CUENTO DE NAVIDAD

El vapor empezaba a empañar la cocina y el olor del asado iba llenando la casa que a esa hora esperaba nerviosa a los invitados para la cena. En la planta baja todo era un ir y venir, nada podía faltar. Las bandejas preparadas, la cubertería reflejaba los destellos de las luces del árbol como guiños entre el atrezzo. Las copas en formación, alineadas firmes, esperaban ansiosas su gran momento en el brindis. En el salón, el Belén presidía y San José y la Virgen miraban los preparativos mientras acunaban al Niño. La chimenea latía con llamas vivas y regalaba un ambiente cálido a la estancia. La voz de Bublé traía los clásicos navideños.

Con todo organizado subió a vestirse. Un último retoque de plancha le dejó la camisa impecable, esta vez se había decidido por una corbata roja y un blazer cruzado ligero para la ocasión. Descorchó el vino para oxigenarlo y sacó a la mesa las primeras bandejas con los entrantes y aperitivos. Sentado en el sofá prestó atención a las palabras del Rey en su mensaje de navidad. Se echó una copa de oloroso y esperó que sonara el timbre con los primeros en llegar. Poco a poco el piso se llenó de risas y abrazos. La alegría volvió a impregnar las paredes.

Era la primera vez que traía invitados desde entonces. Hasta ahora no se había atrevido, todo demasiado reciente. Los recuerdos, aunque seguían colgados en su alma como las bolas del árbol, ya quedaron inermes, sólo un decorado triste del pasado, y el tiempo había puesto una pátina en su alma que había sosegado el daño y ya ni eran visibles las cicatrices. El tiempo, como siempre, había hecho bien su trabajo. La Navidad había vuelto a su casa y su corazón. Brindó por la vida y se abrazó con fuerza a los que siempre estuvieron a su lado.

BLACK FRIDAY

No me creo que no te hayas enterado. ¿Pero tú en qué mundo vives? Anda, espabílate que en menos de 48 horas llega el Black Friday, así que llena la cartera, desempolva las tarjetas, carga la pistola y lánzate a la calle dispuesto a matar o morir por las mejores ofertas.

El blog me mandó un aviso….oye Gabe que hace más de tres meses que no escribes ni un post it, como no te pongas las pilas te borramos y para que no te puedas resistir, nuestra promoción del Black Friday te revisa el texto gratis y te corrige las faltas de ortografía y si eres cliente Premium te ponemos las tildes y si eres Gold te damos un tres por dos en punto y comas. Ante tamaña oportunidad no lo dudé. Aquí estoy, again, que no me untaba desde agosto.

Empecemos con un poquitín de cultura general: el Black Friday se celebra un Friday, obvio, después de Acción de Gracias (ese día que la familia yankee se reúne y cena junta tras volar  miles de kilómetros y se repite el holocausto de los pavos y se consumen toneladas de litros de salsa de arándanos) y es el anticipo de las compras navideñas. El Black Friday es el pistoletazo de salida para comprar, comprar que el mundo se va a acabar y nuestra sociedad basada en el consumo debe continuar. Así que tras la reunión familiar, todos los viernes posteriores al cuarto jueves del mes de noviembre nos vamos de Black Friday y ahora que tenemos un presidente black, pues más black todavía.

Como el Halloween, también el Black Friday se ha impuesto en nuestra colonizada economía europea. Si hace cinco años, esta iniciativa sólo era conocida entre esos modernitos autónomos que ahora se llaman emprendedores y que no montan empresas ni negocios sino startups, hoy celebra el Black Friday hasta Pepe el de la churrería de al lado de casa que si te llevas un euro de los largos te regala cien gramos de los de papa, para que los pruebes. Y el puticlú El Rey 2000, dos por uno, sólo en copas.

Yo me he estado pensando el tema, dándole vueltas, y me quiero sumar a la corriente general, no digan que soy más antiguo que Rufino, el muñeco de la lotería de este año. En lo profesional he hablado con los compañeros del despacho y estamos que lo tiramos: si te quieres divorciar aprovecha el viernes que te lo damos al 50 por ciento. Quién no manda a la parienta a donde picó el pollo con semejante ganga. Que lo que quieres es ahorrarte algo en el impuesto de sucesiones y todo el papeleo que conlleva la herencia, pues dale matarile a tu ascendiente el próximo viernes que te hacemos un 30% y si son los dos, un 70 sobre el precio marcado. A los empresarios le bonificamos los despidos con un -15% por trabajador y si despide a más de cinco lleva gratis tres más. Estamos barajando la idea de ofrecer un descuento en los desahucios así que si tienes pensado dejar de pagar la hipoteca, es el momento porque te asistiremos gratis y además te obsequiaremos con dos pancartas de la plataforma de afectados por la hipoteca, un pasamontañas y un curso online de cómo hacer un buen cóctel molotov. Vamos, que estamos que nos salimos con esto del Black Friday, que ya sabemos cómo se las gastan los americanos, que ellos sí que saben cómo vender y no nosotros, que llevamos un siglo con los ocho días de oro, la semana fantástica, las rebajas y la liquidación por traspaso, que somos más antiguos que el hilo negro.

En lo personal también estoy entregado al Black Friday aunque yo soy más del black is black ( I want my baby back…) de Los Bravos y del Friday I’m in love de The Cure. Por eso me he propuesto tirar la casa por la ventana. A los tontopolla y a los tontolculo les voy a brindar gratuitamente la oportunidad de que se lo piensen y cambien, que ya es hora (menudo regalo!). A mis amigos les daré llamadas gratuitas con un número 900 para que me digan cosas bonitas y que me echan de menos. Bonificaré el contacto directo pero también tendré abierto el Whatsapp y el Messenger todo el día para escucharos y sentiros. A mi novia, algo muy especial, que se aproveche, que me dejo, incluso cosquillas. Tarifa plana 24 horas. Además, ofrezco un abono de diez abrazos, con achuchones full equipe a mis hijas y regalo un beso gordo a todo aquel que lo quiera recibir y que sonará hasta más allá de las Américas, que a mí no me echa la pata un guiri en esto del marketing y la mercadotecnia. Semejante oferta no la podéis dejar pasar. Me río yo del Media Markt y el Amazon. Estoy seguro que este Friday va a ser todo un éxito y que vamos a pasar de los números rojos negativos del pesimismo general a los negros de un buen saldo y balance positivo.

Y eso el Black Friday, que ya hablaremos del Ciber Monday!!!

UNIVERSO DE ARTISTAS

Por motivos que no vienen al caso, hoy jueves, fiesta del Corpus en Sevilla y con una temperatura que jugueteaba con los cuarenta grados, he estado paseando por las calles entre las catorce y las dieciséis horas. Con dos cojones!

Primera parada para conocer La Alacena de Lola (enésimo proyecto, con muy buena pinta, de un tipo grande, muy grande, que se empeña en aburrir a la piedra de Sísifo. Dios no lo dotó para las ensaladas y en su creación el Señor se pasó con el aceite del genio creativo y se quedó corto con el vinagre de la gestión. El resultado es un artista que crea como los ángeles y gestiona como el mismo demonio). Bienaventurados los fogones con su presencia.

Tras la bendición nos encaminamos para La Alameda que siempre te sorprende con alguna novedad y paramos en La Gorda te da de comer. Un perroflautilla muy profesional nos atiende y nos aconseja que quizás estamos pidiendo demasiado, que las raciones son generosas. Se lo agradezco y me fijo en el logo de su camiseta…No me gustan las chicas. Me puedes enseñar las tetas tranquilamente, en plan amigo. Tiene gracia y oficio y me recuerda a Shaggy de Scooby Doo. La que parece la dueña le aconseja a una recién parida que le depile el entrecejo al bebé que está amamantando. Yo sigo con los tallarines y no quiero ni pensar en lo que se habrá hecho la tipa en el pubis.

Rechazamos el postre porque nos hemos quedado prendados de una pequeña tienda justo al lado que ofrece pan sano y pasteles artesanos. Sí, tal como lo lees, no es un slogan de manifestación alternativa sino la rima ocurrente de una puretona canija (me la imagino entre el yoga, las constelaciones y el rebirthing) que se ha decidido a pagar los doscientos euros de autónoma para montar el negocio de su vida y allí que ha encalado un zaguán, colocado dos vitrinas y elaborado cuatro panes y dos bizcochos (riquísimos). Con una dolce gusto me ofrece un café y agua fresquita y allá que me siento en una butaquita playera mientras que ella atiende a un proveedor en el mostrador.

El viajante es una especie de mezcla clon entre Gandhi y Pepe Viyuela. Le anda enseñando unas pulseras artesanas, por supuesto, que la pastelera vitorea efusivamente, qué monas. Ella le pregunta y las haces tú y el artista se descuelga con un, bueno, en realidad el universo, pero a través de mí, eso sí.

Cuando escucho la respuesta del místico estoy a punto de atorarme con el bizcocho vegano y miro a la panadera que deja caer las pestañas y entona un ligero suspiro como diciendo, a este me lo horneo yo esta tarde se ponga como se ponga la estrella polar. Yo aplaudo el arte de este charlatán, al que el universo no le ha lavado la camisa en varias glaciaciones, que con estas calores ha vendido lo que traía en el zurrón y se va a llevar una docena de besos dulces y algún que otro polvo de estrellas, del universo, eso sí.

La tarde se calienta. Al parecer ha habido un corte de luz por los excesos del aire acondicionado. Salgo a la calle, me llevo una cesta de pasteles artesanos y dejo a los tortolitos que se apresuran a echar el cierre. Al fin y al cabo es día de fiesta y no se debe trabajar.

REGALOS

Estaba nervioso, apenas acertaba a colocarse el reloj que ella le regaló por el aniversario. Se ajustó la corbata azul, desenfadaba, que le dio por el día de su onomástica y se perfumó con la colonia que le trajo para celebrar el primer mes juntos y que ya nunca faltó en su neceser. Se miró al espejo, se sentía guapo y además aquella chaqueta, que ella se empeñó en comprarle por su cumpleaños, le quedaba mejor que ninguna. Regalos, no conocía persona tan generosa como su novia, no olvidaba una fecha y todo lo que llevaba encima le recordaba a ella. La quería, sí la quería de verdad y no dudaba en confesarse enamorado.

No quiso llamarla, un whatsapp bastaría – perdona cariño, se me ha hecho tarde en la oficina, ya sabes, los reportes de final de mes y no podré verte hoy, te quiero, chaíto- y salió rápido para encontrarse con su cita de esta semana. Un guiño al espejo del ascensor y una sonrisa de complicidad, como diciendo, qué cabrón eres, chaval.