MUJERES DE MI VIDA (15) En construcción…

ERRE.

 

Apareció hace veinte años, fresca, nueva, montaba en Vespa y presumía de un novio maravilloso. Me pilló en soltería y me dejó pillado. Durante unos meses soñé que esa era la mujer que quería a mi lado. Idiota y con miedos, no me atreví a decírselo. Se fue.

 

Hace un par de años volvió. Divorciada del cabrón de su novio fantástico, espléndida, a lomos de una Harley, despojada de cualquier resto de inmadurez adolescente, hablándote a la cara, golfa e imperfecta, una sonrisa por la que mataría y ese toque canalla y hortera de niña más que bien. Le confesé que había bebido los vientos por ella y me sorprendió diciéndome que ella había sentido lo mismo y que durante esas dos décadas no había dejado de pensar en  mí. Sólo un idiota como yo puede tragarse algo así pero me gustó creer que me decía la verdad. Las casualidades no existen, me dije y, al parecer, dios me estaba dando una segunda oportunidad. Nada parecía impedir que esta vez sí, salvo que ahora andaba enredada con otro novio maravilloso, uno de esos hombres buenos, que tanto la había ayudado tras su fracaso matrimonial y a quien por ello le concedería amor eterno. Sólo un idiota como yo pudo creerse que largar a ese novio sería cuestión de días; días que pasamos jugando a cara o cruz, tú o él, y que, aunque me mantuvo en la posición ventajosa de no ser el cornudo y disfrutar del práctico reparto, laborables para ti, fines de semana para el otro, y del cómodo nada te pido, nada te doy, terminó por tocarme los cojones, y es que nunca he aceptado de buen grado ser el segundo.

 

Sólo un idiota como yo pudo creerse que cuando tuve los huevos suficientes para decirle, mira rubia, que no quiero ser tu amante, lo iba a mantener para siempre. Acostumbrado a comerme mis nuncas, a veces me pillo pensando que puedo esperar otros veinte años. Aunque me torturen siempre diré que es ficción, todo ficción. Idiota.

DE CINE

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THE TRIP

 

Salgo de la peli desmontando conceptos. Si una comedia es para divertirse, reír, quizás sonreír, ésta no lo logra. Si una road movie es un pretexto para viajar hacia dentro y hacia fuera, ésta me enseña el norte de Inglaterra pero se adentra poco en los personajes. No obstante, me gustó. Los protagonistas brillan. Un actor de segunda fila en la crisis de los cuarenta es fichado por un periódico para hacer una crítica gastronómica (me apunto L’ enclume en Cartmel para mi próxima visita). Como anda disgustado con su novia de esa semana pues se acuerda de un amiguete y le invita para no ir solo. Triste. Ambos se pasan la cinta entre diálogos chispeantes con un humor ácido y miles de referencias a los actores y cómicos británicos. La cinta es plana y sosa. Los paisajes de los Moors no ayudan para elevar el ánimo. Demasiado metraje para decirnos que el actor está vacío. Esta peli es de 2010 y no comprendo por qué se estrena ahora. Imprescindible la versión original.

 

 

 

 

 

PA BAJARSE

 

UN LUGAR DONDE REFUGIARSE

 

Pastelón de dos horas que no se salva ni por el pintoresco Southport en Carolina del Norte. Una rubia monísima que me recuerda a Meg Ryan (ya quisiera tener su sonrisa!) se refugia en la localidad huyendo de una pasado turbio. Los diez minutos finales mezclan con poco acierto el Sexto Sentido y Mi vida sin Mí (ya quisiera también). 

 

LA CAZA

 

Esto se ha estrenado aquí porque estuvo  en el Festival de Sevilla que si no….. Y lo del Mejor Actor en Cannes también es para mirárselo, vaya!

Será porque los nórdicos son tan fríos que no hay un segundo de emoción en este drama. Al protagonista le cae un marrón del quince pero el tío parece inmutable y se pasa las dos horas que no sabes si lucha o se rinde. La única excusa posible es que el espectador conoce la historia y sabe lo que ha pasado, la única sorpresa debe llegar con el final, pero ni eso. 

 

MUJERES DE MI VIDA (14) En construcción…

A la luz de estos nuevos tiempos podría entenderse como una incursión en un mercado global, incluso como un entendimiento entre diferentes culturas. Entonces sólo fue un ligue de estudiante. Yo buscaba un hueco, ella divertirse. Ambos aprendimos.

Años de facultad. Las americanas (ellos no me interesaban) llegaban en dos grupos, enero y julio, y era mucho más fácil enganchar con las primeras, que aterrizaban directamente en la universidad, que con el grupo estival que campeaba por la ciudad en verano y que ya en septiembre, sabían demasiado para dejarse embaucar.

 

Así llegó Julie, desde Cleveland, Ohio, ese estado decisivo del medio oeste en la región de los grandes lagos, con sus chanclas, botella de agua a todas horas (probablemente advertida de nunca tomar agua del grifo en el tercer mundo) y una bolsa con dos melocotones.

 

Al contrario que el resto, ella no disfrutaba de las caderas generosas y alegres pechos de nodrizas de sus compañeras, más bien de tipo parisino, desgarbado, canija y huesuda. Jovial, divertida, inteligente y curiosa, supo olvidarse rápidamente del diccionario y el cuaderno de notas donde iba reflejando las costumbres de estos indígenas para adentrarse conmigo en esa otra Sevilla de finales de los setenta que empezaba a abrirse al mundo y a intentar perder el olor a naftalina rancia. En los paseos por el Arenal y la Triana de siempre aprendimos que a veces no se necesitan los idiomas para tener grandes encuentros. En la corta de Chapina perdimos las vergüenzas y encontramos más similitudes de las que podríamos haber imaginado a primera vista. Entre juegos de palabras, nuestras manos supieron jugar su papel y junto a mis torpes acometidas, Julie me enseñó lo que años más tarde President Clinton no consideraba una relación sexual. Bendita sea.

 

Práctica, resolutiva, eficaz, directa, nunca me dejaba que le quitara la ropa (Mum taught me how to do this, bromeaba) e imponía su ritmo ejecutivo a nuestras tardes y fines de semana. De inmediato dejé de ser el cicerone que debía mostrarle el nuevo mundo al que venía por seis meses para dejarme llevar atónito por las infinitas historias sobre su país. Además, me aventajaba en el número de viajes que había hecho y me asombraba con narraciones detalladas de sus andanzas por media Europa. Creo que despertó en mí ese afán por volar lejos y aventó ese desaliento que siento por el espíritu cateto de esta ciudad que se cree el ombligo del mundo y jura que tiene un color especial. Cuando se fue, no recuerdo si de vuelta a su Ohio natal o a recorrer Sudamérica, me dejó sumido en un asco de olor a este pueblo cutre y campesino. Las novias posteriores me aburrían sobremanera y a más de una la largué en cuanto empezó a contarme historias de la feria, el traje de flamenca y la procesión de su barrio. Además, ninguna era tan virtuosa con la lengua como J.

DE CINE

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EL GRAN GATSBY

 

Lo peor que le puede pasar a una tragedia es que la gente salga riendo del cine. Y algo así es lo me sucedió con J. Gatsby. Sábado, 18 horas, y muchos de los que no andaban de comuniones pagaron los siete euros del tirón caché de Leonardo di Caprio (la primera vez que lo vi dije este va de niñato guapo pero creo que tiene madera de actorazo). En fin, sala con casi tres cuartos de entrada que hoy en día es un éxito. A ver cómo responde el boca oreja.

 

A lo que iba, la historia de Fitzgerald (nunca logré terminarla entera, ni en la facultad ni años después) se supone una tragedia, un amor imposible que puede tener su oportunidad años después y para ello J. Gatsby recurre a una vida de artificio y lujo desbordante que atraiga para sí a la que en su día no pudo conseguir por falta de monetario. Pues algo falla porque la peli no provoca emoción alguna, es plana. El chico lo intenta pero todo parece burla, la chica es lineal y siempre anda entre la cara de estreñida y la de feliz, feliz en tu día. El resto, caricaturas.

 

Pero si el fondo es vacuo, la forma es magnífica, apabullante. Aquí, el director, Luhrmann (no sé si la h va delante o detrás de la r) deja su huella. El color, el derroche, la coreografía, el espectáculo, la luz, la música (para mí, brillante uso del hip hop como sucedáneo del jazz) merece la pena y doy por bien pagados los euros. Si el mozo me sorprendió en Romeo+Julieta (allí descubrí a la Claire Daines de Homeland) y me gustó en Moulin Rouge, aquí me complace en su obra. Lástima que la cáscara no impregne el fruto y por ningún lado aparece el drama de la obra. En la sala, cuchicheos y risas, incluso en los momentos más duros. Al final, una va y dice….este muchacho se está encasillando, ya le he visto ahogado un par de veces.

 

 

 

En las tres últimas semanas he pasado poco por taquilla…….

 

Inicio un nuevo POST, que voy a llamar PA BAJARSE (todo que aquello que no da para tarde en cine pero es carne de torrent y pirateo….)

 

CARMINA O REVIENTA. Muy bien, cortita de metraje, y buena relación calidad precio. El trabajo de la familia León más que digno. Quizás demasiado sevillana pero me gustó. Además me trajo buenos recuerdos de la tortilla de hierbabuena y puntas de solomillos de la venta Calixto.  

 

EFECTOS SECUNDARIOS. Un thriller de mediodía y sofá en el que se mezcla con poco acierto la industria farmacéutica y una jugarreta que la hacen al guapo de Jude Law, psiquiatra. La trama no está mal, el desenlace hace aguas.

 

TIERRA PROMETIDA. Me encantan los americanos haciendo películas de autocrítica y este muchacho, Matt Damon, tiene pinta de listo e intelectual (en los USA, intelectual es aquel que lee libros sin dibujos). Compañía de gas que llega a un pueblito de esos maravillosos de la América profunda a convencer al personal de que cambien su medio ambiente por un buen cheque. Desde el principio está muy claro quiénes son los buenos y los malos. El giro final muy bien calculado. Todo un placer la Frances McDermont.