NERJA. DE SINGLES. VERANO BLUE.

De singles y otras historias (1). Nerja no tiene glamour. Imserso de temporada alta y belgas gordos traquetean por el parque temático de Chanquete, al que describen como visionario por anticipar en Verano Azul tantos temas de candente actualidad.

El grupo de singles tampoco tiene glamour. Rencorosas con varices y aspirantes a lesbianas junto a parejas de segundas oportunidades y restos de liquidación se atropellan en el buffet de zanahorias y remolacha con tinto de mesa. Se respira fracaso disfrazado de liberación en este cortejo doliente. Se huele la tristeza de semipadres con niños sabihondos. Se palpa el desencanto y el aburrimiento, el hastío y el cansancio.

-Oiga, que no se pueden hacer fotos con flash en la cueva.
-Por qué dice ese hombre eso, mamá?
-Porque daña las piedras?
-y cómo las daña?
-por un proceso químico.
-químico qué és?
-que hace pufff!
-y por qué hace puff, mamá?
-Coño, que te calles, que tampoco se puede hablar en la cueva.

El papá canijo trae a Christian, con cara de abducido y arrastra a Joel, un hijoputa de 5 años al que nadie le ha enseñado a comer con la boca cerrada.

El papá gordo de pinomontano viene con joseantonio, que es chino y gordo. Además muy listo. Se ve que está súper estimulado. El papá no deja de sonreír y de enseñar. La verdad es que el chico es agradable pero después de media hora te cansa un poco tanto discurso sobre el ratón, la musaraña, el lémur y los dinosaurios. Al nota le gusta kiss fm y me cuenta que lo disfrazaron de rockero para la fiesta de fin de curso. Añade que su cole, el Pablo Picasso, era un pintor antes de ser colegio.

Dos singles que viajan juntos aportan tres niñas. Las de ella tienen cara de resabiadas, la de él baja la mirada modosita. Los padres parecen vivir una segunda luna de miel y no tienen mucha dificultad en olvidarse de las tres pájaras que se atiborran de macarrones cada vez que pisan el comedor.

La madre de Zaragoza sobrelleva su pena que se llama Amanda y se rompió al nacer. Amanda es dulce y charlatana y va dejando las perlas de su insuficiencia a cada paso.

Una rubia con cierto morbo fuma a todas horas y vigila a Alba que dice a todo quien la quiera oír que tiene 3 años. Es pizpireta y lista y trae a maltraer a la rubia a la que le sobra la niña, una lorza incipiente y el tatuaje del gemelo. La chica recrimina a su madre cada vez que esta enciende un cigarrillo y esta debe pensar en lo tranquilo que está el cabrón de su padre.

Un papá de Montilla va de buena gente y coleguita. Es tonto del culo y el socorrista le pide que deje de hacer la bomba en la piscina del ático, que ya es muy grandecito.

Una madre, Pepa, dirige y controla al grupo. Se nota que es profesora y aprovecha cada ocasión para dar una lección. Le falta poner un examen. Su hija es un calco, la pobre.

Yolanda es de Alicante y muy pequeña. En su cuerpecillo cabe toda la mala leche del mundo. Sus ahorros se los ha puesto en los labios que han debido perder su textura original a base de insultar al ex marido.

Tras la separación, Ana se fue a Triana. El se quedó con la unifamiliar de Sevilla Este y ella con Raùl. No sé quién salió perdiendo. Ella es alegre y no pierde la sonrisa cuando me dice que no consigue hacer que el nene pruebe la fruta. Me cuenta con orgullo que para su santo le han regalado unas zapatillas de correr y me las muestra orgullosa. Veo que el nuevo maromo no se ha estirado mucho en el Decathlon pero ella está ilusionada y promete que en septiembre empezará el jogging. Le auguro tres días y no me atrevo a preguntarle si prona o supina.

MJ tiene el alma rota. Su ex no le ha admitido el cambio en la quincena y por ello estará a caballo entre los dos turnos de vacaciones. La pobre se ve lista pero destila tristeza. Su última alegría debió ocurrir allá por la segunda reposición de verano azul, serie de la que su hijo mayor es un auténtico especialista. El zagal es un poco friki y el acné que le puebla el rostro imberbe le añade una marca indeleble de que va a ser virgen hasta los veinticinco, al menos.

Una señora mayor con cara de titaabuela cooperante se acompaña de una grácil y fibrosa morenita de nombre Mirkana. El sevillano le dice «miarma» pero a la negra no le hace gracia. Junto a otras dos parejas que sólo disfrutan de media pensión desaparecen a medio día en busca de algún restaurante cercano donde reparar fuerzas.

En la sobremesa la profe hace gala de su memoria y recita el nombre de todos, adultos y niños. No sé si aplaudir o tirarle una piedra. El chino se anima y repite la alineación de Betis que ganó en Bilbao, hasta con los cambios. El papi gordo sonríe y babea mirando a su osito panda. El resto del grupo corre por los pasillos despertando las iras de los sufridos huéspedes que intentan dormir la siesta. A las seis todos a la playa. El de Montilla se arrima a la rubia y salen a fumar. Parece que la cosa está que echa humo.

PLAYBACK

La pequeña me mira con interés. Creo que deben ser las lentillas y su miopía. Se ha puesto guapa para la cena. Seguro que hija adolescente y madre se intercambian vestidos. Coincidimos en el paseo y me dice que hoy le apetece un gintonic.

No fue difícil convencer a las niñas para que se fueran a dormir a la misma habitación. La pequeña ordenó a su hija con una mirada cómplice y esta sonrió por debajo de su nariz de mosqueperro. La entrada en mi habitación fue atropellada. Ni siquiera atendió a mi propuesta de pedir otra copa. Calla, me dijo. No quiero besos, ok? No me atreví a preguntar, sólo asentí pero ella ya sabía qué quería y cómo. Me dio la espalda mostrando la cremallera de su vestido blanco que cayó desmayado dejando al aire un diminuto juego de lencería cara, echó sus manos atrás y con habilidad desató mi cinturón, tomó mis manos que llevó a sus pechos y se apretó contra mí. Por un momento temí no estar a la altura pero mi cuerpo reaccionó notablemente y la empujé contra la pared del baño. Ella empezó a moverse, sabía lo que hacía. Mordí su cuello y se estremeció, ahora mis manos eran dirigidas hacia su pubis indicándome por dónde debía empezar. Tuve la sensación de que no era yo quien debía estar allí y a ella no parecía importarle. Sonaba a playback. Se volvió, lanzó su brazos alrededor de mi cuello y saltó a horcajadas sobre mí atrapándome con sus piernas. Fuimos resbalando de la pared de la entrada y en un minuto estaba en el suelo mientras la pequeña se agitaba sobre mí curvándose hacia detrás al tiempo que tiraba de mis manos y llevaba mis pulgares a su boca. Fue intenso y cayó sobre mi pecho. No me atreví a hablar. Tras un respiro se deslizó hacia abajo e hizo el resto. Con firmeza impidió que me moviera. No admitía sugerencias. Sabía lo que hacía y no era yo quien debía estar allí. Cuando me oyó suspirar se levantó y se despidió con un leve adiós. No llegué a escuchar el nombre que pronunciaba.

HUMEDADES

Hoy toca excursión por el río Chillar. Dani, el guía, (chico majo donde los haya) intenta convencer a las madres de que es bueno para sus gordos el andar por el campo. Se deshace en bondades sobre el paseo y jura que nos lo pasaremos en grande. Al pobre le asaetean a preguntas sobre qué llevar, qué distancia, qué calzado y qué cojones debe pensar el chaval pero como es educado y está curtido en andanzas con este tipo de grupo no pierde la paciencia, pone su mejor sonrisa y repite una y otra vez que pierdan cuidado y no olviden la crema solar y el calzado adecuado.
Son las diez y el grupo se agolpa a la salida del hall. Se pasa lista y se comprueba el mal gusto para combinar el calcetín con los escarpines, las gorras de droguería con la equipación quechua y las bermudas floreadas de los 80 con las mochilas pertrechadas de viandas robadas al buffet matutino. No vaya a ser que a un gordito le dé una bajona de azúcar en la caminata.
Emprendemos la marcha y Dani explica dónde nos encontramos y qué nos vamos a encontrar. La niña profe está que se sale. Al parecer su padre le ha insuflado la vena ecologista y la cría distingue un gamo de un venado y conoce las propiedades de las adelfas. Eso sí, su espíritu es frágil y se apena cuando el personal no respeta lo suficiente el medio ambiente y se siente mal con la contaminación y el estado de nuestros bosques.
Los del papá canijo empiezan a correr como ardillas y el progenitor se desgañita a recomendaciones. No tarda en aparecer el pequeño con las rodillas sangrando y solicitando ir a lomos del padre que resignado levanta al peque y se lo echa a la grupa.
En los primeros cien pasos aparecen los primeros bocadillos. No hace más de treinta minutos que acabamos de desayunar pero una mamá precavida ofrece al suyo un bocata. La oferta corre como la pólvora y el resto de mamás precavidas sacan los sandwiches. El grupo de papás no quiere ser menos ni que se les acuse de descuidados y atacan con las barritas energéticas. Una parada. Dani dice que queda todavía mucho y que tenemos que andar deprisa. La titaabuela propone volverse al hotel. La llama está a punto de encenderse.
La catalana recuerda que la suya es la más pequeña y no puede llevar el ritmo. Además, añade que ella es montañera y que tiene una colla en Reus muy aficionada a la montaña. El cordobés, que debe estar agradecido de la noche anterior, no tarda un segundo en echarse a la rubita a los hombros y reanudamos la marcha.
Ahora aparece el espíritu militar. Un madrileño recuerda a todos que estuvo seis meses en Bosnia y quiere organizar una avanzadilla para ir explorando el río. Propone un paso ligero que no tiene aceptación en la troupe. Su pareja aprovecha el derroche de fuerzas del cabo primero y le endilga las dos mochilas de sus hijas y el pobre reenganchado se queda cabizbajo y cargado de bultos como un pollino. Llegamos al primer kilómetro. Para celebrarlo tres niñas quieren hacer caca y preguntan por el baño. La simple visión de hacerlo entre los matorrales desata un ataque de ansiedad en dos de ellas. Se hace una recolecta de papel higiénico y esperamos que se alivien charlando sobre el nivel freático y la consideración de especie protegida de las cañas (las de las orillas de los ríos).
El camino se estrecha en el desfiladero. El agua llega a las rodillas y se camina con dificultad. Los gorditos difícilmente aguantan el ritmo y temen perder en un traspié el segundo bocata que las precavidas les han proporcionado. La llegada al punto de destino conlleva las fotos de rigor y el tercer bocadillo. Los padres porteadores resuellan y piensan en lo bien que estarían en el chiringuito. El papá canijo pronostica la bronca que le va a echar su ex (que hijalagranputa que es la tía) cuando le devuelva al Christian con las rodillas como un ecce homo. Dani nos cuenta las distintas fases en la formación geológica de la zona que visitamos pero sólo la niña profe le atiende. El resto salta a la poza y grita (sin tener en cuenta que los gamos se asustan y que la contaminación acústica es otro tipo de contaminación). Un gordito saca la nintendo de la mochila y aprovecha el parón para hacerse un par de niveles. La madre lo mira con pena, es que está muy cansado el pobre. El papá militar empieza a tirar piedras al río para hacer la rana, lo que rápidamente imitan varios zagales. El experimento termina con una pedrada a un señor de Valencia que venía con otro grupo y que está a punto de darle dos ostias al niñato. El buen hacer de nuestro guía evita el entuerto. El camino de regreso se hace con más diligencia. Sólo reseñar un resbalón de la catalana que estuvo a punto de joderle el codo, dos cacas más, una picadura de insecto y una vomitera (si es que ha comido mucho ese niño).

FRIGILIANA Y EL ÚLTIMO TREN

Sábado de bochorno y last chance. El programa plantea la visita a Frigiliana con degustación de miel y vino dulce. Quizás sea por la acumulación de azúcares pero el día amanece meloso y tórrido y desde el desayuno se respira una cierta mezcla de feromona y último cartucho.  Los más lanzados singles empiezan a tomar posiciones. Algunos, con la plaza ganada, no se mueven del sitio y con la seguridad del funcionariado solo aspiran a repetir por aquello del dos mejor que uno y que ya llegará el invierno, que se presume duro.  Otros, que fallaron en el asedio,  cambian el objetivo y apuntan a nueva diana con la esperanza de no errar el tiro esta vez.

Aparece en escena la madre maña que ha sabido aguantar la carrera en una posición cómoda sin mostrarse para dar el zarpazo en los últimos cincuenta metros. Han bastado un par de comentarios para que pierda su velo de madre abnegada con hija rota y se plante como una tía de armas tomar. El bikini le ayuda y el desparpajo con el que habla del putero de su ex marido da mucho que hablar.

El papá canijo se le aproxima pero esta liebre se le escapa con facilidad y con un par de requiebros deja al galgo mohíno. Demasiado arroz para un pollo, que diría mi madre. Dónde vas, alma de cántaro, con la foto de tu esposa en la pantalla del móvil, que no te enteras!

El papá de pinomontano se avecina a una cordobesita simpática de niño rubio de póster. Ella siempre sonríe, da igual que esté contando las tonterías que le llegan al whatsapp, que las infidelidades que pusieron fin a trece años de matrimonio canónico. El papá es aburrido como el solo y a las señales de ella  responde contándole los pormenores de la empresa de electricidad para la que trabaja. Ella se aburre pero no deja de sonreír. Este es otro que tampoco.

Ana de los dos maridos se deja oler entre los machos del grupo pero ninguno entra al trapo y todo esto acontece entre subidas y bajadas por las calles adornadas de Frigiliana que estos días presume de su feria de las tres culturas (aquí hay su poquito de subvención, seguro).

Dani ha conseguido que el trenecito turístico nos acoja y el grupo salta a las vagonetas con el consiguiente alivio de los gorditos que a esta hora ya van con los flequillos pegados de sudor y ven en la lejanía el espejismo del oasis de macarrones del próximo buffet.

El chófer narra, entre traqueteos, las bellezas e historia del coqueto pueblo. En tres frases mezcla a Felipe II, los moriscos, el maquis y Franco. Juro que si logra enlazar con Aznar o Zapatero le aplaudo su habilidad. Se ve que al hombre le gusta su pueblo y para una y otra vez para que inmortalicemos  la sierra de la Almijara y el barrio morisco.

Mención aparte merece el asalto al tren. Teniendo en cuenta que los asientos son de tres plazas, se ha producido un calculado quítate tú que voy yo, acompañado de algún que otro empujón y niño vete para allá, para colocarse junto a la perseguida o perseguido. Al final, y a base empellones cada oveja se arrima a su pareja y se dispone a disfrutar del paseo en este último tren del verano. Mañana el grupo se despide entre vanas promesas de volverse a ver. Los niños arrastrarán sus maletas a las casas de sus progenitores ausentes y Nerja quedará en el álbum de recuerdos de este verano blue. Para muchos Chanquete ha vuelto a morir.