Mis Deseos (2)

Aunque presumo de escéptico, me suelo esconder en el cinismo y practicar la boutade…Mi amor es para siempre pero suelo cambiar la pareja, deseo fervientemente ( ahí va otro de mis secretos) que alguien me diga aquello de… «he cruzado océanos de tiempo para encontrarte». Es lo único que recuerdo del Drácula de Coppola del 92. Ni tan siquiera con quién vi la película.

Por encima del lugar y del tiempo, intemporal, ubicuo, enamorado no temería a servir mi cuello a los colmillos del Conde, la Condesa, es decir.

Hoy febrero 14, San Valentín me lo paso en cama con una media gripe que no es gripe ni es nada, lo justo para joderte el día y recordarte, a mi que me creo tan grande y tan poderoso que una mierda de virus-, ¿se puede ser más pequeño que un virus?- te deja tirado, inservible, por los suelos. Solo, en la cama deshecha, con golpes de tos, miro por la ventana y adivino los océanos por cruzar. Quizás ya no queda tiempo. Y es que un hombre solo siempre está en mala compañía.

G.

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San Valentín (R.I.P.)

El primer San Valentín sin él. Lentamente la vuelta del calendario llegaba a febrero y de nuevo los recuerdos se le agolpaban atropellados. De un lado tantos momentos felices, de otro, sus últimos meses en constante vigilia. La quimioterapia había fracasado, la morfina apenas aliviaba los dolores y le proporcionaba un par de horas de descanso entre inyección e inyección. El final era inminente y como tal había sido aceptado. Siempre, junto a él, al lado derecho de la cama, ella lo reconfortaba con palabras suaves o con su silencio. Velaba su sueño delirante y amortiguaba su dolor con lo que se intuía una sonrisa y una caricia en su mano yerta. Aquellos últimos días reclinada sobre el lecho donde se apagaba el hombre de su vida, el único, su Andrés, quien le había dado tanto…..

De nuevo, y aunque no era aconsejable para su duelo, volvió a abrir el portátil donde él pasaba tantas horas. Entre los documentos, esta vez se percató de una carpeta titulada personal. Al principio no lo comprendió. En ella, cientos de fotos de Andrés, su Andrés junto a una mujer más joven, sonrisas, abrazos, algunos besos. Rodeados de quienes parecían amigos. Siempre se le veía reír. También muchas cartas, cientos de correos electrónicos cruzados con esa mujer. Se detuvo a leer algunos mientras se le helaba el aliento. Andrés escribía y parecía sincero, su matrimonio nació muerto, comentaba. Llevaba tiempo intentando la separación, quería que ella lo comprendiera, la situación era muy difícil, no deseaba hacerle daño a la madre de sus hijos. Le repetía TE QUIERO y TE QUIERO con letras mayúsculas y le dibujaba corazones como un adolescente. Andrés, su Andrés, le prometía que faltaba poco para que pudieran estar juntos y que muchas noches soñaba que su esposa ya estaba muerta y ellos serían felices, muy felices….

G.

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