DOS MINUTOS

Dicen que el Whatsapp está probando una versión beta que te da dos minutos para arrepentirte de un mensaje enviado. No tengo muy claro cómo ha de ser el arrepentimiento y cómo ha de efectuarse. Desconozco si lo retendrá durante ese tiempo antes de comunicarlo o si dispondrá de alguna fórmula mágica que lo borre del cerebro del receptor. Pero lo que me dejó shockado es lo de los dos minutos. Dos minutos para una nueva oportunidad. Ya no es contar hasta diez antes de actuar, ya no se trata de evitar la reacción. Ahora dispones de dos minutos para empezar de nuevo. Una especie de píldora del día después para deslices imprudentes.

A mí, que me gusta el riesgo, jugaré a “mecagoentotusmuertos” y borrar antes de los 120 segundos. Será como la ruleta rusa, aprietas el gatillo pero no detona.

Y por qué dos minutos. La vida era eterna en cinco minutos pero ahora con los recortes nos quedamos en dos. Quizás esto no es más que el comienzo. Ahora vendrá Telegram y nos concederá 10 y más tarde tendremos mensajería instantánea que nos ofrecerá un arrepentimiento 24 horas y después llegarán los chinos y nos regalarán el arrepentimiento tarifa plana. Di lo que quiera y bórralo después. Nada permanece, todo muta. La vida de las segundas oportunidades. Se acabó meter la pata. Si te equivocas es porque quieres.

De todas maneras, lo verdaderamente útil sería disponer de una aplicación que envíe en tu nombre todos los mensajes que nunca te has atrevido a mandar. Eso sí que sería innovador.

Arrepiéntete pecador, tienes dos minutos. Tic, tac, tic, tac…..

Virus, mierda y Exes.

Hacía tiempo que no pasaba por aquí www.letrasdecambio.org y es que la cosa no ha estado para pamplinas. Ahora, de vuelta de Madrid, vengo hilando. He subido a ver al nieto, Tristán, casi un año que hacía este viaje para verle nacer y ahora lo dejo en el mismo hospital donde un rotavirus lo tiene descerrajado a diarreas. Nacimiento, vida, y mierda. La verdad que me lo pone fácil la historia para concluir que todo es una puta mierda pero qué va, la vida es maravillosa y si no que lo digan los muertos.

La cosa va más de virus. En el colegio del opus donde estudié se estilaba una frase. Allí dónde no comprendías la integral o te liabas con el óxido y el hidróxido, el profesor te soltaba “eres más corto que la picha un virus” y como por entonces no se había inventado la autoestima, la rabia te la confesabas y te quitaban el pecado mortal. Ellos tenían arreglado el problema de la inmortalidad, otros tenemos que estar pendientes de los putos virus. Pero bueno, que la vida no es una mierda, aunque en la mayoría de ocasiones todo termine jodiéndose.

Hace también muchos años hice kilómetros para acudir a la consulta del sicólogo (yo de siempre me he dejado tratar) y cuando el tío (todavía lo recuerdo, fumando en la consulta, que por entonces no se había inventado el tabaquismo) me pregunta cómo estás y le digo que hecho una mierda, va el notas y me dice que me largue y que la señorita me daría cita para el mes siguiente. Mierda de Freudianos.

En fin, que mierda y todo que se jode, me recuerda el Facebook que hace tres años, tres (1*La maldición de MAF), escribí un cosa muy bonita que titulé Mi Novia y que lo hice de corazón y el corazón también se jode y necesita de válvulas, stems y bypasses. Pues de lo escrito me quedo con que mi novia, no he llamado antes novia a ninguna, puso el cartel de se vende a la entrada de mi cueva y eso es de agradecer porque la cueva se ha vendido, o se ha alquilado, o me la ha embargado el banco pero que ya no hay cueva ni falta que me importa. Y esa labor es muy pero que muy de agradecer. Esa chica vale los millones que yo no he pagado y en mi descargo diré que soy culpable de todo. Para qué repartir. Los últimos vientos nos soplaron al Este y los restos del Siroco y el naufragio quedaron guardados para siempre en una habitación cutre de un hotel vietnamita. Y esto me pasa porque me soy infiel. Sí, de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Y esto andaba pensando cuando se me fue la olla a las Exes. Porque una esposa es una esposa y puede dejar de serlo y una novia también pero cuando se convierte en Ex, ya será Ex siempre. Eso no cambia. Eso imprime carácter. Las Exes son eternas.

Y todas la Exes te dejan algo. Una colonia que ya no dejarás de usar, una caja con fotos y llena de preguntas, un lugar, un paisaje, un país al que probablemente no querrás volver. El recuerdo de unas ingles (ya brasileñas, ya selváticas o desérticas). Otras te dejan una hija, dos en mi caso, y ya con eso no tienes que pensar en otros recuerdos. A veces te coge el cuerpo tonto y te descubres pensando si ésta o aquella la chupaba mejor o era mejor no intentarlo para evitar el desgarro (en otras ocasiones te maravillas del virtuosismo y cómo algo tan simple como una mamada puede catalogarse de néctar de dioses, algo como convertir un mollete de Alcalá en una pieza de alta cocina. Y es que las hay artistas, artistas)

Y ahora, con la precrisis de los sesenta, me da por apuntarme a retos de profesionales que casi acaban conmigo, por dar la vuelta al medio mundo que me queda y por huir de Sevilla Este, que ya he cumplido con creces la condena de los veinte años y tengo derecho a reinsertarme en el Centro intramuros donde voy a disfrutar de un coqueto apartamento para que me coja andando la Alfalfa y las Setas. Vamos, que voy a vivir en la Puerta Carmona y no a las afueras de Carmona, como hasta ahora.

Y en lo que respecta al amor voy a seguir insistiendo, erre que erre.

BUSCO CANDIDATA (Profesionales abstenerse).

• Rubia de bote. Que me supere con los tacones puestos y me reduzca sin ellos.
• Competitiva, hasta con su sombra. Que sea intensa, imperfecta y esté orgullosa de serlo.
• Nada real. Abrumadora e irreal como una pesadilla.
• Que dude hasta de su nombre y rectifique,
• Coqueta y presumida. Que presuma de todo menos de tener las cosas claras.
• Consentida. Adicta al Oysho y Etam. Independiente, de boquilla.
• Que sea un camaleón aunque corramos el riesgo de no encontrarnos o reconocernos.
• Que me crea lo imprescindible y me haga creer justo lo contrario
• Que no me preste atención y se entere de todo
• Nada de perros y gatos, que quiero ser su animal de compañía
• Si madre, sólo a jornada parcial y nada de tarifa plana.
• Que no sepa conjugar el pasado y que le importe un carajo el futuro
• Que esté dispuesta a invertir el plan de pensiones en buenos hoteles
• Condiciones a convenir, de ambos. Disponibilidad inmediata.
• Idiomas. No imprescindible hablar el mismo. Que entienda los silencios y no traduzca las intenciones. Evitar los comentarios de texto.
• Que me mire a los ojos y me diga que soy un gilipollas integral y que me amenace con cortarme los huuuevos (así, arrastrando la u) si se me ocurre dejar de ser como soy.
• Que ría, ría y ría hasta obligarme a pagar rescate por su sonrisa si alguna vez la pierde.
• Que me ame con locura, si no me quiere no me interesa.

Sé que lo he puesto difícil pero juro que la amaré siempre. Al menos hasta que se me pase.

(*) MAF es Miguel Ángel Fernández, gitano rico y malaje del Arahal que cabreado conmigo por algún motivo me condenó con la siguiente maldición: Nada te durará más de tres años. Siempre estarás cambiando.

Lecturas…

imageMe he encontrado con esto. Fisgoneando. Suelo hacerlo en casas ajenas. Demasiado relax en estas vacaciones ha acabado con mis provisiones de lecturas. Rebusco. Me gusta saber qué leen. Eso te da mucha información sobre quién duerme a tu lado. Ya lo sabes, sin un día me invitas a tu casa aprovecharé cualquier descuido para colarme en tu habitación y mirar sobre tu mesita de noche. Eso y las despensas. No necesito más para tener una opinión, qué comes y qué lees. Imposible mentir. Me importa un huevo lo que pongas en tu muro o cuentes en tu blog. Me río de tu currículo. Eres lo que comes y lo que lees.
La verdad es que no tenía mucho donde escoger. Todo demasiado específico (hay que tener en cuenta que los anfitriones, ella ingeniera y él profesor universitario experto en historia de las religiones, tienen una biblioteca bien nutrida pero demasiado densa para mi pereza estival. Por supuesto, nada de novela negra. Otro día hablaré de la despensa…). En fin, que tiro de Ángeles  Caso con poca convicción. En su tiempo me gustaba esta morena de pelo rizado que me daba el telediario de finales de los ochenta. Mis desvaríos se cruzaban entre ella y una presentadora del tiempo del Canal Sur pequeñita y apretada (convencí a mi hija que me la eché de novia y convencí a una medio novia que se hiciera pasar por ella ante mi hija). Creo que desde que la despidieron dejé de ver la televisión autonómica. Eso de fliparse con las presentadoras lo debe entender bien felipesexto. Al fin y al cabo cuando uno almuerza todos los días solo se termina encariñando con la pantalla. Personalmente me he comunicado más con algunas tertulianas que con familiares de primer grado. A veces hasta sin encender el aparato.

Pues Ángeles  Caso dejó aquello del noticiario y se puso a escribir. No he leído nada de ella. Sé que coqueteó con el Planeta hasta que lo ganó, algún que otro guión cinematográfico y, últimamente hace incursiones en las plataformas cercanas a Podemos. Le tengo cierto cariño, como de novia antigua. Me la fantaseo discreta y lista, muy lista y me gustan las mujeres listas. También me gustan los hombres listos. Busco en la wiki su edad y resulta que somos del mismo año, buena cosecha. También me dice que su padre fue Rector. El mío panadero. Un amor imposible. Lo supe desde el principio.

Me ha costado entrar en la historia. Primero por prejuicios al leer la solapa, historia de mujeres. Segundo por la dedicatoria de quien regaló el libro, una mujer a otra. Tercero porque en las primeras diez páginas no hay sangre ni desaparecidos. Es más, están llenas de sentimientos y estos me repelen. En la vida y en las páginas. No soporto el nudismo sentimental. Sin embargo he encontrado una dureza que me hizo romper mi norma (leo cuatro líneas, leo cuatro páginas, leo veinte, son los filtros, especie de oportunidades que le voy dando para que me enganche) y no lo deseché (los desechos van a la chimenea que esto me lo enseñó Carvallo). Me estoy alegrando. No sé cómo acabará. Con las mujeres ya se sabe, pero estoy llegando al punto de no retorno, ese que me digo este me lo termino aunque me joda. Lo que se empieza se acaba, las lentejas te las comes todas y me dejas el plato limpio y a la meta se llega, sufriendo, muerto pero se llega. Esto me lo enseñó una mujer sin necesidad de escribir un libro ni de ponerse sentimental.

MADRES

Con motivo del día me voy a poner incorrecto y a dar cierto contrapunto a los mensajes de amor maternal que llenan hoy las redes. Ya he escrito alguna vez que la marca “madre” está sobrevalorada. Sin duda un éxito del marketing ese slogan de “madre no hay más que una”, afortunadamente, añadiría yo, y que, además de una obviedad, le da a la progenitora un valor añadido que la distancia en la valoración popular de su posición frente al padre. Al fin y al cabo esa distinción de unicidad es propia de los mamíferos y la figura materna no es más que el vehículo que puso la naturaleza para el nacimiento. Pero no hay que negar que la frase ha calado y se repite hasta el hartazgo. Al autor desconocido le deseo lo mismo que al inventor de “Sevilla tiene un color especial”.

Fuera del dulzón vomitivo de este domingo de mayo, del atracón de bombones insulínico y los carromatos de flores polinizadores de alergias, la figura materna siempre ha gozado de ese plus respecto al varón y pocos se atreven a criticar esa discriminación positiva de la hembra, esa misma hembra que llega hasta a apoderarse de la vida que lleva dentro y grita nosotras parimos, nosotras decidimos. Me cuesta meter en el mismo saco a la Madre Teresa de Calcuta (y otras tantas grandes mujeres que renunciaron a ser madres) y a la pájara que guardaba los cadáveres de sus hijos en el congelador junto a los palitos de merluza y las sobras del puré.

Independientemente del sentimiento que cada uno tenga por la suya (que puede ser más, igual o menos que el que se profese por el coche nuevo, el primo del pueblo o la PS4) poner a la madre, por el simple hecho de ser madre, en un pedestal debe tener que ver con la tradición cristiana (la virgen María madre de nuestro señor) y tiene el mismo sentido o sinsentido que admitir sin lugar a dudas el valor del deporte, la supremacía de la Premier League o las virtudes de la dieta mediterránea. Madres hay muchas, abnegadas unas, depredadoras otras. Esto de colgar medallitas es tan injusto como lo del pecado original. De todo hay en la viña del señor, mucha hija de puta y mucho amor de madre tatuado. Felicidades mamá.