ARRUGAS EN EL ALMA

Frente al espejo comprobaba el último retoque. Perfecto. Intentó recordar el comienzo. Hacía tanto tiempo ya, la primera crema tonificante, el colágeno, más tarde llegaron las toxinas, el anti aging, el hialurónico,  compañero inseparable, hasta que no fue suficiente. Hizo bien en seguir las recomendaciones y ponerse en manos de aquel doctor. Empezaron las reconstrucciones, primero los labios, después los párpados. Por navidad se regaló un completo que fue la envidia de sus compañeras de trabajo. La linea sutil de los labios magníficamente marcada. Pómulos, mandíbula, todo encajaba. En el cuello ya no era necesario ese pañuelo protector que escondía el paso de los años. Volvió a repasar su cara y se sintió aliviada, a no ser por una ligera sombra que cruzaba su frente y  que aventuraba la que sería la próxima intervención.

 

Por un momento llegó a sentirse orgullosa pero el sentimiento se desvaneció como una estrella fugaz. Entonces quiso sonreír pero no pudo.  No estaba alegre, y era para estarlo, pensó. Ni siquiera triste. Tampoco se sentía joven. Empezó a darle miedo. La mirada vagaba perdida. Su cara inerte y perfecta se reflejaba en el cristal como una pintura sin vida. Como un barco varado en un mar en calma.

 

Frente al espejo cerró los ojos y viajó a su interior. No encontró ilusión, tampoco emociones con las que regar su espíritu que asemejaba un árido secarral. Un vacío sonoro y hueco era todo lo que pudo encontrar. Le aterrorizaba que el paso del tiempo dejara huellas en su  piel pero nunca le preocupó su alma descuidada. Frente al espejo ni siquiera pudo compadecerse. Su expresión de muñeca era fría y desangelada, sin vida. El bisturí artesano nunca pudo arreglar las heridas de su corazón vencido por la ira. Su alma arrugada mostraba los jirones de la inseguridad, los agujeros por los que se le escapaba el perdón, las manchas de rencor que no pudo tapar el olvido. Sólo quedaba un espíritu jibarizado carente de esperanza.  

 

Frente al espejo comprobó que su cuerpo ya no era más que el envoltorio de regalo para un alma envenenada por la falta del amor que había dejado de correr por sus venas. Frente al espejo, vacía, sólo pudo sentir asco por sí misma. 

 

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