CARBONERAS

16/07/2012

Con dos cojones, quién dijo miedo. Me voy a la playa 15 días. Con hija y madre.

He tratado de retrasarlo pero al final se hizo inevitable. Lunes 16, 14 horas. Emprendo la salida. Detrás dejo tres días de pereza para preparar la maleta y una hora de montaje del one-click-and-ready dispositivo para cargar la bici en el coche.

En cinco horas, Carboneras. Se agradecen los 25 grados con los que me recibe. No obstante, apunta un levante que por aquí es raro, raro según los expertos que no le vaticinan más de dos días.

El apartamento no está mal. Bueno, ni bien. Ni bien ni mal. Las vistas al mar (desde 100 metros y en ángulo…) siguen siendo vistas. Tiene la ventaja de que al abrir dos ventanas opuestas se produce un canal de corriente de aire que me garantiza el resfriado de junio (siempre me resfrío en junio, una semana. Este año, no sé qué pasó, pero no lo hice).

Aunque conozco Carboneras y la zona de Cabo de Gata, tengo que decir que me decidí a venir porque mi amigo Carlos me lo recomendó efusivamente. Carlos lo hace todo efusivamente.  Es vehemente y ya digo, algo tiene este lugar que Carlos mataría a quien osara menospreciarlo o discutir su valía. Esto hace que Carlos me muestre orgulloso  sus calles y plazas, y parque y fruterías y los bares y las tapas, y hasta un bbva que hay en la esquina, que al parecer es diferente al resto de bbvas. En fin, así es más fácil entender que al llegar, un pelín cansado, bajar las maletas, y hacer la visita de rigor al mercadona (esto será objeto de atención particular), mi amigo estuviera entusiasmado de llevarme a recorrer el pueblo. De verdad que no me explico qué ve en esto, qué ve en que den la caña con tapa, ….

DIA 1.           17/07/2012

Aunque formalmente estoy de vacaciones, la verdad es que no estoy preparado para ello. Al objeto de estar conectado online y por no entender cómo usar la tarjeta de la blackberry de módem con el portátil (imposible entender la web explicativa), días antes, previsor yo, me fui al Carrefour a comprar un pincho usb de acceso. Entre las distintas opciones, quizás porque no había colas, entré en YOIGO (maldita hora) y en menos de 20 minutos salí firmado y con mi pincho que me tendría conectado al mundo desde este remoto desierto. Por supuesto ni se me ocurrió probarlo.

Ahí está, primer día, 9 de la mañana, el supuesto autoejecutable no se ejecuta y de internet nada de nada. Primer intento al número de información. La musiquita y una voz amable que me pregunta mi número de teléfono yoigo, y yo qué sé. Yo tengo un pincho pero no un teléfono, diga su número, marque su número…desconexión. Segundo intento, marco un número inventado y me pasan con una operadora. Le explico y me dice que me envía un mensaje a mi número con las instrucciones. Qué número? Qué mensaje? Desconexión. Su puta madre. Tercer intento, le explico a Manuel lo anterior y con voz agradable me dice que probablemente el módem esté defectuoso y deba ir a una tienda Yoigo, Pero tú sabes dònde estoy, Carboneras, le sitúo Carboneras en el mapa (sí, Carbonera Spain, no Carbonera estado  de Lousiana) y en un par de segundos me recomienda un instalador autorizado en Almería capital y otro en Huércal Overa. Tiene cojones.

Lo mejor, es que a estas alturas yo no había tirado el pincho por el retrete sino que, muy contra mi particular idiosincrasia, abro la cajita y saco el manual de instrucciones. Si no se ejecuta, clickee dos veces en el archivo del CD-ROM. Lo hago y funciona. Empieza el bicho con su rutina de instalación…. Después de esto me encuentro con algún sobresalto de claves que supero con facilidad y una disyuntiva que finalmente me paraliza. Marco de nuevo el número de información? Me dice la chica ahora que si tengo el antivirus activo, le digo que lo que tengo activo es un cabreo de mil pares de cojones y me recomienda que no me acalore. Desconexión. Total que me lo juego a suertes. Pulso y acierto. Aquello empieza a funcionar. Bueno, funcionar puede sonar muy positivo. Digamos que se mueve, con una lentitud exasperante pero se mueve. Ya es cuestión de la 3G.

Tras este episodio decidimos irnos a la playa.

Dije que tengo la playa a cien metros? No. Para qué ir a esa playa? Carlos insiste en que en un día como hoy la mejor opción está a dos kilómetros. El coche? Coger el coche? Total un paseíto,  agradable que dura 90 minutos con múltiples paradas para conocer a lo más granado de la localidad, recibir un informe detallado del mercado, tiendas de comestibles, el último chino, lo mal señalizado que están los pasos de cebra, la transición del gobierno socialista municipal de años al actual de coalición, de nuevo las cervezas y tapas a dos euros, este es Jesús, este es Salvador, y su primo hermano Juan Antonio……. Hasta llegar a la playa (con dos ….hamacas, sombrilla, bolsa, madre operada de juanetes, niña pelín gansa y niño de tres años –Carlitos junior).

Es el momento de contar todas las bondades del agua, que si transparente, que si la temperatura, que si el fondo marino, que si la biodiversidad, que si …… mi madre intenta bañarse y rápidamente decide que hay muchos chinos. Se da media vuelta y se larga la chiringuito, que yo me caigo y a ver quién me levanta a mí. Son las 12:30 y eso es toda una declaración de intenciones. Hasta la hora de volver, llamadas telefónicas, mails, el niño que se quiere bañar solo y es un peligro y la niña que insiste en  ponerse una sudadera. La vuelta, más rápida pero con calor. Paro en el chino a comprar un peine. Pregunto por un hacha pero no tiene. Lástima.

Al llegar a casa me encuentro un río a la salida del baño. Una gotera venida a más. Llamo al propietario y me dice que a las 15 horas viene el fontanero. Las 15, en Carboneras, son las 16:45 y el manitas / ñapas me jode el conato de siesta. Insiste en que no tiene nada que ver con el agua caliente y me pregunto quién le ha hablado del agua caliente. Le indico por dónde veo salir el agua y vuelve a preguntarme por el agua caliente. Está obsesionado. Le dejo con su quehacer y entre protestas, mugidos, un par de llamadas y que se levanta del suelo y me dice que se va a comprar un grifo, vuelve a los 45 minutos, otra vez al suelo, protestas, mugidos, coño dónde han puesto la llave, y esta columna, ya está que yo creo que es del cuerpo pero que siempre hay que dejar un 0,5 a la duda que si moja ya me llama. Alucino.

Ya dije arriba que el capítulo mercadona merece particular atención. La verdad es que hace tiempo que no voy al hipermercado. En casa me avío con Amparito (mi asistenta sordomuda) que hace las compras. Por eso, el tener que aprovisionar una casa vacía como esta, se me hizo insufrible. La eché de menos. Quién lo iba a decir!

Para no entrar en detalles, la carne que compré es una absoluta mierda. A la basura, acompañada de una ensalada de pasta avinagrada . Imposible.

Así transcurre mi primera tarde. Tumbado en la cama con el portátil encendido y el yoigo renqueante. Por mi derecha rezuma el fontanero y por mi izquierda me llega el volumen 27 de la novela culebrón que se está tragando mi madre. Escucho cómo la pequeña se interesa por el guión y los personajes. Creo que tengo que tomar medidas. Me voy a levantar.

…………

A media tarde propongo a Clau un paseo en bici. Padre e hija solos y accede encantada. Recorremos el pueblo. Es agradable. Volvemos y se nos une Carlitos Junior. La cosa se acelera. Si unimos a la falta de concepto de peligro una habilidad innata para tocar los cojones tenemos el cocktail perfecto. Si le añadimos una pequeña dosis de me quiero montar en el castillo hinchable (bis, repetido, estribillo y coro) tenemos asegurado el dolor de cabeza. Poco más que destacar de la tarde noche. Paseo marítimo, quejas de la crisis que tiene a la hostelería hundida y mira qué vistas desde aquí.

……….

18/07/2012

Objetivo: bañar a la abuela.

Carlos estaba dolido, muy dolido. El raro viento de levante nos había impedido gozar de las maravillas de esta tierra. Evidentemente, nada podía hacer contra la inclemente meteorología. No obstante, sí podía buscar un rincón al abrigo del puerto donde, de verdad, íbamos a disfrutar las aguas calmadas y cristalinas. Mientras que urdía este plan, yo, ingenuo, disfrutaba de la mañana viendo Disney Channel. Sí, Disney Channel, es mi canal preferido pero esto será objeto de atención particular.

Como digo, me levanté pensando que me ahorraba un día de playa pero ya Carlos había pensado qué podíamos hacer. Oye, cogemos el coche y nos vamos al puerto. Y allí nos tienes, a babor el dique, a estribor la cementera y en medio yo, con la abuela y la niña en mi segundo día de playa. La abuela hizo el intento, educada que es, y rápidamente se fue a pegar la hebra con la sombrilla contigua, yo me fui al chiringuito mientras que el resto de la troupe disfrutaba del olor a gasoil.

Me han drogado.

Lo esperaba. El llegar al nivel del mar me deja sumido en una especie de estado narcótico, somnoliento que me impide despegarme de la cama. Dicen que la tensión se baja. Debe ser, mientras escuchaba en las noticias que subía la prima de riesgo, mi tensión bajaba hasta la misma sima por la que discurría el ibex. No llegué a los deportes del telediario. Perdí la consciencia y la vergüenza, ni siquiera retiré los platos de la mesa, y  me fui derechito a la cama. Tres horas de siesta me allanaron el camino para otra tarde de paseo familiar.

AGUAMARGA

Este fue el destino. Aconsejado para todo el viajero de esta zona, Aguamarga es un enclave habitado por hippies elegantes y gente con clase. Una Marbella de los incipientes 60 con padres alternativos de los que compran bicicletas de madera de Imaginarium a sus pequeños. Es curioso, muchos van descalzos. Libres de ataduras, dirán.

El lugar tiene su encanto y el paseo es agradable. No más. No supe encontrar el orgasmo prometido en la tortilla del bar de la plaza y el tinto del lugar (Tempranillo) no estaba mal si se tiene en cuenta la temperatura. La velada fue interrumpida por media docena de llantos de Carlitos Jr., dos robos de bicicleta, quiero un helado que no esté frío y un camarero Diego que se empeño en ser cordial y nos contó sus aficiones y el porqué se encontraba allí. El chico tenía su aquel. 10 céntimos de propina le quitará las ganas de volver a hablarnos.

DÍA 3. 19/07/2012

Esto entra en velocidad crucero. Al menos es lo que yo creía. Como siempre, me despierto temprano y vagueo esperando la hora en que mis amigos me arrastren a la playa pero hoy tienen un plan inesperado …..es jueves.

EL MERCADILLO.

Analizando el tema desde una perspectiva de eficiencia o coste beneficio esto no tiene sentido alguno. Dos horas enjaretado entre kioskos a codazos para comprar un kilo de patatas de Níjar (Carlos se ha encargado de hacerme saber sus ventajas), dos pimientos y 100 gramos de uvas pasas, no tiene sentido. Además, el previaje para dejar el coche aparcado cerca de las calles ocupadas, el desayuno con todas sus bondades en otro bar de playa (Carlos defiende que aquí sí que saben de tostadas y no en Sevilla) y la manía de mirar todas las opciones antes de comprar, convierte en un infierno la mañana. Juro que jamás volveré a pisar ni este ni otro mercadillo. Cuando se lo hago saber, Carlos, inasequible al desaliento, me comenta que existe una web con la ruta de todos los mercadillos por si me interesa. Le digo que se lo haga mirar.

De camino a casa, ya en un comercio convencional, le compro a Clau dos pares de Pablosky muy bien de precio. No todo van a ser maldades.

20/07/2012 POR FIN VIERNES!

MENS SANA IN CORPORE SANO

El mejor remedio contra la melancolía es la rutina. Al menos para mí. Frente al apartamento hay un gimnasio de barrio. Aunque el nombre insinúa un toque internacional, Fitland, no puede esconder que es un gimnasio de barrio. Sin olor a sudor, pero de barrio. Está regentado por Pedro, exculturista de los 80, proteico y un pelín abandonado. Tiene una mirada de ternura de boxeador sonado y apunta en su libreta guerrero las entradas y salidas del personal. Es amable y te enseña orgulloso las instalaciones obviando el abombamiento del parqué y la decolorida pintura de las salas. Allí, en un rincón se amontonan mohosas algunas mancuernas fieles acompañantes de su juventud. Sobre el tablón de anuncios, las fotos de su hipertrofia y el trofeo a míster Almería de sus años mozos.

Me presenta a Gerad, su socio y a Zuleyma. El francés luce bigotito fino y cara de pícaro. Está claro que es el intelectual de la sociedad. Me cuenta que de joven hizo remo y que llegó a competir con la selección francesa en una prueba internacional que derrotó a España y se celebró en Cantabria. Ahora, con su pensión europea y lo del gimnasio pasa su jubilación al sol y aprovecha los ratos libres que le deja el negocio para hacer de intermediario con la incipiente colonia franchute que se está asentando aquí. No es de fiar.

Zuleyma es dulce y un poco boba. Es la encargada de la sesión de aerobics y step. También depila a la cera y, con toda la seguridad, prepara el almuerzo para Pedro y le acurruca por las noches. En sus ojos se ve que está enamorada.

Por veinte euros me ofrece un horario amplio durante mi estancia en la localidad. Me recomienda las clases de ciclo indoor de las 9 de la mañana y me dice que ahora la moda es el Zumba y el Cardio-Box pero que él es de los antiguos y no cree en esas mariconadas. Mete kilos y mucho press de pecho, sentadillas y dominadas y ya sabes, si quieres algo, oye, todo natural, vitaminas, me lo pides que es de confianza, chaval.

Son las 10 y me decido por empezar con un poco de cardio. Pruebo las bicicletas hasta que encuentro alguna menos quejosa. Son como de restos y componen una familia heterogénea y desigual y se reparten por la sala asimétrica en disposición desordenada. Forman un pelotón abigarrado, más bien una banda que un equipo disciplinado. Sin embargo, me encuentro bien entre aquel marasmo de artilugios desvencijados y aprieto el pedaleo hasta que aparece el sudor. Por fin.

El resto es fácil, un paseo por las salas, algo de estiramientos y poco más. Misión cumplida.

CABRON CON PINTAS….

Locución adjetiva, coloquial. Dícese del que no es de fiar, del que sospechas que en algún momento te la va a jugar. … La noticia me deja pasmado: Carlitos Jr. Tiene varicela!! El padre piensa que puede ser una intoxicación pero la pinta, mejor dicho, las pintas no dejan lugar a duda. Joder, pienso, esto son diez días encerrado pero no digo nada. Mientras, Carlos maldice a la Junta de Andalucía y su calendario de vacunación, y rebusca entre sus papeles dónde coño tengo la tarjeta sanitaria que nos vamos al centro de salud. Para mis adentros me relamo: hoy no hay playa.

El edificio es nuevo, muy amplio, situado sobre una atalaya y con vistas al mar. Fruto de los últimos años de vacas gordas no pudo conseguir otra mayoría socialista en el municipio. La administrativa rebusca en su ordenador los datos de la historia clínica. Algo va mal y su cara refleja el problema que no sabe resolver en la pantalla. No sé si está mirando la cartilla o buscando la paga extra de navidad que nunca llegará. No quiero bromear con este tema y la dejo que termine. Al final culpa al sistema, siempre el sistema tiene la culpa, y opta por avisar directamente a la pediatra de guardia, una sudamericana atenta y maternal que nos saluda afables, es varicela, dos semanas en casa sin salir y nada de sol, todos la pasaron ya?

La simple visión de tener al pequeño encerrado en casa derrumba a Carlos. Implora a la doctora una solución con urgencia, plantea sacarlo a la calle por lugares solitarios, de noche pero por favor que no le imponga tan cruel cuarentena. La doctorcita sonríe y se mantiene en sus trece. A pesar de su dulzura, el diagnóstico y tratamiento ha caído como una condena inflexible de un tribunal despiadado. Salimos del ambulatorio y me encuentro consolando al padre como si acabara de fallecer un allegado. Mientras, el pequeño corre por el parking y se niega a ponerse la gorra. En sus gritos de castrati imagino los bacilos en diáspora inundando el pueblo ajeno a la invasión inminente.

21 Y 22 /07/ 2012. FIN DE SEMANA SOBRE RUEDAS

El inconveniente de estar de vacaciones es que no tiene especial sentido que llegue el fin de semana. Es más, la tranquilidad del pueblo durante los días laborables, para algunos, se ve sobresaltada por la llegada de turistas domingueros dispuestos a devorar paella y sol tirados sobre la arena como morsas varadas. Dicen aquellos con experiencia en estas cuestiones que llegado el fin de semana, la gente de bien se queda en sus casas para no mezclarse con el gentío. Siempre ha habido clases.

En mi caso, el sábado significó la vuelta a las dos ruedas. Durante la semana fui echando la caña aquí y allá hasta que picaron un par de buenas piezas que aceptaron salir a rutear por los alrededores. Con estos, el sábado a las 7:30 y con el maillot enfundado nos dispusimos a reventar las lomas cercanas y pedalear una antigua vía del tren que unía la localidad de Lucainena con el litoral. Por fin volvía la normalidad y estaba disfrutando de un verdadero hobby liberado de la condena de la playa.

El salir en bici no es nada sin la cerveza del post. Así como los pescadores se reúnen para exagerar sobre las capturas, el ciclista gusta de comentar la jornada y sus incidencias, que si el desarrollo tal, que si la pendiente cuál, y los últimos modelos y tecnología alrededor de una buena caña de cerveza. Eso es lo normal. Lo que no es normal es que estos dos pollos (ya hablaré de ellos en otra ocasión) se soplaran seis tercios a las diez de la mañana. Doblado llegué a casa y me costó explicar que el estado en que me encontraba era fruto de la dificultad de la ruta. No sé si me creyeron. Pero no hay bien que por mal no venga, o al revés. Al bajar a la playa con Clau superé una nueva fase. Por fin disfruté de una siesta bajo la sombrilla. La verdad es que no pasó de la hora pero el sopor cervecero y los rayos filtrados por el parasol me dejaron sopa en la arena. Cómo no, tuvo que ser un niño capullo con la pelotita el que puso fin a ese momento de gloria. Si le cojo le reviento.

El domingo hubo repetición de la jugada pero menos. Ni tercios ni playa ni siesta al sol. Sólo un formidable paseo en bici con la subida a la Mesa Roldán (planicie que se eleva sobre la costa y que ha servido para la construcción de una torre de defensa y el faro). La abuela empieza a hacer las maletas.

VIAJANDO DE INCOGNITO.

La opción de dejar a Carlitos Jr dos semanas sin salir a la calle fue la menos votada. De hecho, fue rechazada de inmediato. La simple idea de mantener encerrado al bicho desató el peor escenario posible en la imaginación de su padre. Podemos verlo como un acto de solidaridad, reparto equitativo del virus a todos los congéneres, o como una barbaridad. En fin, distintos puntos de vista pero Carlitos está en la calle con lo que ello conlleva.

Consciente de que estaba incumpliendo la orden expresa de cuarentena y de mantener alejado el foco de infección, Carlos optó por disfrazar a Carlitos Jr. Esto es, pantalón largo, camisa de manga larga, gafas de sol y gorra. Por supuesto, el cuello de la camisa levantado. El objetivo era cubrir la visión de las numerosas pupas que cubrían el cuerpo del pequeño y que pasara  desapercibido ante el resto de padres con niños del parque que huirían asustados ante la visión de la contagiosa enfermedad.

¿Pasar desapercibido con esas pintas? Era llegar la tarde y allí estaba entre ET disfrazado y un artista rockero de fama paseando por el paseo marítimo con dos guardaespaldas siguiendo sus pasos. La gente miraba y se paraba al paso del cortejo. Seguro que alguno estuvo tentado de pedir un autógrafo o de llamar a los servicios sociales. Un enano de tres años vestido de riguroso invierno entre playeras, sandalias y camisetas!! Además, el padre insistía en que no se acercara al resto de la población ni entrara en bares y cafeterías por lo que la situación de apartar a la estrella del rock del populacho se extremaba y con ello el interés del pueblo en acercarse al pequeño individuo que recorría el pueblo de esta guisa. Hubo un momento en que algunos chicos empezaron a seguirnos por el paseo seguros que en algún momento se desataría una actuación o empezaría un flashmob, como se dice ahora, y se revelaría el nombre y la identidad de aquel personajillo tan escondido. Alguno gritaba que debía tratarse de la estrella del circo local que se estaba instalando en la localidad y venían a pedirnos entradas.

El recuerdo que para mí dejará siempre Carboneras no será nada con lo que dejará el paso de la varicela de Carlitos Jr. por la localidad.

WHEN IN ROME…..

Donde fueres haz lo que vieres. Soy de esa opinión y dicen los listos con gafas que es justo esa la diferencia entre un turista y un viajero. Estoy seguro que pasaría como Carbonero de pro delante de cualquier tribunal competente y es que yo me adapto, mimetizo, asimilo no ya sólo el acento y el timbre de la voz propia del lugar sino que en unos días me encuentro inmerso en la cultura popular del sitio que visito. Si no fuera porque estoy en contra de la mutilación corporal ya me habría tatuado un indalo en el brazo derecho para lucirlo orgulloso en la próxima feria de septiembre.

Es así mi costumbre de meterme en las raíces autóctonas que busco con ahínco la situación oportuna para conocer más y mejor de la vida ordinaria, las costumbres y por qué no, de los chismes que corren por boca de los aborígenes. Esto me llevó a frecuentar los bares a primera hora de la mañana, a meterme en las conversaciones de las barras entre cafés y carajillos, a poner la oreja en la cola de la pescadería o a estar atento  a las conversaciones de la mesa / sombrilla de al lado.

Fue de esta manera como aterricé en la tertulia del Felipe. El Felipe es un bar del centro y allí está el Primo, camarero eficaz y diestro que presume de correr con su bandeja llevando más de diez jarras (buscar en Youtube, bar Felipe). La reunión está formada por Salvador, ex director del bbva, promotor y prohombre del pueblo, poder fáctico donde los haya, su hermano, funcionario excedente, y un par de personajes difícilmente clasificables pero que, si están al lado de Salvador, es que valen su peso en oro. Por último, está Juan Antonio, tipo polivalente que lo mismo vale para un roto que un descosido. No creo que su cuenta corriente esté a la altura del resto pero por muchos motivos se ha convertido en el hombre de confianza del resto y, en este caso, en mi introductor. JA ha intermediado en alguna que otra operación inmobiliaria que le ha dado un respiro y últimamente gestiona una empresa de desratización y desinsectación que con mucho arte llama MATO POR ENCARGO.

Hoy el tema iba de pintura. No, no hablaban de la Esclusa de Constable que ha subastado Tita Cervera para obtener liquidez ni comentaban sus preferencias por el arte abstracto o el impresionista. Era mucho más mundano:  ha roto con el novio!!

La que ha terminado con el muchacho es la dependienta de una tienda de pinturas que por lo oído está como un queso, está que se rompe, está buena para rabiar y otros muchos comentarios que me voy a ahorrar. Nadie comentó los motivos de la ruptura pero lo que estaba claro es que todo fue bonito mientras duró. Soy curioso por naturaleza y ni que decir tiene que con cierta astucia indagué en el tema y localicé la dirección exacta del establecimiento y sin encomendarme ni a dios ni al diablo me encaminé a la tienda Valentine y….allí estaba.

LA CHICA VALENTINE

Dios, qué mujer. Mis contertulios se habían quedado cortos en sus comentarios. Frente a mí, un pibonazo escultural, una semidiosa, una monería infinita que parecía conjugar todas las tonalidades de los distintos pantones de color de aquella tienda. Irradiaba una luminosidad en sus ojos que haría brillar cualquier gris mate de hogar minimalista. Fueron diez segundos los que me quedé pasmado antes de que sucediera lo previsible. ¿Qué desea?, hola, ¿le puedo ayudar en algo?

Que qué deseo, si lo digo me detiene la guardia civil y me lleva al cuartelillo! Rápido, una idea, qué le digo, imposible articular algo digno del momento. Noté que me temblaba la pierna izquierda (siempre me pasa en momentos de tensión) y se me descolgaba el labio. Con el paso de los segundos la sensación de agobio era mayor y crecía en mí el desasosiego. Mientras, ella abría los ojos con una luminosidad que abarcaba todos los matices del mediterráneo y me animaba a continuar, señor, ¿se encuentra bien?

Sí, sí, perdone….¿tiene pinturas? – articulé finalmente. Nunca me he sentido más tonto. Sin hacer un inventario detallado, en el local podía haber, al menos, diez mil botes de distintos tipos y colores y yo a lo más que llegué fue a preguntar si aquella belleza tenía pinturas.

Afortunadamente, la suerte se alió conmigo en tan difícil trance y mi estupidez le hizo reír. No fue una sonrisa simulada sino una estruendosa carcajada que parecía no provenir de tan delicado cuerpo. La bella empezó a reír y reír y no paraba. Yo, confundido al principio, no sabía qué hacer. Finalmente la risa se me contagió y comencé a reír también, dubitativo al principio pero liberado después y reímos juntos durante un largo rato hasta que puede matizar mi cuestión.

Pintura para exteriores, terrazas, quiero decir, busco algo permanente, definitivo, inalterable al paso del tiempo, ajeno a las inclemencias, que soporte los avatares del tiempo ……

Fue mágico. Mi perorata sobre el paso del tiempo desató algún resorte interno y la muchacha Valentine cambió bruscamente la risa por una expresión de tristeza propia de la persona que ha conocido que el amor no dura para siempre. Lo vi en sus ojos. El verde profundo de su mirada tornó miel dulce y el rayo de sol cambió a nube gris. Lleve este, me dijo. Va muy bien y además está de oferta.

Salí de la tienda con una lata de cinco kilos de blanco bright y con la certeza de haber conocido a otra mujer de mi vida. Espero que su recuerdo dure más que la pintura de mi balcón. O no.

La playa y yo. PLAYING (léase, tal y como se escribe).

Image

1.

Busco una sombrilla en Decathlon y una silla en Carrefour (vive la France) y me voy para Chiclana. Veo la puesta de sol. Me dicen que en algunos lugares el personal se arremolina a esta hora y cuando el sol se pone la gente aplaude, como si asistiera a un truco espectacular o un milagro. Recuerdo El Rayo Verde ( Rohmer??). Hoy nadie aplaude. Me voy a dormir. En mis sueños cruza un Golf rojo.

2.

Es temprano. Comienzo el ritual. La sombrilla es simple pero el mecanismo no funciona. Meto el drill en la arena, la pequeña perforadora, e inserto el paraguas. La pinza está flácida y el parasol se encoge. No me deprimo. Abro la silla, espero el clac-clac pero no se produce. Parece que se acopla al cuerpo. Trae libro de instrucciones. Me encuentro bien, a pesar de todo.

Empieza el espectáculo. Mis miedos. No sé qué hacer frente al mar. Abro el libro Juan Belmonte matador de toros, de Chaves Nogales. El capítulo trata del miedo. Dice que el día de la corrida, al torero le crece más la barba. Me gusta. Paseo. Un paseo simétrico y corto. 50 metros a la izquierda de la sombrilla y vuelta. Otros 50 a la derecha. Así varias veces.

La playa se va llenando pero el mar no se incomoda. Va a lo suyo. La rutina de las olas parece ajena a los caminantes. Algunos corren.

Me levanto decidido y me voy camino de Conil. Me pierdo entre rotondas y con las indicaciones de varios gepeeses urbanos llego a la Fontanilla. El Francisco me recibe con bacalao y atún. Creo que estoy preparado para una nueva fase: dormir en la playa. En mi siesta vuelve a cruzarse el Golf rojo.

3.

Sábado tarde llego a Conil. Alojamiento cutre. El pueblo camina por sus calles y una erasmus de Bolonia desacredita a Adele. No obstante, tiene oficio y llena la talega. Viene acompañada de un payaso, literal, que araña la guitarra y pronostica gol de Balloteli en el 92′. Probablemente se lo trajo a España o se lo regalaron con los créditos. Será troncal. La chica se marcha y el payaso se cambia de esquina. Tiene su aquel. De camino al catre me entero que están desembarcando droga en La Fontanilla. Economía sumergida literal.

El domingo amanece limpio y lleno de nubes negras. La Cala del Aceite rebosa inquietud. No lo pienso. Me baño. Ya está y ahora 6 horas por delante. Creo que el de dónde venimos y adonde vamos surgió en una playa. Me impresiona un topless y me deleito en la suerte. En esto que a la bella semi se le cuelga su bebé y pierde todo el encanto: niño y teta, mala combinación. Creí que esto también lo había prohibido Zapatero pero se ve que no. Firmaré una petición online, que se lleva mucho. Nubes negras y es sólo la una de la tarde. Falta aceite en la Cala para tanta tostada.

4.
Era inevitable. En mi aproximación al fenómeno playa, tenía que ocurrir. Sin saber cómo ni por qué me fui el sábado a Conil, again. En plena operación salida, a eso de las 11 de la mañana, pillé mi sombrilla flácida, la silla y Claudia. Total, dos horas para llegar. Por el camino, las llamadas, oye, por dónde andas, yo en Zahora, oye y tú, no yo no he salido, y tú, mira yo estoy esperando que llegue Fulano, vente al camping, que están los niños…..
Sí, has leído bien, el camping. Y aquí que me veo rodeado de niños en el Tula de Conil donde el personal había decidido organizar el día de Sevilla, con feria de abril incluida, cántame, me dijiste cántame…y el puñal de tu mirada….todo muy pasado de decibelios. Y así me dieron las tres hasta que me pude deshacer de los niñatos e intentar buscar mesa en el chiringuito. Ja! sobre las 5 llegaron los boquerones.
Para mi máster en playa tengo que decir que aprendí lo que era el poniente. Espero que no se me olvide y me pase lo mismo que con los diptongos y los hiatos.

5.

Domingo 8 a las 8. Me voy a Cádiz. Esta vez es especial. Recojo a mi sobrino recién llegado de un botellón y a dos abuelas (no lo voy a explicar) y pongo rumbo a la tacita de plata. Es temprano. Suena música fácil. Las abuelas hablan entre ellas y no se escuchan. Yo escucho la radio y no me entero de lo que, ocasionalmente, me dicen las abuelas. El jovencito no se entera de nada. Dormita con sus cascos y de vez en cuando se desvela por la vibración de whatsapp. Moviliza los pulgares de forma eléctrica y vuelve al sueño.

Cádiz desayuna a nuestra llegada. Recuerdo que allá por el 80, en viaje prenupcial, me alojé en un hostal con ventanuco al cementerio. Ahora paso al lado y pienso que la mayoría de inquilinos seguirán siendo los mismos y descansarán de la estancia en su obligado cumplimiento.

El apartamento da vértigo. Un noveno con vistas directas al mar. Espléndido. No obstante, el personal insiste en bajar a la playa y yo no opongo resistencia. Estoy fácil. En la arena está Cádiz entero, por familia y clanes. Hay escenas de suegras gordas y tortillas y sandías. Alguna que otra carpa jaima y el paddle de los snobs se cambia por las paletas de playa de toda la vida. Tengo que reconocer que algunos lo hacen bien. Una pelirroja teñida babea con su hijo y fuma y fuma. Se le ve el divorcio entre las costuras y me pregunto si el marido la dejó por las babas, por el niño o fue el tabaco. Mira ansiosa que aparezca alguien en su vida pero sólo llega su hermana (inconfundible) a la que le espera el mismo destino. Se soplan varias bolsas de Lays. Las abuelas se hablan sin enterarse y el niñatillo duerme y protesta. Tiene su gracia, en una playa a rebosar insiste en que no hay nadie. Menos mal que el tuenti le engancha al mundo.

Mi brother me acompleja con su nueva hamaca. Es increíble, siempre me supera. No me relajo, hay demasiada gente y además, cada poco, tengo que volver al aparcamiento para renovar el ticket. Lo hago con agrado, siempre me gustó Teófila y la verdad, que tiene la ciudad de dulce. Un paseo al chiringuito y probamos el marmitako. Aprovechamos y pedimos mesa en La Marea, se vislumbra el éxito y se traduce en hora y media de espera. Al final, no fue para tanto. Cómo puede saber igual un arroz negro con calamar de potera que un típico marinero del señorito. Está claro, las prisas. Aquí no vale que todos somos iguales. No. Un arroz sin sabor es peor que la vida de la pelirroja de la sombrilla. Seguro.

Quisimos solucionar el postre con un gintonic pero tampoco le cogieron el punto. Además la rubia camarera no ejercía de rubia camarera, más bien podía ser exempleada de notaría tras un ERE y le sobraba algún año para ese puesto y las varices. Se veía a leguas que no era feliz.

Poco que decir del baño, un par de inmersiones rápidas por cumplir. Me gusta Cádiz. Me gusta mucho. Próximo destino: Carboneras.

Y 6.

La cabra tira al monte. Lo he intentado pero la carne es débil. Cuatro semanas yendo a la playa ha sido demasiado. A la primera de cambio he sucumbido. En fin, lo reconozco; me llamo Gabriel y soy alérgico a la sombrilla.

Que venía de Zaragoza y me digo, oye qué hago yo en Sevilla este fin de semana, que por qué no me bajo en Madrid y me doy una vuelta por la metrópolis y así aprovecho para unirme al 15M y protesto por los recortes y tiro unos huevos en la sede de Génova y…. dicho y hecho.

Fue llegar y todos con la pancartita que si ahora para la sede del PP, que si ahora para Ferraz, que si la Puerta del Sol, que allí no, que nos da caña la Cifuentes…( creo yo que los polis este año van a ganar más con las horas extras que lo que pierden en el sueldo recortado). A mí me gusta ver las cosas con perspectiva, que es como mejor se ven y me digo, pues mira, a la Torre de Telecomunicaciones, al bar de la sexta planta, todo pijo, monísimo. Glenfidich con hielo, música de los 80 y el helicóptero de la pasma sobrevolando Cibeles. Noche movidita.

El día amanece limpio, vámonos para Serrano, una vuelta por Prada, Óscar de la Renta y el Brunch en Mallorca. La terraza exclusiva, la camarera empaná. Justo a tiempo para llegar al Thyssen y ver la exposición de Hopper (gracias a Rocío que hizo de prescriptora en su FB). Me gusta, la luz es primorosa y me pregunto por qué la luz siempre entra por la derecha (curioso, en todos los cuadros, la ventana está en la derecha, salvo en uno donde una chica marcadamente alta centra una habitación de cama pequeña y ventana a la izquierda). La terraza del Thyssen me da buenas vistas. Aquí la camarera también va cortita.

La mañana está agradable. Tengo el tiempo justo para una ensalada antes de pillar el AVE de regreso. Me siento cool. Quizás me ha poseído el espíritu de la Baronesa Tita y me voy a la Moraleja. La otra opción era bocata de calamares. Ya está bien de recortes. La próxima semana, inevitablemente, playa.