DE CINE…BLUE JASMINE Y……QUIÉN MATÓ A BAMBI?

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Durante muchos años tuve la costumbre de ver los estrenos de Woody Allen el mismo viernes tarde que llegaban a la cartelera. En un par de ocasiones coincidí con don Alfonso Guerra, en una de ellas con su hijo. Después lo dejé (no soportaba a Mía Farrow) y lo retomé con el paso del tiempo, la Farrow olvidada.

Este viernes me encontré con Blue Jasmine, la cita anual del maestro. Quitando la cuestión del doblaje (insoportable e impresentable que no se pueda ver en VO en su primera semana en cartel) la peli no tiene historia pero es una perfecta descripción de un personaje. 

Me gusta Allen porque va al grano y en las primeras frases ya te ha presentado el asunto. No te engaña ni te entretiene. Aquí, nos encontramos con Cate Blanchett (estupenda, de Óscar) en el papel de mujer derrumbada. Su mundo se viene abajo cuando detienen a su rico marido por cuestiones financieras turbias. Como decía, no hay historia. No pasa nada. Es sólo la perfecta descripción del mundo exterior e interior de la protagonista sumida en sus contradicciones. No obstante, me gustaba más la Carmela de los Soprano.

Estupendos los secundarios si no hablaran como Pixie y Dixie. Esta vez la ciudad escogida es San Francisco, sin tópicos. Y perfecto el plan para empezar el viernesdefinde. Ahora al ConTenedor a cenar. Buenas perspectivas. Llega el frío. Hay que acurrucarse.

 

…………..

SÁBADO…. 

Hace unos meses tomaba una cerveza por Nervión y me topè con el rodaje. Un viejo alumno, que ejercía de tècnico, me aclaró que era la de Bambi, la peli que rodaba el Santi.

Buen plan de sábado tarde de este otoño que ya es de verdad. Se agradece que te hagan reír, o sonreír. Algunos lo hacen a carcajadas en este disparate de enredos con dos secuestrados confundidos y golpes tras golpes que me recordaban a las pelis de tartazos en la cara. Siempre hace reír una buena ostia!!

 

El reparto de moda encabezada por Quim  Gutiérrez que lleva la chaqueta y la corbata desanudada como nadie. Terminarà encasillado como Resines y otros grandes. Es divertido ir reconociendo las localizaciones de Sevilla en la peli. Buena nota para el Santi Amodeo que firma hasta la mùsica de la cinta. Estupendo el grupo coral destacando al abogado detenido. Muy bien el Alterio desencajado y un aplauso para el culo de la novia pija. Culazo!

 

Echamos una risas. Después a casa. Que la chimenea cumpla su función. 

MI NOVIA LA DEL SEX SHOP (2)

Nunca he sido padrino, ni de bodas, ni de bautizo ni de comuniones. Tampoco he ido a una despedida de solteros. ¿El motivo? No lo sé. No me lo han propuesto. Nunca me han invitado. Bueno, esto último cambió cuando el amigo de un amigo, conocedor de esta carencia mía, accedió a invitarme a la suya. Quería algo especial, era su tercer matrimonio y reunió a un grupo de allegados con el fin de festejar su nueva, y al parecer, definitiva atadura.

La tarde de un jueves se reunió el comité organizador (teníamos por delante un reto difícil) y se me nombró encargado de localizar y comprar todo el merchandising para la ocasión. Desconocedor del tema, pregunté a google el sitio más adecuado para las compras: Picardía (voy a tener suerte, me dijo el buscador)

Con cierto sonrojo y no falto de algo de vergüenza entré al establecimiento y allí estaba ella. Pelo corto a lo garzón, estilizada, un lunar sugerente en el labio superior y un tatuaje de una serpiente que le recorría un tríceps musculado y que se le escondía bajo la axila. En pocas palabras le expliqué qué buscaba, sin tenerlo del todo claro y ella, muy dispuesta, me pidió que la acompañara por las estanterías para aconsejarme. Su roce y su olor despertaron ciertas células que creía ha tiempo dormidas, quizás el ambiente hizo el resto, y allí entre grandes falos de látex, prótesis mamarias y artilugios varios me acerqué a ella con ganas de guerra apretando mi pantalón. Debió intuirlo y antes de que intentara un primer conato de ataque me miró fijamente, con esa mirada suya imposible de olvidar, y me disparó ¿un polvo?, que me dejó frío. Tengo que decir que su propuesta fue acompañada por un enérgico y convincente agarrón de mi entrepierna. Así, con su mano prieta y su aliento en mi cara, no pude, ni quise decir no. Sin tiempo a darme cuenta ya había colocado el cartel de vuelvo en quince minutos en la entrada, desabrochado mi bragueta y metido su lengua hasta mi esófago. No me voy a extender y lo diré sin rodeos: me folló como nunca antes me habían follado.

Salí aturdido pero contento. Ni que decir tiene que la despedida de solteros se me había olvidado. En una discreta bolsa morada me incluyó lo que ella llamaba juguetitos, su número de móvil apuntado en una tarjeta, y un llámame el martes, digamos que es mi día de descanso, como una orden que no me atrevería a desobedecer. Y así comenzó todo. Durante meses convertimos sus martes de asueto en la antesala de Sodoma y Gomorra. Quedábamos temprano, yo dejé de aparecer por la oficina con pretextos inexcusables, y en su apartamento nos dedicábamos a saciar nuestros deseos más íntimos. Tengo que decir que lo que empezó como días de gloria pronto se convirtió en un martirio. No tardó en descubrir mis incapacidades y reírse de mi poca maestría. Poco tardó en asumir el role de Ama Dominatrix y a subyugarme. Mi desconocimiento del material usado le provocaba la risa y me llamaba antiguo y abuelo de manera descarnada. Cada día me sorprendía con un nuevo juego. Le gustaba aparecer con un envoltorio sugerente para esconder la sorpresa y ver mi cara de estupor al encontrarme con el nuevo invento. Confieso que en muchas ocasiones dudaba de qué o cómo debía usarlo. Si era para mí o para ella y lo que es más duro aún, incluso por dónde. Mi limitada experiencia no iba más allá de las esposas para el cabecero de la cama o los preservativos de sabores. Sin embargo, ella me puso al día en la ropa interior comestible (sin gluten), el plumerito para las cosquillas, las vaselinas hipoalergénicas, los estimuladores prostáticos y todo un arsenal de gadgets que guarda bajo la cama en una caja y que en un cálculo muy por encima debe sobrepasar los cinco mil euros. En nuestros encuentros la dichosa cajita se ha convertido en indispensable y he llegado a temer la llegada del cartero a mi oficina, dirección que ella, desahogada, ha facilitado para que me lleguen las compras a las que tanta afición tiene. Yo me temo que la secretaria ha empezado a sospechar de tanto envío de remitente desconocido y cajas discretas sin rótulos exteriores.

Pero si lo de los artilugios puede tener un pase, ya lo de los disfraces está llegando a un límite insoportable. No contenta con la enfermerita cachonda y el doctor salido, pasó a los cuerpos de seguridad del estado y ahí me ves de poli, de guardia civil y hasta de segurata de parque comercial. Después vinieron los súper héroes (batman, superman y spiderman) y ahora está enganchada con el de carcelero corrupto y reclusa fogosa. Confieso que al principio me gustaba y tenía su ángel pero cuando me propuso salir a la calle disfrazado me tuve que negar. Y es que ahora le ha dado por la calle. Insiste en manifestarse públicamente en todo lugar, me monta números en el cine, museos y restaurantes. Dice que lo que más cachonda le pone es tocarme por debajo de la mesa y lo intenta siempre que el camarero acude. Hace unos días tuve que fingir que me atoraba y empecé a toser como un loco cuando, ni corta ni perezosa, se coló entre mis piernas bajo la mesa en un restaurante muy concurrido. Nos han echado de un par de salas de cine y nos han llegado a llamar la atención en varios servicios porque me persigue, entra detrás de mí y cierra con el pestillo. Reconozco que pierdo los nervios cuando comienza con su vamos a hacerlo aquí, vamos a hacerlo, vamos a hacerlo, cariño.

Ni que decir tiene que añoro mis días del misionero y ese sexo familiar y rutinario de mirar las cortinas y la pintura de la habitación y es que uno ya no está para tanta contorsión. Me parece que el dolor inguinal que me acompaña hace más de un mes tiene que ver con el maldito helicóptero y hace un par de semanas estuve a punto de desnucarme al tratar de cumplir otra de sus solicitudes.

La semana pasada dejó caer un inocente ¿no crees que nos aburrimos nosotros solos? ¿no crees, cariño, que deberíamos invitar a alguien más a unirse? Y añadió….sería divertido. Eso es lo peor. Cuando algo le parece divertido no hay marcha atrás. O freno esto o no tardará en que mi cama se pueble de desconocidos. Mi mayor pesadilla es encontrarme a un señor en calzoncillos junto a mi mesita de noche y un bigote en mi cogote.

Tengo que acabar con esta relación y no sé cómo hacerlo sin herirla. Aunque soy la envidia de mis colegas, la procesión va por dentro. He pensado fingir un traslado en la empresa. No sé, algo se me ocurrirá. Ahora sólo pienso en este próximo sábado. En nuestro aniversario y me ha amenazado con una sorpresa muy especial.  

MI NOVIA LA DEL BANCO…..

Pasé la noche en el calabozo de la comisaría. De mañana temprano un policía servicial me llevó a la oficina, ofreció una taza de café y me preguntó qué coño hacía yo metido con aquellos antisistemas que habían prendido fuego a la sucursal bancaria. No olvidó prometerme que si colaboraba todo quedaría en una multa y sin antecedentes. Me acercó un kleenex y entre lágrimas firmé esta declaración…

 

…La descubrí una mañana de sábado que aproveché para solicitar un nuevo talonario de cheques. Allí estaba, tras la mampara de cristal blindado, protegida.  Cuando me llegó el turno seguí embelesado los movimientos de sus dedos en el teclado, su manejo diestro de la caja, la firmeza al estampar el sello en el resguardo del reintegro y me sorprendió con su amable, desea alguna otra operación, señor. Titubeé y tartamudeando le pedí los últimos movimientos y la lista de transferencias periódicas de mis dos cuentas corrientes. Con presteza cumplimentó mi solicitud, aquí tiene, y tuve que urdir con rapidez una excusa para no marcharme y le pregunté por los productos de ahorro e inversión que el banco estaba ofreciendo a sus clientes en aquel momento. Con una sonrisa me indicó que lo mejor sería que me acercara el lunes, que ella no estaría en la ventanilla, y que con sumo gusto me asesoraría convenientemente.

 

Recuerdo que el fin de semana se me hizo eterno. Agitado y nervioso elaboré una lista de dudas para alargar la conversación que tendría lugar, repasé algunos diarios económicos para preparar las preguntas que le haría, al objeto no parecer un pardillo en temas financieros y sorprenderla con mi conocimiento del ibex, el mercado de futuros y los fondos de inversión. Sobre todo, me propuse que detectara en mí un perfil poco conservador y proclive a asumir riesgos en las inversiones de renta variable. Eso, sin duda, jugaría a mi favor y me ayudaría para el momento de proponerle una cita. A ellas les gustan los tipos aventureros y descarados, pensé.

 

En el momento de la verdad me vine abajo y no todo resultó como lo había planeado. Aquel fue un lunes negro para mi economía. De la sucursal salí con varios depósitos a plazo fijo, el seguro de la vivienda, del coche y el de una vespa vieja que tenía arrumbada desde el 75 con el motor gripado. Abrí cuentas infantiles a mis sobrinos y negocié las condiciones para un datafono TPV con el que facilitaría el pago de mis clientes (tuve que mentirle y le comenté que poseía varias tiendas de animales, lo primero que se me ocurrió). A cada una de mis firmas, con cada uno de los productos que me colocaba, ella acompañaba una sonrisa que me cautivaba. La veía feliz, se le notaba, y pensé que quizás no debería precipitarme y no me atreví a pedirle una cita.

 

Después del primero vinieron otros y cada lunes yo volvía al banco para sentarme frente a ella convencido de que ese sería el día en el que la invitaría al cine o a cenar y con la esperanza de que ella aceptaría. Y así se fraguó mi ruina. Al principio fueron los regalos en especie y allí estaba yo con el juego de sartenes, el edredón, la cubertería y un par de mantas zamoranas que sólo de verlas me da sarpullido. Siempre era un pequeño depósito y ella se encargaba, con la ayuda de mi docilidad, a moverme el dinero de un producto a otro. Un día me recomendó el seguro de deceso y otro me habló de algo muy interesante, sólo para ciertos clientes especiales, “preferentes”, o algo así, dijo. Yo me limitaba a firmar lo que me ponía por delante porque eso la hacía feliz y esperanzado de que algún día su corazón se abriría para mí. Y esperé y esperé sin atreverme a declararle mi amor.

 

Durante muchos meses me sentí afortunado. Al entrar al banco, ella dejaba lo que estuviera haciendo y me pedía que me sentara a su mesa. Siempre tenía algo que ofrecerme. Llegué a tener tres vehículos en renting y cuando me comentó las privilegiadas condiciones de la nueva hipoteca no dudé en solicitar dos, una para mi vivienda habitual y otra para la casa de la playa. A ella no le pareció extraño que me rehipotecara sin necesidad. Era tan profesional. Además convencí a mi madre para que solicitara otra hipoteca y avalé a mi empleada de hogar en la suya. Todo por ella. Todo por verla feliz.

 

Después vinieron las fusiones. Su banco fue absorbido por otro de mayor tamaño y llegaron los traslados. Casi me vuelvo loco. Ahora tenía que desplazarme hasta el pueblo dónde la destinaron y cada lunes hacía una pequeña peregrinación para encontrarme con ella. Ni que decir tiene que cambié todas mis cuentas y domiciliaciones a su nueva entidad porque estaba seguro de que valoraría mi fidelidad. Para entonces ella ya no me trataba de usted y aunque no había sido capaz ni de invitarla a un café, yo estaba seguro de que pronto llegaría el día soñado.

 

Pero el sueño tornó pesadilla y aquel lunes, cuando acudí a la sucursal, ella no estaba. Esperé pensando que habría salido a desayunar pero un compañero me comentó que todo había sucedido muy rápido, casi sin tiempo para avisar. Un ERE, una oferta de prejubilación anticipada, pocas horas para decidir y una buena oferta que le había puesto en la mano la cantidad necesaria para pasar unos años en alguna playa paradisíaca del Caribe. No había dejado dirección ni teléfono donde buscarla. Seguramente habría olvidado que yo vendría el lunes para verla. El compañero se ofreció a ayudarme, se lo agradecí y salí del banco con las piernas temblorosas. Cuando lancé el primer cóctel molotov contra la fachada de la central imaginé su cara risueña mientras yo firmaba con unas condiciones inmejorables y un Euribor tocando suelo. Lo demás, ya lo sabe usted, señor comisario…..

(Basado en una historia real y dedicado a todas la empleadas de banca en estos momentos duros que nos ha tocado vivir. Un beso sin intereses).

DE CINE….VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS …..Y…….PRISIONEROS.

Dosis de nostalgia con tópicos sesenteros de una España cerrada al mundo. Basada en la historia de un profe que decide ir a encontrarse con un John Lennon que viene a Almería a rodar una película, nos mete en una road movie algo melosa y dulzona para acompañar a un Javier Cámara, honesto, enamorado de su vocación docente y empeñado en abrir a la vida a sus alumnos a través de las canciones de los Beatles. En su viaje encuentra a una adolescente embarazada forzada a tomar decisiones impuestas y a un chico que se ha largado de casa de unos padres para encontrarse a sí mismo.

La historia es demasiado perfecta y de guión. Nada se puede decir malo de la película pero tampoco nada que destacar. Quizás el color de una época que empieza a iluminarse. Demasiada forzada la tesis para encajarla en el Strawberry Fields. Me quedo con un par de frases…»los profesores estamos tan acostumbrados a tratar con niños que nos cuesta entender el mundo de los adultos…» Me la aplico. 

Sorpresa encontrarme con Ramón Fonseré (El catalán) haciendo de él mismo. 

Le falta chispa y le sobra historia. Me cuesta pensar a qué público va dirigida. Todo huele a naftalina y cartón piedra. Al menos se agradece que no caiga en la típica de buenos y malos.

 

 

PRISIONEROS

Es uno de esos descubrimientos que se agradecen. Thriller inquietante que te mantiene, sin demasiados sobresaltos, pegado al sillón durante las casi dos horas y media que te regalan por siete euros (personalmente le quitaría 20 minutos).

Película fría ambientada en un pequeño pueblo canadiense donde es más difícil encontrar la luz del sol que a las niñas desaparecidas. Desasosegante lluvia que marca la búsqueda y gélidos parajes que explican la falta de empatía del vecindario.

Pesadilla entendible para todos aquellos padres y madres que acudan a la sala. Buena interpretación del Lobezno Hugh Jackman, quizás un poco sobreactuado, y muy bueno el poli Jack Gyllenhaal.

Especialmente meritorio el casting que ha dado con esos dos malos malísimos. Triste ver la madurez de esa chica que en tiempos fue de mis favoritas (Melissa Leo).

La pregunta….¿hasta dónde llegarías por encontrar a tus hijos? O quizás, desde el otro punto de vista, ¿hasta dónde llegarías por vengar su pérdida? Image