MARTÍN

Enhorabuena Martín. Desde ya perteneces a ese club de tontos selecto y llevarás contigo el mérito de ser miembro de por vida. Ya eres padre, Martín, y como tal la aventura de convertirte en un gilipollas no ha hecho más que comenzar. Cuando lo intentes y cuando lo evites. Y es que no hay nada más tonto que un padre. Déjame que te lo diga, que es de lo que poco que he aprendido y lo digo con conocimiento de causa.

Se te acabó la objetividad y el equilibrio. A tomar por el culo el sentido común. El recién llegado te sacará de tus casillas, te hará perder el sueño y te dejará a cuadros más de una vez. Hoy empiezas a esperar lo que nunca va a llegar y es ese momento en el que dejas de preocuparte. porque a partir de ahora siempre vas a estar preocupado y da igual que Tristán tenga un mes, dos días o quince años.

Lloverán consejos y en tu ingenuidad, de padre tonto, pensarás más de una vez que puedes estar tranquilo. Pobre infeliz, Martín. Cuando no los dientes, será el colegio, serán las amistades, el máster o el botellón.

No tienes un hijo Martín. Él te tiene a ti. Y además cogido por los huevos del amor. Se flexible con las ideas e inflexible con los valores. Háblale, háblale mucho. Cuando te escuche y cuando no. Cuando esté cerca y lejos. Y abrázalo, hasta que te dé vergüenza a ti y a él. Dile que te equivocas, que nadie te ha enseñado y que haces lo que puedes. Dile que no tienes la razón, entre otras cosas porque existen muchas razones. Hazle ver tus errores para que aprenda a ver los suyos. Ponle límites para que crezca seguro pero nunca lo limites y déjalo crecer.

Dentro de poco te sonreirá. No seas tonto, es una mueca refleja, pero te temblará el cuerpo. También dirá papapapapa, y babearás idiota. Pero pasará el tiempo, Tristán crecerá independiente, probablemente vivirá en otra ciudad y algún día te llamará y te preguntará cómo andas papito, y entonces todo habrá valido la pena (aunque sigas sin dormir tranquilo).

*Martín es la pareja de mi hija María. Hoy ha nacido Tristán, su primer hijo (a propósito, mi nieto).

LA DERECHA HA PERDIDO. Lo han dicho en Twitter!!!

Para abreviar y no perder tiempo hablaremos de derechas e izquierdas. Sin ponernos pedagógicos ni exquisitos. Simples. Que cada uno entienda el concepto como quiera y que cada cual le añada el adjetivo que le plazca.

Tradicionalmente (la tradición, concepto jodido), a unos se les llama conservadores y a otros progresistas. Los nombres tienen guasa y dicen mucho. Para los primeros es casi un mote, un estigma chungo y para los segundos un piropo, un nick guay. Maldito sea el que hizo el reparto en este bautismo de categorías. Es evidente que los “rojos” salieron mejorados mientras que a los “azules” les cayó la legítima estricta y llevan la herencia a cuestas con más pasivo que activo.

Como cada “casta” (perdonad el término), quiero decir, generalidad o grupo, cada uno tiene sus arquetipos, si los ingleses son flemáticos, los conservadores son reaccionarios, los de Lepe muy burros y los progres son modernos y divertidos mientras que sus hermanos fachas son unos tristes. Al mismo tiempo, nadie lo duda, los de derechas son ricos, de abundante patrimonio, normalmente conseguido sin trabajar, especulando o explotando al obrero; no como la izquierda, siempre solidaria, avanzada y defensora de la igualdad de clases.

La caverna, a falta de ideas tiene el dinero y con eso se compra todo, especialmente la prensa, la información y con ella el poder. Los descamisados, a falta del pecunio se han venido aviando con la pancarta y tiran de imaginación al poder y a falta de rotativas utilizan el grafitti y el slogan. Unos se malcrían y educan en los colegios privados más elitistas y cultivan amistades y lobbies en las mejores universidades y otros tiran piedras a la policía cuando hacen pellas (rabona, en mi pueblo), cantan canciones, se visten de flores y se fuman la hierba. Unos se permiten gastarse la pasta en tanques y a otros sólo les da para un pobre cóctel molotov. La enciclopedia Espasa y el panfleto. Dios ha muerto. Haz el amor y no la guerra.

Y en esto llegó Fidel, digo, la internet. Y con ella el Facebook y el Youtube. Una vez asolada la educación tradicional carca obsoleta por la caballería logse, nos despojamos de valores caducos, y dejamos al rebaño que paste feliz sin mucho discernimiento frente al Gran Hermano VIP y el Fifa 14. Ya no se venden periódicos ni se leen las terceras del ABC ni las sábanas de Pedro J. Se acabó el Vals de la ñoña monarquía de Sissí Emperatriz, ahora nos movemos a ritmo de tuit republicano. No más de 140 caracteres para glosar toda una ideología y además gratis, tarifa plana, y el móvil que te lo paga papá y es de los caros. Wifi universal. Un hombre-una wifi. No me lo expliques, ponme un whatsapp. No al toro de la Vega, cien mil votos.

Y aquí se ganó la batalla. La red, lo viral, dos frases, ingeniosas porque son unos artistas y millones de reproducciones. O viralizas o estás muerto. Hueles. Lo mismo da convocar un botellón, que derrocar un régimen. Pásalo. Las hordas rojas campean por la banda ancha, toma retuit hijoputa. Diez millones de votos contra cincuenta millones de reproducciones del último video chistoso de El Intermedio. Pero quién se va a tragar un mitin, un argumento, la exposición de un programa, programa, programa electoral si ya me lo explica, y con mucho arte, el gaditano Álvaro Ortega. Los artistas han despedido a sus representantes y han contratado un community manager. Los partidos eliminan el Comité electoral y contratan jóvenes gurús para que los conecten con las masas a base de viralidad. Y en esto, la izquierda ha tomado la delantera, ha ganado por goleada. A falta de ideología se han apropiado de la red como se quedó con el greenpower sostenible. Mientras los tristes siguen anclados en la cadena de montaje del siglo diecinueve, los modernos surfean el mundo global. Con lo que al abuelo le ha costado aprender el correo electrónico, el nieto abusa de Instagram y Snapchat. Criados con videojuegos, estos nativos digitales manejan con soltura el rollo táctil y han metido un gol con la mano. La Clave de Balbín versus La Bruja Avería. No hay color, falta cintura. Unos, giran La Tuerka con habilidad y otros quieren ganar las elecciones jugando al futbolín con Bertín Osborne. Pena me dan.

CUENTO DE NAVIDAD

El vapor empezaba a empañar la cocina y el olor del asado iba llenando la casa que a esa hora esperaba nerviosa a los invitados para la cena. En la planta baja todo era un ir y venir, nada podía faltar. Las bandejas preparadas, la cubertería reflejaba los destellos de las luces del árbol como guiños entre el atrezzo. Las copas en formación, alineadas firmes, esperaban ansiosas su gran momento en el brindis. En el salón, el Belén presidía y San José y la Virgen miraban los preparativos mientras acunaban al Niño. La chimenea latía con llamas vivas y regalaba un ambiente cálido a la estancia. La voz de Bublé traía los clásicos navideños.

Con todo organizado subió a vestirse. Un último retoque de plancha le dejó la camisa impecable, esta vez se había decidido por una corbata roja y un blazer cruzado ligero para la ocasión. Descorchó el vino para oxigenarlo y sacó a la mesa las primeras bandejas con los entrantes y aperitivos. Sentado en el sofá prestó atención a las palabras del Rey en su mensaje de navidad. Se echó una copa de oloroso y esperó que sonara el timbre con los primeros en llegar. Poco a poco el piso se llenó de risas y abrazos. La alegría volvió a impregnar las paredes.

Era la primera vez que traía invitados desde entonces. Hasta ahora no se había atrevido, todo demasiado reciente. Los recuerdos, aunque seguían colgados en su alma como las bolas del árbol, ya quedaron inermes, sólo un decorado triste del pasado, y el tiempo había puesto una pátina en su alma que había sosegado el daño y ya ni eran visibles las cicatrices. El tiempo, como siempre, había hecho bien su trabajo. La Navidad había vuelto a su casa y su corazón. Brindó por la vida y se abrazó con fuerza a los que siempre estuvieron a su lado.

Lo nuevo y lo viejo

Vamos a ser simples, estas elecciones se debaten entre lo nuevo y lo viejo. El Omega de oro contra el i-watch. Niñatos versus Carrozas. Lo nuevo es lo joven y con el atrevimiento de la ignorancia, la juventud se postula mejor, sólo por eso, por ser joven. Nadie quiere ser viejo, lo viejo no vende, huele. La arruga no es bella. El joven nada tiene que demostrar, su fuerza y su vitalidad le presumen el valor. El joven se cree eterno, el pene siempre erecto y las tetas turgentes y desafiantes, inmortal y desprecia aquello que no sabe si tendrá, la vida que ya ha vivido el viejo. Mira joven, yo he vivido, tú no (aún). El viejo tiene que demostrar, incluso, que está vivo. No le creen. El viejo nada tiene que decir, ya lo hizo todo y normalmente lo hizo mal y es preso de sus errores y sus memorias. La joven Dory de Buscando a Nemo no tiene memoria. El joven no quiere ataduras. Presume de libertad. En su ingenuidad se cree libre. Y lo es, a nada se ata porque nada tiene. La juventud es una enfermedad que se cura con los años.

Mariano es el viejo. Y a falta de más humo que vender, sus asesores le exigen que se confíe a la experiencia. Por eso su discurso, el que le escriben, machaca una y otra vez que sabe y ha sabido hacer las cosas, que nos ha evitado muchos disgustos con su expertise y que tengamos cuidado con ponernos en manos de los jóvenes becarios airados que desconocen el manejo y la gestión, que no son nada ni nadie y cuyo curriculum vitae no les alcanza ni para gestionar la paga semanal que todavía les asignan sus padres (muchos de ellos no se han podido independizar del nido familiar, ni tan siquiera). Bertín nos mostró a un Mariano abuelo sordeta campechano pero con la dentadura bien ajustada, capaz todavía de hincarle el diente a un buen solomillo si hay que, o no. Abuelete apuesto y en forma, hasta parecía que le quedaba mucha tela que cortar.

Pablo es joven, buen comunicador y hábil manejo de las redes sociales. ¡Hay que ver qué bien se manejan estos nativos digitales que se han hecho con el control de los facebooks y twitters y nos admiran con la habilidad de niños usando el mando a distancia y el Ipad!. En nada que te despistas un momento te han organizado un escrache viral que te dejan tieso. Niños traviesos arman tanto ruido que parecen más de lo que son. Alrededor del cabreo general Pablo ha construido una startup prodigiosa en el garaje de su departamento universitario, una empresa .com tipo Sillicon Valley que le va a generar grandes beneficios antes de que explote la burbuja, un partido de amiguetes que se habrán colocado antes de que le llegue el pinchazo. Pablo es nuevo, no tiene pasado que criticar. Así es más fácil, nada ha hecho mal. Nadie se atreve con la virgen. Algunos le reprochan sus amistades peligrosas y el vacío de su demagogia pero eso requiere argumentos y él no juega con argumentos sino con titulares. Su programa cabe en un tuit. Sabe muy bien que los de la ESO no leen más allá de un post-it. Descarado, invita a sonreír incluso con su dientes desalineados.

Alberto también es joven, no es airado, pinta de niño bien, combina la inocencia con cierto saber hacer y por eso se presenta como la mezcla perfecta, el cóctel ideal para esta hora de la fiesta. No vengo manchado con el pecado original pero tampoco me he caído de un guindo. Cuando yo nací ya el Papa había acabado con el limbo. Al contrario que a Pablo, a éste le quieren las madres para sus hijas (por eso el otro ha dejado caer que Albert se droga). Un chico formal (la próxima encuesta del CIS debiera preguntar con quién dejarías ir a tu hija a la fiesta de graduación, con Alberto o con Pablo. Los padres, más sabe el diablo por viejo que por diablo, votarían en masa por Alberto porque, aunque están convencidos que la hija regresará follada, un buen corte de pelo y una camisa aseada va a todas partes).

Los jóvenes muestran su fuerza, debaten de pie, no quieren sillones, se han criado con la tele por delante, como el niño de Sigue Soñando, y conocen el lenguaje. Pablo y Alberto se irían de copas juntos y no dudarían en llevarse con ellos a Felipe VI y a la Leti, ya puestos. Se tutean, la diferencia esencial es poco más que el atuendo disfraz con el que se presentan ante los suyos. Son listos, saben lo que quieren, llegar a viejos bien abrigados, y esconden la carta marcada bajo la manga. Ambos saben que hacen el truco ante un auditorio repleto de niños. Así es fácil.

Pedro no es joven ni viejo. Es un pureta que quiere ir de guay, viejuno. Al pobre le cae encima lo peor de la experiencia de un partido pringado que nunca hizo lo que prometió (ya ni presumen de aquello de 100 años de honradez y que alguna vez fueron alternativa de sociedad y no de poder) y le falta la convicción de que le dejarán hacerlo esta vez. Se le ve el cartón, va de prestado y por eso anda desenfocado. En los carteles tiene un rictus de cadáver de cera. Su intento de sonrisa guarda cierto encono, conocedor de que le ha tocado un mal momento no encuentra su sitio. Para él, ni lo peor ha pasado ni lo mejor está por venir. Too old to rock and roll, too Young to die. Se lo juega todo a una carta, todo o nada a un solo número de la ruleta electoral. Si tiene suerte, al pobre diablo le caerá el euromillón y con la cartera llena se comprará las putas y tocará pelo. Quien ha visto la muerte tan de cerca se alzará sobre sus enemigos y no tendrá piedad de los que no lo remataron. Miedo me da.