MADRES

Con motivo del día me voy a poner incorrecto y a dar cierto contrapunto a los mensajes de amor maternal que llenan hoy las redes. Ya he escrito alguna vez que la marca “madre” está sobrevalorada. Sin duda un éxito del marketing ese slogan de “madre no hay más que una”, afortunadamente, añadiría yo, y que, además de una obviedad, le da a la progenitora un valor añadido que la distancia en la valoración popular de su posición frente al padre. Al fin y al cabo esa distinción de unicidad es propia de los mamíferos y la figura materna no es más que el vehículo que puso la naturaleza para el nacimiento. Pero no hay que negar que la frase ha calado y se repite hasta el hartazgo. Al autor desconocido le deseo lo mismo que al inventor de “Sevilla tiene un color especial”.

Fuera del dulzón vomitivo de este domingo de mayo, del atracón de bombones insulínico y los carromatos de flores polinizadores de alergias, la figura materna siempre ha gozado de ese plus respecto al varón y pocos se atreven a criticar esa discriminación positiva de la hembra, esa misma hembra que llega hasta a apoderarse de la vida que lleva dentro y grita nosotras parimos, nosotras decidimos. Me cuesta meter en el mismo saco a la Madre Teresa de Calcuta (y otras tantas grandes mujeres que renunciaron a ser madres) y a la pájara que guardaba los cadáveres de sus hijos en el congelador junto a los palitos de merluza y las sobras del puré.

Independientemente del sentimiento que cada uno tenga por la suya (que puede ser más, igual o menos que el que se profese por el coche nuevo, el primo del pueblo o la PS4) poner a la madre, por el simple hecho de ser madre, en un pedestal debe tener que ver con la tradición cristiana (la virgen María madre de nuestro señor) y tiene el mismo sentido o sinsentido que admitir sin lugar a dudas el valor del deporte, la supremacía de la Premier League o las virtudes de la dieta mediterránea. Madres hay muchas, abnegadas unas, depredadoras otras. Esto de colgar medallitas es tan injusto como lo del pecado original. De todo hay en la viña del señor, mucha hija de puta y mucho amor de madre tatuado. Felicidades mamá.

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