4 de mayo, mi cumpleaños.
Hoy es mi cumpleaños. 56, ni más ni menos. Espero que nadie diga tonterías del tipo, pero no lo aparentas o los cincuenta actuales son los antiguos treinta. 56, toma ya! Esto es, más cerca de los sesenta que de los cincuenta, de ser una persona mayor (a pesar de mi disfraz de niñato). 56 castañas y es lunes. También lo era el día que nací. Me gusta la idea de empezar la semana de manera diferente. Y como es mi cumple y puedo pedir un regalo, sin necesidad de soplar velas, voy a hacerlo, ahí va: que me digáis feliz cumpleaños, que me digáis que me queréis y que lo digáis de verdad (son tres).
Por mi parte os diré que estoy encantado con la vida que me ha tocado vivir y la que me procuro día a día y además os voy a revelar mi (s) secreto (s): reírme de mi mismo, no tomarme en serio. Cuestionarme, dar mi opinión sabiendo que no es la verdad sino sólo mi opinión. No ahorrar ni tener deudas. Ser curioso y tener cada día ganas de aprender, ver el lado estupendo de las personas que tengo al lado, acostarme con quien quiero y despertarme sonriendo, nunca tener un enfado de más de veinticuatro horas, acordarme sólo de lo que me da la gana y rodearme de gente mejor que yo. Por supuesto, nunca voy a sacar del error a quien opina lo contrario.
He aprendido mucho, tiempo he tenido, pero tengo capacidad para olvidar lo que no me hace bien y sé que no existe la felicidad sino ser feliz día a día. Soy apasionado y compulsivo, me como mis nuncas y mis jamases. Pagaría por rutear con mi bicicleta por los campos en primavera y no cambiaría una cerveza ni unas risas por nada. He aprendido a no echar de menos y a valorar el momento. Sé que somos instantes y cada uno es único. Sé que todos tenéis algo que enseñarme y valoro que algunos me escuchen. Me derrito con un abrazo de mis hijas y me enamoro como un tonto una y otra vez. Aún no he comprendido por qué soy del Sevilla y ya renuncié a entender los principios de la física cuántica. Estoy rodeado de gente estupenda, unos amigos increíbles y un hermano que me enseña todos los días.
He aprendido a escuchar mi cuerpo cuando se queja, a vivir con mis miedos y estoy convencido de que sólo merece la pena lo que se comparte. He perdonado y me he perdonado. Estoy cada vez más dispuesto a entender al que tengo enfrente. Me esfuerzo cada día por decir lo que pienso y cada vez más procuro no herir al decirlo. Me he acostumbrado a mis ups and downs. Tengo proyectos e ilusiones, tengo gente a la que decir buenos días y me esfuerzo por escuchar cada vez más. Busco el equilibrio entre mis silencios y mis palabras. No creo que me falte tiempo y aborrezco el lamento. Vivo sin parar de acá para allá y creo saber dónde estoy. He aprendido a contar hasta tres antes de actuar. Evito reaccionar. Hoy cumplo 56 años, me encantan mis pamplinas y me quiero. Me ha costado pero vale la pena. Felicidades a todos.

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