SAN VALENTÍN

Image

Estoy enamorado, muy enamorado. Y ante el inminente San Valentín que se avecina me he tirado a las calles y a la internet para encontrar el mejor regalo para mi chica. Ni que decir tiene que quiero algo especial, muy especial.

 

Por motivos obvios he desechado libros y música. Miedo a no dar con el más adecuado y no atinar con sus gustos. Temo que pudiera buscar qué intención oculta había detrás de aquel título o aquella canción. Al fin y al cabo terminarían olvidados en una estantería o prestados.

 

Nada para el hogar. Nada que se ponga o que se coma. Ni se me ocurriría buscar en tiendas y comercios y correr el riesgo de presentarme con una falda, unos tacones, o un abrigo (¿y si no acierto con la talla?). Regalar lencería me parece una ordinariez. Nada que pudiera recibir con un “esto me viene muy bien”.

 

Paso de alta joyería, por pretencioso, y de la bisutería fina, extravagante, un querer y no poder. Por supuesto que no me arriesgo con los cupones regalo ni las aventuras, eso de las experiencias que ahora está tan de moda. Nada de viaje en globo, prueba un Ferrari o asiste a una cata de vinos. ¿Un perfume? ¡Vamos, por dios! Paso de cena romántica con música y velas y paso de tarde en spa oriental con masaje para dos. Pensé en viaje sorpresa pero lo rechacé por cotidiano. Y lo de la estrellita del cielo con su certificado de propiedad está ya bastante visto.

 

Quiero algo especial, me repetía, algo muy de mi, personal, íntimo, ese regalo que ningún otro pueda dar. Algo tan mío que sea irrepetible. ¿Qué es lo más que puede desear una chica de su novio por esta fecha tan señalada? La verdadera prueba de amor. Amor sin condiciones, sin reservas, la entrega total. Y así me torturé durante semanas hasta que lo encontré.

 

Mañana,  en un sobre cubierto con un corazón que dibujaré en rojo pasión, encontrará una cuartilla pequeñita en la que habré escrito mi usuario del Facebook con su contraseña, el historial de chats del whatsapp, la lista de contactos de mi teléfono, los accesos a Telegram y Messenger, las cuentas de Twitter y Tuenti y mi perfil de Linkedin, el pin y el puk de mi móvil, el IMEI de la SIM, los diversos nicks, el acceso al portátil, la tarjeta de claves de mis cuentas, el código de cifrado de mis correos electrónicos y el algoritmo que utilizo para renovar y cambiar las contraseñas cada seis meses. De alguna manera es como abrir mi pecho enamorado, sacar el corazón y ofrecérselo: aquí lo tienes, desnudo, formateado, nuevo y libre para ti.

 

 Por favor, no decidle nada. Es una sorpresa.

 

1 comentario

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *