ERRORES, MENTIRAS Y ESTADÍSTICAS.
Me gusta la moto. Monto desde los veintipocos, cuando mi padre no pudo oponerse más. Me gusta su plasticidad, sentirte flotar en el aire y me gusta creerme que piloto en vez de conducir. La moto ha condicionado mi forma de vestir y la moto ha moldeado mi carácter, acelerado más que rápido, inquieto, curioso. Me ha enseñado a no hablar con el acompañante (una novia me regaló un intercomunicador para el casco y la dejé). Valoro más el viaje que el destino y me va pone eso que llaman equilibrio dinámico.
Pero el verdadero morbo está en que la moto no te permite un error. Puedes ser el conductor más precavido o diestro, experto o audaz. Un error y estás muerto. Es así. Y gusta jugar a que nunca te vas a equivocar. Error.
Juan Carlos ha abdicado. Deja el negocio a su hijo, como cualquier buen padre. No opino de la monarquía como sistema político por dos motivos: uno porque es indefendible, otro porque es domingo y los domingos son para tonterías. El ciudadano Juan Carlos ha hecho bien su trabajo. Hasta los más feroces antimonárquicos lo reconocen. En su vida laboral destacan grandes logros y se ha valorado su saber estar. Todo esto lo dicen las estadísticas. No obstante, quizás pase a la historia por el elefante, el yerno y los cuernos a Sofía. Errores. El niño ya no necesita equivocarse, trae de fábrica los errores de serie de su padre.
Si gogleas Zidane te aparecerá el cabezazo a Materazzi en su despedida. De Michel tendrás una foto tocándole los huevos a Valderrama. De Butragueño aquella instantánea con la polla suelta por el calzón y de Cardeñosa el gol fallado ante Brasil. Errores. ¿Qué más da una magnífica trayectoria deportiva, un toque exquisito con la derecha, un detener el tiempo parándose en el área? Todo esto queda en nada ante el error. ¿Qué le vamos a hacer? Son nuestras raíces cristianas. El santo más santo del mundo irá al infierno si, al pobre hombre, después de toda una vida de entrega, sacrificios y bondad se le ocurre tocársela la noche antes de su muerte. Un error y te jodes la vida eterna.
He vuelto de vacaciones. Una semana noruega. De estos países tan ordenados poco se puede decir. Terminas abrumado por la puntualidad, la limpieza y el buen funcionamiento de los servicios públicos. A mi edad ya las noruegas no me parecen tan espléndidas y deseadas y, la verdad, es que son un poco vacas frisonas. Los noruegos presumen de ser caros, muy caros, el país más caro del mundo, que es algo tan tonto de lo que presumir como cuando los béticos del universo se vanagloriaban de todo el dinero que tenía Lopera, “pa’ tostá una vaca”, decían.
Recordaré que pagué ocho euros por una Heineken y el poco entusiasmo de los locutores de la Norge TV2 retransmitiendo el Brasil / Alemania. Cosas del círculo polar.
Dice mi chica que dije “teniendo en cuenta que no me gusta el mar ni caminar, el viaje no ha estado mal”. Hubo errores pero en términos estadísticos el viaje fue todo un éxito: 7 días muy bien y uno de puta pena. La media que sale es altísima. Error. Error estadístico. Si yo me como un pollo y tú no comes nada, la estadística dirá que nos hemos comido el pollo a medias. Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas. Cada uno tiene su versión pero a mí no me quita nadie de la cabeza que la equivocada fue ella.
En Oslo se entrega el Premio Nobel de la Paz. Mahatma Gandhi nunca fue premiado. Barack Obama sí. Error. Mentira. En Stavanger se peregrina al púlpito, una imponente roca que se alza majestuosa sobre el fiordo a 600 metros. Como no tienen santo al que abrazar cuando termina la peregrinación, los más frikis o desesperados se tiran al abismo. Quién sabe si en busca de las walkirias. Al menos les queda el Youtube para que su gilipollez no pase desapercibida por las generaciones venideras. En Bergen se come salmón. Salmón salvaje, dicen. Mentira. También ballena. Este mes duplicaré la cuota a GreenPeace para que me perdonen. Una malagueña charlatana anima a los turistas a probar las delicatesen. Va de coleguita. Mentira.
En estas y otras consideraciones me andaba cuando una amiga me apunta unos trazos de lo que califica como vacaciones surrealistas. Me vuelvo, dice. Volver es positivo, la animo, no dejes de sonreír. Voy en moto y la cabeza me va ordenando un relato sobre mujeres que viajan (unas hacia dentro, otras hacia fuera. A unas les pesa el pasado, a otras el futuro. Otra no quiere pensarlo y luce orgullosa el pedrusco de diamantes que la ata). Error. Volver es positivo, me compro la idea.

Creer que el otro es el que se equivoca, error.Pensar que todos los hombres tienen un lado femenino, mentira.El 73% de los españoles hace el amor como mínimo una vez a la semana, estadística.
Vaya para todo lo k te da un domingo de tonterías grabielito. Menos mal k ya es lunes