TODO UN PROFESIONAL

Tenía que hacerlo y no le di más vueltas. La verdad es que con pocas ganas pero a las 8 estaba en la estación, qué me gusta comprar libros en las estaciones (esta vez, Candela, de Juan del Val, al que había leído antes con sus otras dos manos en Nuria Roca, y que me ha hecho sonreír en mi asiento: un primer guiño lo adiviné, el segundo me cogió por sorpresa) y en un pis-pas Córdoba, paseo hasta el Ayuntamiento en la ciudad que se despierta (me paré frente al IES Luis de Góngora y volví al verano del 83 cuando un tribunal me excluyó, con razón, por no haber entregado mis fotocopias compulsadas. Mi sentido de la justicia divina me hizo comprender la decisión ya que no había estudiado nada de nada y hubiera sido injusto aprobar… (mi amigo Ramón se cagó repetidamente en los muertos del Presidente del tribunal porque mi amigo Ramón, al parecer, no tenía el mismo concepto de la justicia divina que yo).

A lo que iba, y es que andaba obligado a preguntar en el Ayuntamiento Cordobés, que a ver cuándo coño, que ya está bien lo que bien está, van ustedes a devolver lo que le deben a mi cliente, que llevamos esperando casi un año y eso que para cobrar no se andan ustedes con remilgos….
Y es que, y esta feo que yo lo diga, aún conservo ese encanto especial para la funcionarias puretonas que me ven llegar y si al principio, es normal, les molesta que las saque de su ensimismamiento, cuando les hago una caída de pestañas y les pregunto con tono modosito, por favor, disculpe que la moleste pero quizás usted pueda ayudarme, mire, es la primera vez que vengo a esta departamento y es sólo por saber si…, si le fuera posible informarme o tener a bien indicarme quién pudiera hacerlo….. Fórmula infalible: esa señora, siente algo que creía olvidado, algo que no tiene nada que ver con los sofocos y el abanico, y se imagina a este pimpollo sumiso susurrándole al oído palabras dulces y una mirada entrecortada y lasciva y no duda en encender el ordenador y buscar el expediente desaparecido. Alguna incluso se levanta de su mesa y con la excusa de buscar en el archivo se contonea indisimuladamente entre las miradas de envidia cochina de sus compañeras (ni que decir tiene que doy repetidas gracias acompañadas de sonrisas dulces y le deseo los mejores parabienes, no sin antes destacar la suerte de haber encontrado a alguien tan eficiente y amable, todo un despliegue de encanto y devoción que acaba justo cuando me despido y le quedo eternamente agradecido. Yo me vuelvo a casa a facturar y ella, con toda seguridad, al lavabo.
No se ha dado mal la mañana. Paseo de vuelta, error al seleccionar la cafetería para el desayuno (qué poca clase la de esta dependienta con aire de tronista! cuatro veces me preguntó qué le va a poner a la tostada y me la sirve con una mano vendada hasta al codo en el que se adivina la cola de un dragón tatuado). Morirá mileurista la niñata. Sin remedio.
Son las 12 y empieza otro fin de semana.

Desayunos….

De un manotazo tiró la caja de cereales de la mesa. Por un momento el aire se llenó de copos de avena que sobre el suelo de pizarra de la cocina simularon una incipiente nevada.
– Hasta el coño me tienes, Fermín!

No había duda, era a él a quién se dirigía Rosa a voces. Tras observarla unos segundos y volver la vista a la nieve cereal, sólo acertó a decir.
– Queda soja?

Unos años antes…..
Al principio todo fue como todos los principios. Sin embargo, en esta ocasión no había notado los signos inequívocos del deterioro.

Rosa apareció en su vida a puerta fría, literalmente.
– Buenos días, estamos en plena campaña de promoción de nuestras pólizas de decesos.
– Perdón?
– Los muertos, el seguro de los muertos, no tiene usted asegurada esta contingencia? Sabe lo que cuesta un entierro?

Casi sin darse cuenta se encontró con una buena cobertura abonada semestralmente y con la agente de El Ocaso, viviendo en su casa, no sin antes haberle presentado a sus padres y haber pasado una semanita entre Ávila y Segovia, que ella siempre había tenido muchas ganas pero que por unas cosas y otras…

De Rosa le gustó su valentía vital. Nada la paraba. Si algo se proponía, adelante. Esto, para un carácter pusilánime como el suyo, era todo un mérito. También le gustaba mucho, a la par, como Rosa le comía la polla. No había que darles muchas vueltas al asunto. A ella le gustaba y eso se notaba. Cómo en todo, Rosa mandaba y, en el tema del sexo, él se dejaba hacer. Y ella hacía y hacía muy bien.

El primer año fue un no parar. No había tarde sin actividad ni fin de semana de descanso. Cuando no era el cine, pues una exposición, o los bailes de salón, las manifestaciones o las presentaciones de libros. Lo que decía, un no parar. Todo el día zascandileando cogiditos de la mano.

Pero, no sabría decir cómo ni cuándo, todo empezó a cambiar y ahora, de un día a otro, casi sin darse cuenta, ya estaba sentado a la mesa de la cocina, absorto en el móvil y enfrascado en el desayuno, su comida favorita. Y entre ellos, como un infranqueable muro de Berlín, la caja de cereales tamaño familiar, marca blanca del Mercadona.

En su mente reverberaban las palabras de Augusto, su terapeuta de cabecera, el que le ayudó a salir del pozo negro en que se hundió cuando Martina lo abandonó, “esa caja, Fermín, esa caja, no es más que la concertina que os separa, y eres tú quien la colocas justo ahí, para impedir que ella se acerque…”

Tenía razón Augusto. Se sentía responsable. Rosa se había marchado, una más. Y no quedaba soja. Y no tenía más cojones que bajar al súper por otra caja. Qué vida!!!

Del Black Friday al Purple March

Del Black Friday al Purple March.

Terminó el Día de la Mujer. Todo un éxito, de crítica y público.

Algunos políticos se habrán ido a dormir con las medias puestas y sin desmaquillarse. Mañana guardarán el disfraz de mujer para la próxima campaña electoral. Ha sido un día duro. Travestidos y pugnando por ver quién la tiene más corta.

En mi bandeja de entrada, Amazon me recuerda las películas de Julia Roberts, Netflix me recomienda Juanita, en el App Store tengo Grandes Mujeres-Grandes Aventuras, Civitatis me ayuda si viajo sola y la App de Just Eat me ofrece un descuento para la hija, la mamá y la abuela.

Mi barrio está en fiestas. El gimnasio promociona el mes de marzo con matrícula gratis para ELLAS y en la pastelería el café es gratis para toda aquella que pida una torrija. Han tenido el detalle de colocarle una bandera morada al pastelito. La peluquera tiene el tinte pontecanas al 50% y Vane, la esteticista, ha colocado una pizarra en la puerta del gabinete con una promo agresiva: Recuerda, los pelos son sólo tuyos, pero si has decidido acabar con ellos, esta semana las ingles enteras por 20 euros.
Incluso, Wuan, el chino de mi barrio que nunca se pronuncia, ha colocado en la vitrina un rótulo que dice “mujel hoy todo balato “. Y es que el mercado, ese invento del opresor capitalista, ha colonizado este día reivindicativo. Pero no hay que hacerle ascos. Al fin y al cabo, una oferta es una oferta.

Mi barrio es muy pro igualdad y el vecindario está concienciado del daño que históricamente ha venido ejerciendo el hombre. Todos tenemos claro, clarinete, que el patriarcado es el padre de todos los males y que se debe erradicar y cuanto antes mejor. Es muy común que cuando un vecino descubre algún micromachismo en la actitud de otro, le golpea con fuerza y saña hasta que este último promete, por sus muertos, no volver a hacerlo.

En la plaza tenemos una hoguera siempre encendida y arrojamos a cualquiera que sea sospechoso de actitudes machistas. En ocasiones también se quema al que defiende la Transición, que no es más que una conjura del capitalismo y la monarquía.

El mes pasado fue Paco, el segundo marido de Rosa, un macho alfa paquidermo que indisimuladamente piropeaba a las chicas y contaba chistes verdes. Aprovechando que dormía la siesta, entre cuatro lo bajaron y arrojaron a la pira. Rosa, viéndolo arder, sólo acertó a decir que el hijoputa no sabía ni poner la lavadora.

Y nos da igual si son jóvenes o viejos, al sospechoso, humo. Marcelo, un profesor de filosofía jubilado, con bigote franquista, y que le daba al anís del mono sin mesura, hizo un comentario en la barra del bar sobre que ahora eran las brujas las que gestionaban la hoguera….y en un pispás, juicio sumarísimo y condenado a arder en público. Leonardo, el del videoclub de toda la vida y que ahora regenta un cíber café mezquita,  muy ducho en las nuevas tecnologías, graba la incineración en dvd y la reparte en las guarderías para ayudar a la educación de las nuevas generaciones.

Y es que mi barrio es mucho barrio.

Poleos y Caminatas

Al fin y al cabo el poleo no es más que una hierba simple y sosa y el Trekking es poner un pie detrás del otro. Todo lo demás es literatura. Quizás literatura elevada al mito, como la comunicación o el sexo. 

Si al andar le ponemos piedras y obstáculos le llamamos vida, si le añadimos campo y vacas y montañas, le decimos trekking y eso es lo que me han llevado a hacer allá donde se inventó el frío. Por amor, como no puede ser de otra manera. 

Y eso que como Sevillista hasta la muerte, lo de Greenland me toca un poco los huevos porque me imagino el paraíso del beticismo, allí donde reposan los dioses del imaginario blanquiverde. 

Tardé años en comprender por qué flotan los barcos pero pillé muy rápido que el frío es la ausencia de calor. Por eso no ha habido frío en estos días Greenland. Ha rebosado el calor humano. Calor por un tubo, para derretir cualquier iceberg que se ponga por delante. 

Cierto que el comienzo fue gélido con ese por entonces Andreu (alias Arnau) en plan sargento… Full Metal Jacket dando instrucciones y amenazando con las penas del infierno, pero poco después se descubrió como un ser vivo capaz de cuasi abrazar, y lo que parecía hielo intratable terminó como un moñas deshecho suplicando agua y una barrita de cereales. 

Como cualquier historia, esta tiene su núcleo, su turning point y en esta el turning fue directo al tobillo del pobre Paco. Nunca un hueso roto dio tanto juego. En su cama en Nuuk se le ha debido caer el suero y el nolotil por la de veces que lo hemos nombrado. 

Paco, nuestro Cid, ganando batallas después de muerto en combate, subiendo al cielo en un helicóptero rojo para encontrarse con las enfermeras inuits (ya no quedaban walkirias) que le acogerán con el tippi que nosotros no supimos ofrecerle. 

Y toda historia tiene lo que pudo haber sido y no fue y ahí dejamos a Montse que se despidió a regañadientes. 

Y toda historia tiene su parte incomprensible y esa es la que relata Ricardo, hijo mío, que no se te entiende un carajo cuando hablas. 

Me preguntan los colegas, oye qué tal el viaje y no dudo en decir que lo mejor, el grupo. Lo que inicialmente se me antojó como una panda de niñatos (no se me ofendan pero es que es casi insultante eso de andar por los treinta el que llega) terminó cuajando en una cuadrilla de seres entrañables muy por encima de la media. 

Esto es lo que tiene la generación de instagram y Tinder, son un poco exhibicionistas pero gente que merece la pena. 

Entre las caminatas y la canoa ha habido tiempo para todo. Convivencia sin astillas. Mucha dosis de chocolate y wasa. 

Gente de nivel, formada y reformada. De criterio. Y con registros. Capaces de adaptarse a las inclemencias sin rozaduras ni ampollas. Grupo que suma y ha multiplicado las risas y carcajadas. Con gente así se puede brindar con poleo menta en cualquier momento. Seguro que la vida, que no es más que andar hacia adelante, nos encuentra en cualquier sendero. Prometo que entonces llevaré unas botas adecuadas. Gracias Sergio. 

PD. Por favor, dejad que sigan creyendo que existe la Aurora Boreal. Es bonito ver a la gente mirando el cielo. Bienaventurados aquellos que a estas alturas siguen creyendo. ( Esto no es mío, sino de mis monjitas).