LA VENTANITA DEL AMOR

Los que me sufren hace tiempo saben de mis manías, ventoleras y novelerías. A veces, muchas, pienso que el señor erró en su reparto de voluntades y raciocinio y sólo me otorgó un apéndice atrofiado de capricho. Y por él me muevo a favor y en contra del viento. Y así me va.

A principios de los noventa cayó por Sevilla un tipo que pregonaba como un charlatán las maravillas de los bailes de salón. Tras el reclamo de un anuncio en el Giraldillo nos congregamos un grupo, no más de veinte, de curiosos (2) y curiosas (el resto) para escuchar las bondades de la actividad. Yo por entonces andaba de paralítico sentado en mi silla de director y tragándome tochos de derecho administrativo y vi en el baile la oportunidad de evitar el síndrome del turista y que me explotaran las varices a base de horas de estudio, que yo quería ser registrador y terminaría flebítico arrastrando los miembros y desencajada la cara por algún ictus.

En fin, que me apunté a las primeras clases de bailes que se dieron en la ciudad y que poco a poco, más bien a ritmo agigantado, me convertí en un avezado estudiantillo de merengue, salsa y ritmos latinos a la vez que dominaba con elegancia algunos pasos de swing, y vals. Tengo que reconocer que con el pasodoble lo bordaba. Fueron cinco años, no más, de disloque bailongo. Lo que empezó como una terapia se convirtió en una secta que bailaba día y noche, pasaba los fines de semana de pista en pista y aquel grupito inicial que quedó resumido en seis o siete nos convertimos en los alumnos aventajados que rápidamente fuimos llamados por unos y otros para propagar la fiebre del sábado noche merengoso que se propagó por Sevilla. Y fue así como de aquella noche de miércoles de otoño en la que descubrí la diferencia entre cintura y caderas (todavía recuerdo al profesor señalando la diferencia y ayudándome a articular la pelvis) al lustro siguiente me lo pasé volando por los acordes del chachachá y los sudores del mambo.

Una noche de corridos conocí a una chica pizpireta que me sacó a la pista a bailar el merengue la ventanita de mi amor (…desde que me dejaste, la ventanita del amor se me cerró…desde que me dejaste, las azucenas han perdido su color….) y entre pisotones y movimientos espásticos (la pobre estaba poco dotada pero tenía una voluntad de acero) le declaré mi amor eterno que duró poco más que el éxito de la canción del verano. Durante un tiempo, siempre que sonaba aquella canción la memoria me traía a la cabeza su recuerdo. Estoy seguro que ya ha aprendido mucho más de lo que yo le pude enseñar.

 

Pasado los años esa ventanita se ha vuelto a abrir. Y no lo digo metafóricamente. Os voy a contar (lo he hecho ya a algunos y sin encontrar explicación). Mi novia vive en un piso, un quinto, orientado al suroeste, podemos decir que rectangular y cuya ventana del dormitorio principal, donde cohabitamos, es todo un misterio para mí. Seguro que estamos de acuerdo en que este verano está siendo especialmente caluroso. Bien pues por esa ventana entra una corriente de aire, frío, imposible de explicar y que mueve la lámpara y los colgantes del armario y que provoca que más de una de estas noches toledanas, fogosas, imposibles, tengamos que recurrir a una sábana para cubrirnos. Te lo crees? No le encuentro explicación pero ando con la sonrisa puesta cuando alguno me habla de la noche que ha pasado. Esto parece un misterio inexplicable y más cuando compruebas que en la calle no se mueve la hoja de un árbol mientras que por esa auténtica ventanita del amor la corriente fresca te alegra la noche. En fin, que por estas y otras razones, que no vienen al caso, he pensado que el mejor lugar para pasar este verano infernal es el dormitorio de mi novia y no quiero salir de allí. A ella le doy otras mil razones y excusas pero la verdad, la verdad, es que la ventanita ha vuelto a abrirse y es que el frío conserva, el calor destruye. Lo siento amigos pero por razones que entenderéis no os voy a invitar a pasar la noche conmigo. Arded en el infierno.

1 comentario
  1. Ana Dice:

    K maravilla de ventana no? Pues k conste k hay muchas de esas maravillosas ventanas por le mi madre tiene una de ellas!! :-))

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