Crónicas del revés (3)

Españoles, ole ole, por el mundo mundial.

Lo mejor de viajar en nùmero de tres es que cualquier discrepancia se resuelve con la democràtica solución del voto: dos ganan, uno se jode. Lo peor de viajar de tres, si dos son tus hijas, es que ese uno siempre eres tù.

Este axioma tiene especial relevancia a la hora de elegir dónde comer. Cierto es que la calle principal de un pueblo de 200 habitantes, por muy principal que sea, no da para mucho. Si obviamos el chino (Clau), el resto de oriente (María), yo, sin voto ni derecho de veto, me veía abocado a los hidratos de la pasta y las pizzas o al socorrido bocata de atùn en la furgo, cuando de pronto, al doblar la esquina me pareció reconocer un nombre familiar que me salvó en el ùltimo segundo. Suspiré aliviado

Eso es lo que tienen las cadenas de franquicias multinacionales. Ya sabes qué te vas a encontrar. No esperes cambios en el sabor pero lo que no me esperaba al entrar en Nando’s, exitosa cadena de Pollo piri piri Portuguesa (algùn dìa contaré como la conocì en mi último viaje a Londres) era encontrarme con una chica de Talavera, muy simpática, eso sI, que hablaba y hablaba como si fuera el ùltimo dìa de su vida. Fue escuchar mi acento español en el mostrador al ordenar la comida y erupcionar como un volcán de esta parte de la tierra y soltarme un hola que soy española que mi novio ingeniero que allí no hay trabajo que nos vinimos que nos han dado la nacionalidad que mi madre me echa de menos que él está todo el día trabajando que yo sin estudios echo unas horas en la cocina con los pollos que somos pareja hace once años pero no estamos casados qué alegría encontrarme unos paisanos que dónde os alojàis que dicen que la isla sur es màs bonita que perdona que os dejo que se os enfría el pollo que para lo que os haga falta que si no nos ayudamos nosotros quién lo va a hacer pero que mira que es guapa la pequeña que nosotros todavía no andamos buscando niño pero a él ya le gustaria pero yo digo que nos demos unos años para disfrutar que somos jóvenes que hace unos días pasó por aquí un chico de Granada pero comed comed que se os enfría y a ver si nos vemos otro día que pena que os marchàis hoy que he hecho en casa una tarta muy rica con una receta de mi tía Gracita hermana de mi padre que la podíais probar pero vamos anda comed que frìo se queda muy tieso el pollo…..

No. No se ahogó. Era habilidosa y sabía hablar y respirar al mismo tiempo. Dios, que làstima del pobre novio ingeniero, cuando ese chaval llegue a su casa después de 12 horas currando para la empresa de aguas.

Aceleramos la comida y nos fuimos antes de que nos recomendara un postre.

Recordé entonces aquellos viajes en coche con mis padres a Barcelona y lo contento que nos poníamos todos al encontranos con algùn otro vehIculo con la matrícula SE por la carretera de Despeñaperros arriba. Mi padre tocaba el claxon y el resto bajaba la ventanilla para saludar en el adelantamiento al vecino que respondìa a golpe de claxon.

Ahora la matrícula provincial ha desaparecido y también han desaparecido las pegatinas en el auto, aquellas de Soy de Sevilla, casi na. Y las de Curro y la Expo han pasado a la historia y ya no hay pista que nos avise de vecino cerca. No obstante, se produce una cierta alarma inconsciente cuando escuchas tu acento o tu idioma, cuando reconoces tu tribu y esto, cuanto más lejos estàs, mayor intensidad tiene. Si en Londres te cansas de españoles, aquí en NZ casi te alegra la sorpresa de encontrarte con otros que han tenido la misma loca idea que tù.

A la mañana siguiente estamos organizando los preparativos de la ruta y una voz a nuestra espalda nos sorprende. De nuevo el ritual del santo y seña españoles da pie a abrir una conversación amigable con ese desconocido que comparte contigo el principio de territorialidad y que se siente orgulloso de pertenecer a la misma tribu. Casi llegamos al abrazo. Es un chico alto, habla relajado, tiene en la cara un algo de alelado y una mirada dulce. SonrIe suave y nos dice que llegó hace dos años a hacer un doctorado y que està pensando en quedarse. Se le escapa un deje de tristeza y melancolia. Camina a nuestro lado con un aleteo infantil. Cuenta las bondades de este pais en el que se siente acogido y de su relato se intuye que quizàs encontró en esta tierra media la llave para salir de ese armario que en su pequeño pueblo manchego estaba atascado. No quiere volver quizàs porque cree que tendrIa que explicar tanto y a tantos que no le compensa el esfuerzo. Echa de menos a su madre pero algo en su mirada delata que no quiere enfrentarse a una charla con su padre. Nos decimos adios con cariño y le dejamos andando feliz y cogiendo flores.

La excursión de hoy patea una zona geotermal. Huele a demonios y el azufre se te pega a la piel. La tierra hierve y se reconoce viva, ebulle el lodo, humean las fumarolas y el geyser saluda lanzando un chorro alto a los turistas que aplauden con los flashes. El agua es una paleta de colores.

Del relato de la guIa me quedo con un detalle que me sorprende. Allí en el cràter donde se adivina el peligro de la zona inhòspita y empieza a faltar el oxígeno, el estornino busca los agujeros donde poner los huevos y que el calor de la tierra los incumbe. Me gustó esa extraña solidaridad del reino mineral y animal. La vida siempre se abre camino.

Seguimos rumbo sur.

PD. La gallina negra de patas gruesas y recias se llama Pukeko y hay miles. Kiwi no hemos visto aùn. Parece que quedan pocos. Tampoco Orcos.

2 comentarios
  1. Encarna Dice:

    Lo de tus mujeres aburrido por obvio pero la crónica de NZ la sigo con interés. Será por mi espíritu viajero y curioso (más bien cotilla) que siempre me ha caracterizado.
    Un beso y good tryp

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *