Arenas en las ruedas (final)

De vuelta en el autobùs de Marrakech me impongo unas líneas. Qué difícil. No he sido capaz en estos ùltimos siete días. Suelo decir que para unir palabras necesito la mente tranquila y esta vez me ha sido imposible. Exhausto. Quizàs el reto físico mayor que he vivido: casi 400 kms de pedaleo con más de 5000 metros de desnivel por pistas desde Midelt a Dades en el Atlas occidental.

Imposible encontrar el momento y la energía necesarios para pintar a este grupo cincuentón que se puede permitir dejar atrás familia (algùn que otro yayo), oficinas, consultas y despachos para travestirse de maillots y lanzarse por desfiladeros y jadear por puertos (dios, qué bonito es jadear y caer muerto ….) hasta que la cima te otorga la parada necesaria para recuperar el aliento y llenar ese saquito de autoestima que nos acompaña en la camel back y nos ayuda a aliviar los achaques y engañar a ese compañero de camino que se llama edad….Dios, sentirse vivo es mucho más que simplemente vivir. Más y mejor.

Durante siete jornadas hemos dormido en tiendas (cuánto tiempo hacía!) y compartido las estrellas que explotaban en un cielo fulgurante sobre nuestras cabezas.
Durante siete días hemos mezclado el sudor y el polvo de los caminos y apreciado el tajin y el couscùs, compartido el agua y estrechado lazos sin palabras, sólo miradas cómplices entre compañeros de pelotón.

Gracias Patxi, Javieres, Gotzon, Paco, Nono, Santi, Edgar, Angel, Khallal y otros por siete días de gozoso sufrimiento y por llevar a gala pertenecer a este grupo de locos que vive la vida sobre ruedas.

Fuera de la bicicleta (no se habla cuando se rueda) he encontrado al personaje del viaje. Por guardar su intimidad esconderé su nombre bíblico y sólo diré que ha sido el chófer que nos ha transportado con maestría. De su compañía he sacado conocimiento de la prescripción musulmana del rasurado mensual femenino así como de la elasticidad de la mora para llevar las piernas hasta la almohada y ofrecer su sexo pleno al varón. Sin rencor me ha relatado su divorcio, del que salió con el mismo dinero que su abogado, ninguno. Y aunque se confiesa un vàndalo, relata con sincero amor cómo conoció a la mujer que le acompaña ahora: sabes, tío, que después de mucho andar, un día vas y te encuentras con alguien a quien pareces conocer de otras vidas. Nos presentaron en el Arenal de Sevilla y a los días vivíamos juntos. En sus ojos de pillo brilla el amor y eso, el amor, el lo que nos mueve.

2 comentarios
  1. T Dice:

    En lo que se refiere al amor….Empiezas a entenderlo …. Y me alegro!!!.
    Pero déjame decirte que el logro de lo extraordinario puede llevar a un empobrecimiento de la capacidad de valorar lo ordinario … Igualmente maravilloso!!

    Responder

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