UNIVERSO DE ARTISTAS

Por motivos que no vienen al caso, hoy jueves, fiesta del Corpus en Sevilla y con una temperatura que jugueteaba con los cuarenta grados, he estado paseando por las calles entre las catorce y las dieciséis horas. Con dos cojones!

Primera parada para conocer La Alacena de Lola (enésimo proyecto, con muy buena pinta, de un tipo grande, muy grande, que se empeña en aburrir a la piedra de Sísifo. Dios no lo dotó para las ensaladas y en su creación el Señor se pasó con el aceite del genio creativo y se quedó corto con el vinagre de la gestión. El resultado es un artista que crea como los ángeles y gestiona como el mismo demonio). Bienaventurados los fogones con su presencia.

Tras la bendición nos encaminamos para La Alameda que siempre te sorprende con alguna novedad y paramos en La Gorda te da de comer. Un perroflautilla muy profesional nos atiende y nos aconseja que quizás estamos pidiendo demasiado, que las raciones son generosas. Se lo agradezco y me fijo en el logo de su camiseta…No me gustan las chicas. Me puedes enseñar las tetas tranquilamente, en plan amigo. Tiene gracia y oficio y me recuerda a Shaggy de Scooby Doo. La que parece la dueña le aconseja a una recién parida que le depile el entrecejo al bebé que está amamantando. Yo sigo con los tallarines y no quiero ni pensar en lo que se habrá hecho la tipa en el pubis.

Rechazamos el postre porque nos hemos quedado prendados de una pequeña tienda justo al lado que ofrece pan sano y pasteles artesanos. Sí, tal como lo lees, no es un slogan de manifestación alternativa sino la rima ocurrente de una puretona canija (me la imagino entre el yoga, las constelaciones y el rebirthing) que se ha decidido a pagar los doscientos euros de autónoma para montar el negocio de su vida y allí que ha encalado un zaguán, colocado dos vitrinas y elaborado cuatro panes y dos bizcochos (riquísimos). Con una dolce gusto me ofrece un café y agua fresquita y allá que me siento en una butaquita playera mientras que ella atiende a un proveedor en el mostrador.

El viajante es una especie de mezcla clon entre Gandhi y Pepe Viyuela. Le anda enseñando unas pulseras artesanas, por supuesto, que la pastelera vitorea efusivamente, qué monas. Ella le pregunta y las haces tú y el artista se descuelga con un, bueno, en realidad el universo, pero a través de mí, eso sí.

Cuando escucho la respuesta del místico estoy a punto de atorarme con el bizcocho vegano y miro a la panadera que deja caer las pestañas y entona un ligero suspiro como diciendo, a este me lo horneo yo esta tarde se ponga como se ponga la estrella polar. Yo aplaudo el arte de este charlatán, al que el universo no le ha lavado la camisa en varias glaciaciones, que con estas calores ha vendido lo que traía en el zurrón y se va a llevar una docena de besos dulces y algún que otro polvo de estrellas, del universo, eso sí.

La tarde se calienta. Al parecer ha habido un corte de luz por los excesos del aire acondicionado. Salgo a la calle, me llevo una cesta de pasteles artesanos y dejo a los tortolitos que se apresuran a echar el cierre. Al fin y al cabo es día de fiesta y no se debe trabajar.

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