MAÑANA DE DOMINGO
Me levanto y la contractura sigue en su sitio. La misma rutina del desayuno pero hoy una hora más tarde. Tengo vuelo y voy de camino repasando las performances de despegue. Se nota que es domingo y el aeródromo vibra con un grupo que prepara la excursión del día.
¿La clase, mal? No. Como el culo. O como dicen ahora, mal no. Lo siguiente. Eché de menos a mi madre. De haber estado, se hubiera preguntado pero por qué le mueven la pista a mi niño. El instructor lo explica con otros términos pero sólo por simple cuestión del viento hoy variamos el sentido del despegue y el aterrizaje. Esta simpleza me ha vuelto del revés. Espero que nadie haya grabado las distintas tomas. Penoso. Me acordé de Mafalda. En una de sus viñetas se quejaba de que una vez que se sabía todas las respuestas le habían cambiado las preguntas. Algo así me ha pasado a mí.
Vuelvo dándole vueltas a la cabeza, intentando entender qué ha pasado. Si alguien controla las distintas variantes y carreteras que se entrecruzan entre Brenes, La Rinconada, San José y Alcalá del Río, que lo diga. Empiezo a dar vueltas hasta que termino sin saber cómo en la súper norte, donde uno acaba de darse una buena ostia y el tráfico está retenido. Los curiosos sacan las cabezas al morbo y un ajetreo de sirenas rompe la mañana. Mientras espero, empieza a brotar en la cabeza un relato sobre un pobre poli miope que cree que le han secuestrado la vida y es incapaz de ver a la chica que tiene delante y viene a rescatarle. Ya tengo nombre.
Voy con prisas y tengo a todos los semáforos en contra. No me quiero perder la clase de spinning y llego por los pelos. La monitora debe haber dejado el ritmo en el guardarropa de la discoteca ayer sábado o en el asiento trasero del Seat León de su novio porque viene sin compás e intenta remediarlo a base de decibelios. Además trata de animar al personal con gritos de vamos tropa y compis. Lamentable. Termino con la sensación de sólo haber entrenado el tímpano. La dejo terminar y marcho rápido sin estiramientos. Dios la bendiga con otros dones.
Decido que me voy a permitir unos espaguetis aglio olio pero compruebo desolado que me he quedado sin aglio. En fin, apuesto por los valores refugios: sardinas, buen tinto y Nestlé con almendras y de fondo Rock FM. Miro al jardín y la última lluvia de otoño me ha traído cuatro rosas. Recuerdo cuando bebía bourbon. Esta mañana me saludaron al despertar y probablemente esta tarde me abracen. Además, la chica que cruzó por el paso de cebras frente a Santa Justa era una monería y yo no era el del accidente. Respiro hondo y doy las gracias con las mismas fuerzas que debe hacerlo Tito Vilanova por tener a Messi en su equipo. Los viejos rockeros también deben morir, pero felices. Y toda la tarde por delante para aceptarse a uno mismo.

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