MITOS DEL MARKETING (5)…..FOLLAR.
Los lectores tiquismiquis me increpan por escribir “marketing”, así, en Inglés. Y me sugieren que lo castellanice con la tilde (márketing), que pase de la k (márqueting) o que utilice nuestro vocablo (mercadotecnia). Gracias a todos por las sugerencias pero seguiré escribiendo como me salga de los huevos. Sin acritud.
A lo que vamos, FOLLAR. Un verdadero y auténtico MITO, en mayúsculas, y acudo a la definición de mito que nos da la RAE: a. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima. b. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.
Follar está sobredimensionado y supravalorado. Follar es ineficiente (en el pre, en el acto y en el post o fase repulsiva o del cigarrito, que dicen algunos), un derroche de energía, una saturación de CO2 emitido, un acto deficiente en su relación calidad/precio o coste/beneficio y una actividad impropia de una economía sostenible.
Y sin embargo, el marketing hace del follar ( “hacerlo” dicen los cursis, las preadolescentes del Disney Channel y las madres de las niñas pijas que les piden que se reserven para alguien especial) un auténtico mito y nos lo venden a precio de oro, objetivo number one en cualquier lista que se precie.
Ni que decir tiene que lo mismo se consigue por medios más directos, sin necesidad de partenaire o sin tanto desgaste y no soy nadie para dar alternativas. Me extraña que ningún gobierno, hasta ahora, haya impuesto una tasa para gravar esta actividad como han hecho con las bolsas de plástico.
Si nos ponemos a buscar los tres pies al gato no nos faltarán detalles para bajar del pedestal esta actividad nociva y peligrosa (física e intelectualmente….mirad alrededor y encontraréis legión de sonados/as por falta o exceso). Frustrados y frustradas por no cubrir (je, me gusta el verbo) las expectativas.
Los mismos expertos (sexólogos) convienen que el follar está sobredimensionado y defienden los preliminares y aconsejan no obsesionarse con el puto coito. De hecho, no será tan fantástico cuando el dicho popular se deja caer con un “que te follen” para no desearte nada bueno.
Y ya el colmo es cuando llegan los románticos con sus liras angelicales y nos deleitan con las virtudes del “follar con amor” (a esto del amor le dedicaré capítulo especial en los Mitos). Todo cambia, dicen, cuando se envuelve el polvo con la pátina del corazón partío por las flechas de Cupido, un niñato imprudente.
También están los que distinguen, que si antes o después del matrimonio, poniendo una frontera temporal y social al casquete, y los que hacen del postureo (léase, Kamasutra) un máster personal de la contorsión que suele desembocar en contracturas inesperadas.
No obstante, debo reconocer que tiene su lado positivo. El tema genera horas de conversación (hablar es estupendo, la comunicación es ya otra cosa) y llena páginas y páginas que ya nunca quedarán en blanco (y escribir pone, aunque sean pamplinas como esta).

