista, ha colonizado este día reivindicativo. Pero no hay que hacerle ascos. Al fin y al cabo, una oferta es una oferta.
Mi barrio es muy pro igualdad y el vecindario está concienciado del daño que históricamente ha venido ejerciendo el hombre. Todos tenemos claro, clarinete, que el patriarcado es el padre de todos los males y que se debe erradicar y cuanto antes mejor. Es muy común que cuando un vecino descubre algún micromachismo en la actitud de otro, le golpea con fuerza y saña hasta que este último promete, por sus muertos, no volver a hacerlo.
En la plaza tenemos una hoguera siempre encendida y arrojamos a cualquiera que sea sospechoso de actitudes machistas. En ocasiones también se quema al que defiende la Transición, que no es más que una conjura del capitalismo y la monarquía.
El mes pasado fue Paco, el segundo marido de Rosa, un macho alfa paquidermo que indisimuladamente piropeaba a las chicas y contaba chistes verdes. Aprovechando que dormía la siesta, entre cuatro lo bajaron y arrojaron a la pira. Rosa, viéndolo arder, sólo acertó a decir que el hijoputa no sabía ni poner la lavadora.
Y nos da igual si son jóvenes o viejos, al sospechoso, humo. Marcelo, un profesor de filosofía jubilado, con bigote franquista, y que le daba al anís del mono sin mesura, hizo un comentario en la barra del bar sobre que ahora eran las brujas las que gestionaban la hoguera….y en un pispás, juicio sumarísimo y condenado a arder en público. Leonardo, el del videoclub de toda la vida y que ahora regenta un cíber café mezquita, muy ducho en las nuevas tecnologías, graba la incineración en dvd y la reparte en las guarderías para ayudar a la educación de las nuevas generaciones.
Y es que mi barrio es mucho barrio.
