20 de abril. Otra vez.

Otra vez 20 de abril. Mi día de la marmota. Siempre colgado del 20 de abril del 90 y nada tienen que ver los Celtas Cortos. Allí quedó una minifalda y un café. A partir de entonces mil historias con o sin nombres o nombres equivocados. Historias de luz o de invisible incógnito. Creo que no he logrado engañarme desde entonces.
El próximo 20 dejo mi casa y dejo la periferia de los últimos 20 años. Regreso libre, reinsertado. Otra vez 20. El 20 me tiene rodeado, ya es casi un tercio de mi vida y el 20 era el autobús que me llevaba y traía de niño al colegio. Y sin embargo, no me gustan los pares, ni el colegio.
Mi nueva casa está en el número 2. El 0 lo pondré yo, empezando. Otra vez, de nuevo, ilusionado y con la certeza de que empiezan los últimos 20. Ahora vivo en el 38 y me paso al 2. Eso hace 40 y si lo divido me quedo en 20 otra vez.
En esta mudanza encuentro aún cajas sin abrir de la última. Y fotos, muchas que dejaré detrás para mirar adelante. Los libros han ido a la chimenea y los que han escapado al fuego eterno reposarán en las mantas de algún senegalés que se busca la vida huyendo de la local. Practico la cultura del desapego y creo que me he pasado. Me cuesta encontrar apego y afección. Me llevo una butaca, algún cuadro y los vasos de plástico de Ikea en los que suelo tomar el café. También un reloj que siempre marca las 10:10. Otra vez 20.
La ropa la hereda el marido de Amparito, la asistenta. El resto se lo reparte mi pobre, Juan, que viene pidiéndome un euro para sus vicios hace años y otros que han acudido al reparto de esos pedazos parte de mi vida. No he tenido que organizar un garden sale ni subirlo a Wallapop. La tortuga se la rifan potenciales padres adoptivos y el ficus tendrá sol y mimos por igual. Al salir no miraré detrás para no convertirme en estatua de sal. Echaré de menos el silencio de sarcófago y los pájaros al amanecer. También la chimenea de tardes y noches tórridas.
En este viaje al centro espero estar más cerca de mi mismo. Como ahora me sobra el coche, ganaré minutos en desplazamientos y tendré que buscar en qué invertirlos. Ya di de baja los suministros y salgo sólo con la clave del netflix. Perdí el fijo que me acompañaba como una reliquia 954. También detrás quedan las horas de series compartidas, las obras realizadas y el recuerdo del limonero que tenía en el patio.
Ahora estoy como al principio de los tiempos, 20 de abril del 90. Un café y una minifalda. Cerrando el círculo. Jugando con los números diré que 2017 combina el 20 y el 17, mi siempre preferido. Me sobra ilusión para llegar a las bodas de plata. Esta mudanza pinta bien y llega con una sensación intensa de ser definitiva.