Poleos y Caminatas

Al fin y al cabo el poleo no es más que una hierba simple y sosa y el Trekking es poner un pie detrás del otro. Todo lo demás es literatura. Quizás literatura elevada al mito, como la comunicación o el sexo. 

Si al andar le ponemos piedras y obstáculos le llamamos vida, si le añadimos campo y vacas y montañas, le decimos trekking y eso es lo que me han llevado a hacer allá donde se inventó el frío. Por amor, como no puede ser de otra manera. 

Y eso que como Sevillista hasta la muerte, lo de Greenland me toca un poco los huevos porque me imagino el paraíso del beticismo, allí donde reposan los dioses del imaginario blanquiverde. 

Tardé años en comprender por qué flotan los barcos pero pillé muy rápido que el frío es la ausencia de calor. Por eso no ha habido frío en estos días Greenland. Ha rebosado el calor humano. Calor por un tubo, para derretir cualquier iceberg que se ponga por delante. 

Cierto que el comienzo fue gélido con ese por entonces Andreu (alias Arnau) en plan sargento… Full Metal Jacket dando instrucciones y amenazando con las penas del infierno, pero poco después se descubrió como un ser vivo capaz de cuasi abrazar, y lo que parecía hielo intratable terminó como un moñas deshecho suplicando agua y una barrita de cereales. 

Como cualquier historia, esta tiene su núcleo, su turning point y en esta el turning fue directo al tobillo del pobre Paco. Nunca un hueso roto dio tanto juego. En su cama en Nuuk se le ha debido caer el suero y el nolotil por la de veces que lo hemos nombrado. 

Paco, nuestro Cid, ganando batallas después de muerto en combate, subiendo al cielo en un helicóptero rojo para encontrarse con las enfermeras inuits (ya no quedaban walkirias) que le acogerán con el tippi que nosotros no supimos ofrecerle. 

Y toda historia tiene lo que pudo haber sido y no fue y ahí dejamos a Montse que se despidió a regañadientes. 

Y toda historia tiene su parte incomprensible y esa es la que relata Ricardo, hijo mío, que no se te entiende un carajo cuando hablas. 

Me preguntan los colegas, oye qué tal el viaje y no dudo en decir que lo mejor, el grupo. Lo que inicialmente se me antojó como una panda de niñatos (no se me ofendan pero es que es casi insultante eso de andar por los treinta el que llega) terminó cuajando en una cuadrilla de seres entrañables muy por encima de la media. 

Esto es lo que tiene la generación de instagram y Tinder, son un poco exhibicionistas pero gente que merece la pena. 

Entre las caminatas y la canoa ha habido tiempo para todo. Convivencia sin astillas. Mucha dosis de chocolate y wasa. 

Gente de nivel, formada y reformada. De criterio. Y con registros. Capaces de adaptarse a las inclemencias sin rozaduras ni ampollas. Grupo que suma y ha multiplicado las risas y carcajadas. Con gente así se puede brindar con poleo menta en cualquier momento. Seguro que la vida, que no es más que andar hacia adelante, nos encuentra en cualquier sendero. Prometo que entonces llevaré unas botas adecuadas. Gracias Sergio. 

PD. Por favor, dejad que sigan creyendo que existe la Aurora Boreal. Es bonito ver a la gente mirando el cielo. Bienaventurados aquellos que a estas alturas siguen creyendo. ( Esto no es mío, sino de mis monjitas).