¿Y se hizo la Luz?
Quien bien me conoce sabe que aborrezco el Betis, no soporto a los taxistas, a los cocheros sevillanos y la Tuna, por igual, y detesto hacer gestiones y recados personales. Esto último será porque me dedico a gestionar para los demás. El resto es irracional y casi me da vergüenza decirlo.
Dicho esto como preámbulo, paso a relatar lo que algunos califican como propio de jubilados o recién casados (en mi caso se entremezclan ambas condiciones personales). Pues bien, Dios creador sabrá pero yo no acierto a entender, qué coño ha pasado, qué movimiento telúrico se ha producido, qué aleteo de mariposa ha provocado la teoría del caos, pero lo cierto es que por alguna razón desconocida, las facturas de la luz dejaron de llegar a mi correo electrónico, el papel se derivó a una vivienda que abandoné en 2005, mi dni se asoció al de mi madre y en el lugar donde estoy empadronado empecé a recibir correspondencia de mi actual suegro. A esto se añaden avisos de corte, requerimientos de pago, modificaciones en el número de cuenta bancario, la app que no reconoce al usuario y el sursum corda.
Increíble, verdad? Inverosímil, cierto? Pues intenta explicarlo por teléfono a un/una teleoperador andino, un contestador automático o un asesor energético. Tela!! Pero tela, tela!!!
Después de cuatro mil «disculpe don gabriel, no se retire…muchas gracias por la espera…» (Esto es un texto para todos los públicos y no voy a reproducir los improperios enviados al nuevo continente, ni las blasfemias dignas de condena eterna, ni las auto alusiones hechas a mi santa madre). El resultado es que tras mucho preguntar y dejarme ser asesorado, la conclusión era la misma: Eso tienes que ir tú a Endesa. Tú vas con tu dni, siempre hay cola, sé paciente y allí te lo arreglan.
Ahí está el tío: viernes 7:30 de la mañana en la puerta de la oficina. Un cartel que dice que el horario de atención al público empieza a las 8:30 (tranquilo Gabriel, una horita y todo arreglado…) y me dispongo a esperar. Al menos soy el primero y orgulloso declaro esta situación al que llega después.
– Es usted el último? pregunta una pareja que llega con un recibo en la mano.
– El último y el primero (no lo ves, cojones? me dan ganas de añadir)
Por eso de la puntualidad ibérica la persiana se levanta a las 8:33 y una limpiadora nos dice (ya somos más de 30 en la cola, pero yo el primero) ya pueden pasar. Una recepcionista ajada y malencarada ni me da los buenos días y me pregunta qué tipo de contrato tengo. Le digo que ni puta idea (mire usted ni idea yo vengo por un problema de facturación…) y me da un numerito, el 0, el primero, y me promete que me atienden en un momentito, justo lo que tarda en salir en pantalla la Mesa 2. Allí que me voy y me siento dispuesto a contar la película sin saber por dónde empezar.
Una hora y media: 90 minutos de mi vida me he pasado mientras Eli trataba de convencer al sistema operativo, al programa y al ordenador que yo era buena gente, que me tratara bien, que no me merecía lo que me estaba pasando y que si todo había sido por una broma del destino, que ya estaba bien de bromitas, que si era el karma pues que tendría nuevas vidas para compensar pero que, por favor, volviera todo a donde debía estar y de donde nunca debería haber salido.
Y nada hubiera sido igual sin ELI. Eli merece mención especial. Andará por los veintilargos, simpatía sin aspavientos, vende por naturaleza (yo le he firmado no sé cuántos cambios de gas, luz, mantenimientos y seguros…), no pierde la compostura, teclea con parsimonia, con unas uñas azules, plateadas y con estrellas que le habrían alucinado a mi Clau. Se pelea con el ordenador y la impresora, con cariño, sin prisas. Poco a poco va desenredando el hilo del embrollo. A su vez me va explicando qué está haciendo y especula sobre el posible origen del conflicto. Yo la dejo hacer, veo que tiene manejo. A lo suyo….pero una hora y media da para mucho…Eli estudió en la Doctrina Cristiana, después en el Torre de los Herberos de Dos Hermanas y finalmente los módulos en la Mercantil. No le gustan los números pero nadie lo nota. Desde hace casi un año trabaja en esa oficina, aunque contratada por una ETT, no duda que en Enero la renuevan que es lo que están haciendo al resto de compañeros. Acostumbrada a trabajar de 8:30 a 16:30 dice que ya ha visto de todo y se nota que lo siente. Eli viste del Berska. Lleva una cazadora militar y pantalón blanco. Me cuenta que tiene dos microondas (parece que esto no viene al caso pero en eso momento hablábamos de potencia contratada…). Eli me aconseja para el futuro, casi como una madre, o una vidente. Eli me ofrece su mail personal para cualquier duda o incidencia y me facilita la alternativa a tener que volver a la oficina (a escondidas me surte con varias fotocopias de escritos de representación para que mande a alguien), me obsequia con un folleto informativo con un tutorial para cambios de titularidad, me da breves nociones sobre el monofásico y el trifásico (de esto no me he enterado) y me hace prometerle que volveré (ella me lo recordará) por octubre de 2020 para renovar todo lo firmado hoy. Eli me repite que me van a regalar 100 euros por algún motivo. Eso sí, no sabe bien si en esta próxima factura o la siguiente y me subraya con amarillo que llevo un descuento del 50% en el seguro de decesos (a estas alturas no sé qué le había firmado). Eli ya es como de la familia. Sin duda vendrá al próximo evento, ya sea bautizo o comunión.
Salí de la sucursal pletórico, me vine arriba. Pedazo de inyección de autoestima. He sido capaz. Tuve ganas de llamar a Pablo Coelho o a Borja Vilaseca y contarle mis progresos. Busqué La Caixa más cercana y me decidí a superar otra meta. Esta vez, operar con un Cajero (vamos Gabriel, si has sido capaz de arreglar lo de la luz, seguro que consigues pedir el saldo o los últimos movimientos. Dicho y hecho, algo de confusión entre el teclado y la pantalla táctil pero finalmente la máquina me dijo que llego a fin de mes si no me desato). Es viernes, brilla el sol, saltaba por la calle con el recibo del saldo.
Me asaltó una duda, escribirá su nombre con s, o con z. Elisabeth o Elizabeth. Por las uñas me da que con z.
Al llegar al despacho lo conté a los presentes. Vítores, parabienes, enhorabuenas. Entre los abrazos de alegría alguno dejó caer, bueno, ahora a esperar que todo sea verdad y que se haya arreglado, que a veces…..
No me lo puedo quitar de la cabeza. No, no puede ser, no ha sido un sueño. Eli es real. Eli existe. El mes que viene la factura digital llegará puntual a mi correo electrónico, el universo habrá hecho las paces conmigo. Se hizo la luz.
