DE CINE….OCHO APELLIDOS VASCOS

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No me gustan las mayorías. A la minoría siempre, sentido de élite. Pero finalmente sucumbí y ayer me acerqué a ver los ocho apellidos vascos. Viernes, seis de la tarde, cine de extrarradio para evitar colapsos pero la sala estaba medio llena, o medio vacía. Creo que fui el espectador ocho millones, o más.

Lo primero, es que me alegro que uno se juegue su dinero y gane. Eso sí, también está ICO, los gobiernos regionales y las televisiones obligadas en la producción pero estos señores han apostado y ganado y ya prometen secuelas. Visto lo visto, no me extrañaría explotar el filón con los tacaños catalanes y los ambiguos gallegos. No obstante, cabe decir que el director (Emilio Martínez Lázaro) ha filmado algunas de las mejores comedias españolas.

 

Y por qué tanto éxito ( si todos renegamos del cine español) si no es tan burda como la saga Torrente ni una superproducción estilo Hollywood tipo Lo Imposible. Aventuro dos hipótesis, o tres:

  1. Los monólogos están de moda y el guión  lo parece. Y el prota tiene su oficio en esto.
  2. Los chistes de leperos funcionan: los tópicos de andaluces y vascos son simples y fáciles de entender y esto garantiza que la peli autorizada para todos los públicos (personalmente paso de permitir a mi hija de 10 el atracón de ostias y me cago en d…).
  3. Es una comedia romántica y eso mola.

 

Yo pasé un buen rato. Creo recordar una risa y media docena de sonrisas. Mi chica, triplicó mi estadística. La gente se divirtió. Justo en eso consiste. El retorno de la inversión (los 5,5€ de la entrada) es rápido.

 

Lo mejor: hacer chistes de comandos, zulos, secuestros y cócteles molotov en un país que tanto ha sufrido y que provoque sonrisas. Parece que se ha superado. Definitivamente, hemos ganado. No hace falta rendición. Tampoco que pidan perdón. Dan risa. Tanta como los pijos engominados. Ahora, si te quieres reír de verdad, busca la crítica de la película que hizo el diario Gara.

 

La madre del novio (Carmen Machi) una perfecta borracha y el padre de la novia (Karra Elejalde) más que creíble (mejor que De Niro en la suya). Los compadres, Rafi y Fali, a lo suyo. No hablo de las braguitas de lunares de la prota porque me lo tienen prohibido. Y desde aquí abro una petición pública de destierro e inhabilitación para cualquier cargo público al creador de “Sevilla tiene un color especial” (lo siento César Cadaval). Urticaria.

20 DE ABRIL (GGM)

20 de  abril.

Una lluvia sin argumentos aborta mi paseo en bici. Con el maillot a medias recalculo lo que será esta mi mañana de domingo. El Resucitado pone la excepción a la soleada Semana Santa y la Virgen de la Aurora se moja (inevitable pensar en CB, ya abuela, y en su Manolo que la dejó sin avisar. También inevitable el recuerdo del cine Alameda a escondidas). La Sevilla que siempre quiere ser se prepara para la tarde Maestranza deslucida de bravuconadas.

20April, 24 años desde el 90 (E) y los Celtas Cortos me siguen preguntando, te sorprende que te escriba, tanto tiempo es normal… Qué tal te va con el tío ese, espero sea divertido. Los periódicos biografían a GGM entre la crisis de Ucrania y la resaca del gol de Bale. Todos quieren a Gabo. Ya no tendremos que decidir entre el cielo y el infierno porque él se ha llevado consigo su universo mágico particular y por fin Dios ya tiene quien le escriba y haga honor a su gesta de los siete días con algo más meritorio que la biblia.

Subo a la buhardilla. Allí está, es un viejo ejemplar de obras completas de edición de kiosko. Como me enseñó el descreído detective Carvallo de Vázquez Montalbán (mis lecturas juveniles se dividen entre Montalbán y Delibes, más cercano del primero que del segundo), lo quemaré y, de alguna manera, tendré mis cenizas particulares del creador. Antes de prenderle fuego hojeo sus páginas amarillentas, el amor en los tiempos del cólera, y vuelvo a 1976. JMGB, fuera del programa oficial de lecturas (Shanty Andía, La Colmena, Pascual Duarte y Tiempo de Silencio) me habló de Cien Años de Soledad (léelo pero no digas que he sido yo quien te lo recomendó). Robé el ejemplar en la librería del pasaje de la Gran Plaza (éste y la obra poética de García Lorca han sido los dos únicos libros que me he atrevido a hurtar) y me perdí a mis diecisiete años entre los diecisiete Aurelianos. Nunca llegué a tener una novia que se llamara Amaranta, tampoco Úrsula. Me hubiera gustado.

Volví a leerlo el año de Liverpool, verano del 81. Atrancado entre las trampas de la literatura inglesa y norteamericana del ogro de Pilar Marín me llevé al Reino Unido el saco de obligaciones (Daniel Defoe y su Molls Flanders, Tristam Shandy, Harold Pinter, The Homecoming, Pynchon, Coleridge, Doris Lessing y su cuaderno dorado, el imposible Ulyses de Joyce y su Retrato del Artista Adolescente, entre otros). Entre pintas y partidos de fútbol con obreros que por entonces elogiaban a Margaret Thatcher y la boda de Lady Di, conocí a Simon Tollemache, un personaje de 15 años que me regaló las obras completas de Shakespeare, extrañado de que yo pudiera leer libros tan aburridos (To G. The one who reads boring books) sin conocer a fondo al maestro inglés. Me recitó su soneto preferido extraído de Romeo and Juliet (If I profane with my unworthiest hand this holy shrine…) y le descubrí a García Márquez con One hundred years of Solitude. La edición inglesa anexaba un árbol genealógico para facilitar no perderse entre las generaciones de los Buendía. Creo que Simon no llegó a usarlo y tardó menos de una semana en conocer al detalle a todos y cada uno de los personajes. Nunca lo he vuelto a ver, ni siquiera a saber de él. Cuando nos despedimos en Lime Street llevaba el libro en la mano, me volvió a dar las gracias por haberle descubierto the city of mirrors.

Años más tarde, me juraron que Bomarzo superaba el universo de García Márquez. Me impresionó, le di su tiempo pero no dejó el mismo poso. Tampoco Juan Rulfo. Quizás sea sólo el recuerdo del primer beso, del primer amor, de la primera vez que te han contado aquello como lo querías oír. Y ya no existe, lo has soñado. Cuando ahora me preguntan mi número favorito, siempre digo el 17 y desconfío de quien sólo sabe contar verdades.

 20 de abril, hoy cumplo siete meses y lo voy a celebrar como se merece. I can´t take my eyes off you.

 

 

 

 

 

 

 

YOGA

Estoy nervioso. Hace unos días anuncié en  FB ….».Desde que tengo uso de razón (poca) me han repetido tres cosas. Que no hunda los hombros, que sea simpático y que practique yoga. El próximo lunes tengo mi primera clase. Las otras dos deben esperar. Modo zen on».

Y hoy es lunes. Todo preparado. Será a las 18 horas, tengo la esterilla y el ladrillo (bloque de corcho que se utiliza de apoyo, me dicen). A esa hora, llegará Teresa. Espero que sea puntual. De no serlo estaré más nervioso aún y no creo que sea la mejor manera de empezar.

Los más cercanos me han inundado a comentarios. Mis expectativas no están claras. He pasado de la absoluta incredulidad a la gran esperanza. De pensar que esto es como intentar hacerme creer que el ajedrez es un deporte, a confiar que desaparecerán mis contracturas. De ser así, de poderme olvidar que existe el trapecio alto y de que las escápulas no han sido puestas en la evolución humana para joderme, no sabré a quién agradecerlo. No tengo claro si esto tiene que ver con Buda, con Krishnamurti, con el Mahatma Gandi o con Martin Luther King. No tengo nada claro y eso me pone nervioso, muy nervioso.

Soy físico, muy físico y mal dotado para los conceptos abstractos. Me pierdo. Y quiero controlarlo todo. Sé que me entusiasmaré y en semanas estaré escribiendo un libro….El Yoga y Yo…..20.000 palabras sobre Yoga, Yoga para Dummies o El Yoga y su puta madre. Dios dirá.

Ya le he avisado a la instructora (¿se dice instructora, profesora, monitora?) que un bloque de mármol tiene más elasticidad que yo y que la madre naturaleza no me dotó de flexibilidad alguna. Soy rígido, como si ya llevara el rigor mortis puesto de nacimiento.

Estoy nervioso. Hoy puede ser un gran día. Algo va a cambiar. Algo que empezó hace muchos, muchos años.

 

Muchos años antes…..

Mi primer recuerdo de actividad deportiva se remonta a los 13 años. Me dieron un guante de beisbol. Hicimos una fila todos los compañeros de la clase. Enfrente, el entrenador iba lanzando la pelota. Llegó mi turno. Miré al cielo la parábola que hacía la pelota, extendí los brazos, abrí el guante, el sol me deslumbró y la pelota me golpeó la frente. Caí de espaldas, todos rieron y allí terminó mi incursión en el beisbol

Después llegaron las raquetas: el tenis, frontón y el ping-pong. Y las paletas de playa. No se me daban demasiado mal. El de cancha me ayudó a salir de casa y el de mesa a salir de clase.

Después llegó el fútbol, demasiado tarde. Eso se debe mamar de pequeño y de ahí mi incapacidad para dar un buen pase. No será porque no le he puesto afición y horas, pero ni por esas.

Entre medias, un paso fugaz, muy fugaz, por la gimnasia deportiva y algo de atletismo en las carreras de medio fondo. Nada muy mencionable…… (paro aquí las memorias del músculo).

………….Tengo que pensar qué ropa voy a ponerme…..Un chándal Adidas? Hay sección de Yoga en Decathlon? el pijamas? descalzo? Tengo que repasarme las uñas. Qué horror, son las 14 horas y no sé qué ponerme. Definitivamente, el Yoga me pone de los nervios.