DE CINE.

MAMÁ, con tilde.

Peli de susto, sesión de las 8, domingo tarde. A rebosar. Se ve que ha funcionado el pre marketing. La peña con ganas de apretujarse. Por 7 euros, qué más se puede pedir. Se escucha el rumiar de palomitas.

¿Qué hago aquí? La niñatilla me arrastró. Sí, la de amanecer. Ya que no tenemos vampiros, me lleva de fantasmas (espero que no fuera una alusión directa). La amenazo con meterle una coreana subtitulada a la primera de cambio.

Comentario ideológico: como padre ya estoy un poco harto del tópico “madre no hay más que una” y lo mismo da que sea un fantasma o una pelusa gritona. La moraleja es que una madre es una madre y morirá (y vivirá aún muerta) por sus pequeños. Pues bien, a ésta que la feliciten el primer domingo de mayo, le regalen una tarifa plana en Depílate y un curso de modales y protocolos, porque la tía es una bestia parda que se sube por las paredes, literal.

El guión.

Un padre ha hecho algo malo muy malo y huye con sus dos pequeñas con la intención de quitarse de en medio (y quitarlas). En esto que se da una piña con el coche, es lo que tiene correr por carreteras nevadas, y terminan en una casa del bosque canadiense (me acordé del argentino que se mudó a Toronto y se acordaba de la nieve, la puta nieve). En el momento que el nota quiere darle boleto a las niñas, aparece un espíritu que le hace el cuello y las patillas. RIP.

La historia sigue  5 años después, que es cuando el hermano del muchacho y su novia, Anabel, rockera monísima, siguen buscando a las niñas desaparecidas. Y las encuentran. Al parecer, han sobrevivido en la casa, a base de comer cerezas. Se las llevan con ellos y estas pequeñas salvajes empiezan a adaptarse a la vida pero aparece, mejor dicho, no aparece sino que se intuye, un espíritu que es el que ha estado cuidando a las criaturas en su estancia en el bosque.

Las niñas son para darles de comer aparte, sobre todo a Lili, la de tres años, porque Victoria, la mayor es más modosita, pero la chica es un bicho. Pues lo dicho, la historia va del espíritu de MAMÁ que vuelve. El muchacho no se entera de nada, o está fuera de plano, o de escena, o le dan una paliza y se pasa medio film en el hospital, el tema es que no se entera de nada y es la novia (monísima rockera, Anabel, a la que no gustan los niños) la que se come el marrón de cuidar a las bestias.

¿Y eso del espíritu de dónde viene? Pues un fantasma de una loca de mil ochocientos y pico que se escapó de un manicomio y en la huída perdió a su bebé. Lo dicho, que madre no hay más que una.

También debo mencionar a un psiquiatra secundario que estudia el caso y la tita de las niñas, pija remilgada. A ambos el espíritu se merienda y el personal se alegra.

El final no tiene desperdicio. Aunque la peli ha mantenido el interés a base de sustos (alguna escena de niñas y pasillos tipo El Resplandor, qué más quisiera), la lucha del espíritu de los últimos minutos es un derroche de post producción digital, malo para morirse. Con eso de que no triunfen los buenos, hay empate, el bicho se lleva a una (Lili, que apuntaba maneras) y Victoria se queda con los titis adoptantes. El personal deja la sala pelín insatisfecho. Me da a mí, que tendremos secuela. Ya veo el título MAMA-DOS. Pues ni así, voy a verla.

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1 comentario
  1. Rocío Muñiz Dice:

    Esperando el estreno desde que vi el tráiler en septiembre, más aún desde que vi el corto (argentino, fácil de encontrar en youtube) que dio pie a la película. Lo mejor, la pequeña animalizada, los dibujos del principio y la escena del juego niñas-madre invisible. Lo peor, que tiene muchos «lo peor», pero el final… ¿es que no hay preestrenos donde alguien descubra que el emperador va desnudo? Una pena.

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