NARANJAS

Lo peor del sexo es el zumo de naranjas. De las noches de sexo, me explico.
Y no me refiero al exprimidor, que nunca me ha gustado esa postura, sino al zumo de naranjas recién exprimido, al que se ha acostumbrado mi Chica, justo al despertar. Y es que no puede uno ir de romántico y detallista porque se carga con una hipoteca de cítricos para toda la vida.

Lo que comenzó como todas las historias, chico conoce chica, cenita con velas y vino y chica se folla al chico, me obligó agradecido a despertarla al día siguiente llevándole un zumo de naranjas a la cama. Gracias mi amor, me dijo y en sus ojos brillaron dos chispas de ilusión.

A la siguiente cita volvió a suceder, y poco a poco se convirtió en costumbre, aunque no tuviéramos sexo: dormir juntos significaba llevarle el zumo a la cama de mañana temprano. He llegado incluso a pensar que le gusta más el zumo que mi arte amatoria.

Recuerdo que una noche me sentía yo despistado, mientras ella se esforzaba en sacar lo mejor de mi, y me encontré pensando en que me había quedado sin naranjas. Entré en pánico.Te pasa algo, mi amor, me preguntó preocupada al notar mi ausencia. Nada, cariño, mentí y me apresuré a poner algo de mi parte.

Afortunadamente, me suelo despertar antes que ella y el chino de la tienda de enfrente me sacó del apuro. Naranjas de la china, le dije sonriendo a mi amorcito cuando abrió los ojos. Nunca lo entendió.

La cosa ha ido a más. Ya somos una pareja estable, dejamos de usar condón, hemos perdido algo de la pasión inicial pero seguimos, sigo, con la obligación impuesta del puto zumo. Maldita vitamina C.
Algún día tendré que decírselo, como tantas cosas.