NARANJAS

Lo peor del sexo es el zumo de naranjas. De las noches de sexo, me explico.
Y no me refiero al exprimidor, que nunca me ha gustado esa postura, sino al zumo de naranjas recién exprimido, al que se ha acostumbrado mi Chica, justo al despertar. Y es que no puede uno ir de romántico y detallista porque se carga con una hipoteca de cítricos para toda la vida.

Lo que comenzó como todas las historias, chico conoce chica, cenita con velas y vino y chica se folla al chico, me obligó agradecido a despertarla al día siguiente llevándole un zumo de naranjas a la cama. Gracias mi amor, me dijo y en sus ojos brillaron dos chispas de ilusión.

A la siguiente cita volvió a suceder, y poco a poco se convirtió en costumbre, aunque no tuviéramos sexo: dormir juntos significaba llevarle el zumo a la cama de mañana temprano. He llegado incluso a pensar que le gusta más el zumo que mi arte amatoria.

Recuerdo que una noche me sentía yo despistado, mientras ella se esforzaba en sacar lo mejor de mi, y me encontré pensando en que me había quedado sin naranjas. Entré en pánico.Te pasa algo, mi amor, me preguntó preocupada al notar mi ausencia. Nada, cariño, mentí y me apresuré a poner algo de mi parte.

Afortunadamente, me suelo despertar antes que ella y el chino de la tienda de enfrente me sacó del apuro. Naranjas de la china, le dije sonriendo a mi amorcito cuando abrió los ojos. Nunca lo entendió.

La cosa ha ido a más. Ya somos una pareja estable, dejamos de usar condón, hemos perdido algo de la pasión inicial pero seguimos, sigo, con la obligación impuesta del puto zumo. Maldita vitamina C.
Algún día tendré que decírselo, como tantas cosas.

Resumiendo

Me ofrece el Facebook un resumen de mi año y le digo con mucha cortesía que se lo meta por el culo. Vamos, qué sabrás tú, tío listo, lo que habrá sido mi año. Que te crees que ese pastiche prefabricado de megusta tiene algo que ver con mi vida.

Mira, Facebook, presta atención que no te enteras. Ya has debido adivinar que soy afortunado. Es más, privilegiado y no por ser compartido ni recibir muchos likes ni por tener una cuenta amplia de amigos followers.

En mi resumen voy a darle la primera fila a mis hijas. Una muy cerca y en las nubes, que me alegra los días con esa mezcla de friki y pija. Me intriga saber en qué mundo vive y cómo saldrá de la adolescencia en la que está inmersa. Es lista la cría, con todo lo que me oculta y consigue que no me preocupe. Me pregunto qué hará cuando deje de competir.

La otra anda más lejos, intentando conciliar sin conseguirlo la vorágine laboral con el bicho malo que le ha robado el corazón. A veces me pregunto si es feliz o muy feliz. Otras veces me preocupa que se parezca tanto a mi.

Un año que va a terminar con todos los quiero muy cerca. Mi madre que pierde visión y gana recuerdos y mi brother tan cerca cada día que cada vez estamos más próximos. Lo mismo hasta terminamos hablando!!!

Mis amigos…. sobre ruedas. Y los que no están, muy bien que hacen. No echo de menos, ni de memoria ni de corazón. Bendita capacidad que tengo para olvidar.

En lo profesional ha sido divertido, equilibradamente dinámico. Acabo de decir adiós a una bonita historia que comenzó allá en 2008 y doy mis primeros pasos en otra que me reta. Sigo siendo curioso y me gustan los charcos.

Este 2017 no sería el mismo de no haber cambiado de ubicación. Si el año pasado me moví de oficina, este ha inaugurado hogar. Terminó la condena de Sevilla Este. 20 años 20. Creo que he salido reinsertado. Cumplí condena y penitencia. Prometo no hacerlo más. Ahora más cerca del Centro. Con el cambio perdí espacio y gané ruido. Prefiero la inquietud del alquiler a la seguridad de vivir de las rentas.

Pero 2017, sobre todo, es año de amor, de mucho amor. De amor no confundido. De amor buscado y encontrado. De amor de inicio y retorno. De amor esperado, soñado. Amor de cerrar el cíRculo.

Año de amor duro, muy difícil y escondido. Amor de expectativas y esperanza. Año de amor desesperanzado. Año de tomar decisiones y esperarlas. Año de templar, de parar, de dudar, de apostar. Año de ganar. Amor ganado. Año de amor de estar ahí, donde tienes que estar. Amor de escuchar para comprender, no para responder. Amor de encuentro y reencuentro. Amor de deseo, sin compasión. Amor de nervios. Amor de esperar, amor de comprender, amor que no se entiende. Amor luminoso e invisible. Amor al filo de lo posible.

Amor de caída. Amor simple, de estar enamorado. Amor inseguro, amor de no tener nada claro. Amor vibrante, desasosegado, amor de estar perdido, amor encontrado. Amor de orgullo, amor de paseos abrazados. Amor deseado, amor admirado. Amor compartido. Amor entregado. Amor sin balances. Amor desequilibrado. Amor de estar seguro, amor acompañado.

Entiendes ahora, Facebook, por qué soy afortunado? Nunca podrías meter en tu resumen lo que yo he sentido este año. Tu vídeo es bonito pero muy poca cosa para lo que yo he vivido. Gracias de todas formas. Buen intento.

Gestos

Un gesto.

En los últimos años del felipismo, incrédulo ante la deriva que iba tomando la cosa y esperanzado en que debía llegar el anhelado cambio prometido, recuerdo que a Felipe González yo le pedía, al menos, un gesto. No era ya un giro, una vuelta, un definitivo cambio de sistema o alternativa de sociedad sino simplemente un gesto.

Los curristas me entenderán. Cansados de seguir al Maestro por las plazas en busca de una tarde gloriosa muchos soñaban con un detalle, un gesto, un segundo de arte que borrara todos los sinsabores sufridos y pintara la sonrisa de admiración en la cara de ese creyente cansado a punto de perder la fe. No ya una excelente temporada, ni una tarde, ni una faena, un solo gesto, Maestro.

Hoy sigo pensando que Gonzàlez fue un gran tipo, visto lo visto, y le doy la condición de hombre de estado. Y sigo pensando que Curro es Curro y hay que quererlo y adorarlo a pesar de las espantás y los bajonazos indignos porque cuando clava las manos se para el mundo. Y donde digo Curro, digo Morante.

Será espíritu del Sur que se conforma con poco. Cuántas horas de fútbol malo, cuánto partido de sinsabor y ese graderío que se levanta a aplaudir el taconazo, la finta, el lujo, el detalle preciosista de un segundo de Olé. Y poco más.

Será que soy un sentimental, un romántico optimista empedernido al que se la ido grabando en el más oculto adn la enseña del Siempre Adelante.
Confío que todo es posible y nadie me va a impedir que siga creyendo.

Qué poco me gusta un no puedo, cómo me duele un esto no es para mi.
Algunos me dicen que si se me mete en los huevos no hay nada que se resista. Y es que entre ceja y ceja me cabe tela pero….

Pero todo tiene su fin. No puedo más. Se acabo. Me retiro, dimito. Imposible. No way. Lo dejo.

Me he comprado un Mac. Sí, uno de esos ordenadores tan elegantes, delgadito, plateado, monísimo, el de la manzana mordida. Y ahí empezó la penitencia, cuando pequé y mordí la manzana que me ofreció mi satanás informático de cabecera.
Como el demonio sugirió a Eva, esta le fue a Adán con la monserga, que si mira que chulo, que si mira lo que hace, que si no tiene virus, que si es tan estable que…, Adán mordió y yo también piqué. Ahí está, sobre la mesa. La verdad es que es bonito pero….

Me pide un gesto. Bueno, no uno, varios, muchos. Es más, tiene un nosequé recoge gestos que entiende si le das con el índice, que si con dos o tres dedos, si con la punta de la polla o los nudillos, que si lo mueves hacia arriba, abajo o los lados que si abres la mano o lo saludas. Todo un alarde de musarañas táctiles, caricias y carantoñas, sutiles detalles dactilares que le indican al cacharro lo que quiero y cómo lo quiero.
Y es que yo estaba acostumbrado al ratón. Un click, dos como mucho, quizás el botón derecho y nada más. No soy experto en scroll ni dado a sutilezas tecnológicas. Me formé en el MsDos y ya me costó un mundo adentrarme en las ventanas de Windows. La blackberry me duró mucho más que mis matrimonios, la época Android fue una montaña rusa de labilidad emocional, euforia y depresión sin solución de continuidad y después de eso el salto al iPhone, serenidad, te lo da todo pero le pido poco, o nada.
Pero ahora este bicho me pide un gesto. Este bellísimo demonio me engaña con sus x para cerrar y su maximizar. Me ha hurtado el Ctrl-Alt-Sup, mi último recurso para mandarlo todo al carajo y empezar de nuevo.
Este quiere que lo toque, identificar mis gestos, entender mis caricias, programar mis emociones. Este es un cabrón. Este quiere preliminares, nada de ir al grano. O es ella? Mac suena a hembra. Esa a es muy femenina, envolvente, la a de apple, las de manzana que tiene tres. Es una a sugerente y se apellida Air, que huele a perfume fino, liviano, ligero, evanescente, como un suave touch delicado que interpretará como dios le de a entender.
Un gesto, me pide un gesto, como yo le pedía a Felipe y no me lo dio. Como le pedíamos a Curro y que dejó pintado en algún lance de cartel y en la memoria de sus devotos seguidores.
Un gesto!!! Verás dónde va a terminar como me encabrone. En la basura, que también tiene una a. A ver si así lo entiende.

20 de abril. Otra vez.

Otra vez 20 de abril. Mi día de la marmota. Siempre colgado del 20 de abril del 90 y nada tienen que ver los Celtas Cortos. Allí quedó una minifalda y un café. A partir de entonces mil historias con o sin nombres o nombres equivocados. Historias de luz o de invisible incógnito. Creo que no he logrado engañarme desde entonces.
El próximo 20 dejo mi casa y dejo la periferia de los últimos 20 años. Regreso libre, reinsertado. Otra vez 20. El 20 me tiene rodeado, ya es casi un tercio de mi vida y el 20 era el autobús que me llevaba y traía de niño al colegio. Y sin embargo, no me gustan los pares, ni el colegio.
Mi nueva casa está en el número 2. El 0 lo pondré yo, empezando. Otra vez, de nuevo, ilusionado y con la certeza de que empiezan los últimos 20. Ahora vivo en el 38 y me paso al 2. Eso hace 40 y si lo divido me quedo en 20 otra vez.
En esta mudanza encuentro aún cajas sin abrir de la última. Y fotos, muchas que dejaré detrás para mirar adelante. Los libros han ido a la chimenea y los que han escapado al fuego eterno reposarán en las mantas de algún senegalés que se busca la vida huyendo de la local. Practico la cultura del desapego y creo que me he pasado. Me cuesta encontrar apego y afección. Me llevo una butaca, algún cuadro y los vasos de plástico de Ikea en los que suelo tomar el café. También un reloj que siempre marca las 10:10. Otra vez 20.
La ropa la hereda el marido de Amparito, la asistenta. El resto se lo reparte mi pobre, Juan, que viene pidiéndome un euro para sus vicios hace años y otros que han acudido al reparto de esos pedazos parte de mi vida. No he tenido que organizar un garden sale ni subirlo a Wallapop. La tortuga se la rifan potenciales padres adoptivos y el ficus tendrá sol y mimos por igual. Al salir no miraré detrás para no convertirme en estatua de sal. Echaré de menos el silencio de sarcófago y los pájaros al amanecer. También la chimenea de tardes y noches tórridas.
En este viaje al centro espero estar más cerca de mi mismo. Como ahora me sobra el coche, ganaré minutos en desplazamientos y tendré que buscar en qué invertirlos. Ya di de baja los suministros y salgo sólo con la clave del netflix. Perdí el fijo que me acompañaba como una reliquia 954. También detrás quedan las horas de series compartidas, las obras realizadas y el recuerdo del limonero que tenía en el patio.
Ahora estoy como al principio de los tiempos, 20 de abril del 90. Un café y una minifalda. Cerrando el círculo. Jugando con los números diré que 2017 combina el 20 y el 17, mi siempre preferido. Me sobra ilusión para llegar a las bodas de plata. Esta mudanza pinta bien y llega con una sensación intensa de ser definitiva.