SEPTIEMBRE COMIENZA

Final de un verano que quedará marcado por la confusión y pasará a la historia (la corta historia de mi corta memoria a corto plazo) como una velada calima brumosa que confunde las fronteras, las líneas que delimitan la estación que termina. Afortunadamente no ha sido un verano de calor, veamos el lado positivo, sin embargo, siento que hiervo por dentro.
Las vacaciones fueron divididas, como de un hachazo, y resultaron en tres pedazos inconexos: Primero fue Oslo, más tarde Ibiza y, para terminar, los Pirineos. Tres en raya que siguen rayando, chirriando en mi cabeza. Ni el fiordo, ni el mar, ni la paz de la montaña consiguieron traerme la calma y el sosiego ((digamos que sólo en momentos contados)). Ni el impresionante Preikestolen, ni la Cala escondida, ni el agreste Aragón, mi preferido ((suelo llamar agreste al pirineo aragonés para diferenciarlo del educado y alpino catalán y el romántico navarro)) apaciguaron mi intranquilidad. Pero no voy a ponerlo en su debe. Soy yo y nadie más que yo el responsable de esta inquietud desazonadora.
Me siento incómodo. El cuerpo se queja y no está a la altura de lo que espero. Eso me importuna y me desestabiliza. O es al revés. El desequilibrio estresa los músculos que dejan de responder. Hoy ha aparecido una contractura inesperada, otra, y me impide girar el cuello hacia la derecha. Quieras que no, limita un cincuenta por ciento el ángulo de visión, pierdes perspectiva, dejas de ver las cosas desde otro punto de vista y el tortícolis te hace más bruto, menos objetivo, más tarugo. Aún más. Y lo peor es intentar responder al simple, qué te pasa? Y yo qué coño sé qué me pasa.
Ando por el Pirineo, tercera etapa de viaje de este verano descompuesto, espasmódico y ando cansado. El paisaje es agreste, arisco, como yo. Aunque siempre nos hemos entendido algo no ha funcionado esta vez. Me alojo en una recomendada casa casi perdida en el campo a diez kilómetros de una barra de pan. El lugar podría ser idílico, tanto para una boda civil como para encerrarse a preparar notarías. No estoy para lo uno ni lo otro ahora, ya volveré. Quién sabe. Albella, aldea de calle única y sin números. He subido a la ermita de San Úrbez, que me cuentan que fue un santo obligado a huir de un hogar burgués en Burdeos a causa de una persecución y que algo hizo con su bastón que se convirtió en puente y le facilitó cruzar el río. Me gustan las vidas de santos y me gustan los milagros. Y me gusta imaginar a ese pobre hombre corre, corre que te pillan, puto río, qué hago ahora, que no he venido hasta aquí para ahogarme sin remedio y no tiene más a mano que su bastón y su fe en dios, ayúdame Señor, y va que el bastón se convierte en puente y deja a los perseguidores con un palmo de narices y blasfemando en arameo (así nunca conseguirán un milagro estos infieles). La historia se merece una ermita. Si San Úrbez tuviera su facebook lograría miles de megusta. En mi caso, ni un milagro arregla esto. Me falta fe. Me sobra bastón.

En mi paseo me acompaña Leo, un viejo mastín sabio, acostumbrado a los huéspedes y que se convierte en mi mejor guía. Él me lleva al río, Leo, vamos al río, al paso por el camino y él me ha traído a la ermita, Leo, ermita, y allá que va. Leo no se impone, no molesta, no se sobresalta. A tu lado, nada te pide. No ladra. Espera que termines el baño o el rezo y te acompaña de vuelta. Su independencia me emociona. Se tumba a la sombra y no le presta atención a la avispa que pretende incomodarlo. Conoce su oficio. Me gusta Leo y envidio esa tranquilidad que desprende. Sabe que el partido está ganado y no habrá sorpresas. Estoy seguro que si algún idiota pretendiera jugar con él, o tirarle un palo, Leo lo miraría con displicencia y pensaría ((seguro que Leo piensa)) pero tú de qué vas, imbécil.

Entro en el pequeño cementerio junto a la ermita y me siento a leer sobre una de las tumbas. Sólo seis lápidas. Traigo conmigo La Ira de los Ángeles. Me gusta comprar libros en las tiendas de las estaciones y los aeropuertos. Hace unos años, en Delicias Zaragoza (quizás vuelva por última vez este septiembre), conocí a un librero que me recomendó a Connolly (John) cuando le dije que buscaba algo de novela negra. Leo a Connolly con pasión y me adentro en su universo tenebroso de espíritus y malvados hasta que me confundo con ellos. De nuevo, las fronteras pierden sus bordes delimitadores y todo queda turbio. Quizás sea yo el incapaz de separar los claros de las sombras. Recuerdo que lloré con el dolor de Charlie Parker, su detective, por la muerte de su esposa e hija a manos de El Viajante. También lloré por la muerte de la hija Michael, Mary en la tercera de El Padrino (ese grito en silencio de Al Pacino me acompaña desde que soy padre). Soy un padre llorón. ((Vivo en un disfraz de astronauta hecho de ironía, cosido con cinismo y revestido de extrañeza. Sólo salgo de él cuando bebo y cuando escribo. Últimamente, sólo cuando bebo)). Esto no es mío, pero me hubiera gustado.

Hace unos meses me pidieron una recomendación para la lectura. Equivoqué el nombre y le dije que un tal Michael Collins. Mi amigo le regaló un libro a su suegra que pasaba por un mal momento. Desde entonces ella se ha aficionado al tal Collins y ya no lee a otro autor. Ahora no es momento de hacerle salir de su confusión. Ella vive ilusionada en su engaño y quién soy yo para decirle que ni siquiera ese es su nombre verdadero sino uno de los muchos seudónimos que utilizó Dennis Lynds. En este caso el error ha hecho feliz a una pobre vieja sola. Bendita confusión. ¿No te has sentido nunca feliz al lado de la persona equivocada?

Leo rápido y no me detengo en los detalles. Rara vez recuerdo lo leído un par de semanas después. Vivo rápido y elimino recuerdos con facilidad. Si alguna vez intento recordar, mezclo y vuelvo a confundirme. Ahora me he quitado las gafas con la esperanza de que la mezcla de mi presbicia con la confusión de mi mente me devuelva un escenario sin distorsión, menos por menos, más. No ha funcionado, sin gafas las letras se emborronan y con ellas el pensamiento sigue opaco. El resultado es la mierda que estoy escribiendo. A lo lejos suena una tormenta. Pasan los minutos y ya no sé si está dentro o fuera de mí.

Me gusta leer y dejar de leer. Sigo la regla del diez por ciento: si el ejemplar tiene cien páginas debe engancharme en las diez primeras. Si no es así, lo dejaré. Pocos han tenido una segunda oportunidad ((El amor entre los peces es uno de los pocos)). Los que no pasaron la criba vivirán en el purgatorio de mi mesita de noche hasta que les llegue el infierno de mi chimenea (esto de quemar los libros me lo enseñó Carvallo, el detective de Vázquez Montalbán). Me gustaría recordar los títulos que no pasaron la prueba pero mi memoria es confusa y sólo está dotada para recordar tonterías. Con dificultad recuerdo los títulos que me han hecho reír este verano pero el autor era un tal Glattauer. No es idiota esto?

Me gusta leer en papel, no quiero ebook (rompí con la novia que me regaló uno. También terminé con la que me regaló un intercomunicador para el casco de la moto, qué manía con tener que hablar en todo momento). Quiero papel. Nada virtual. Realidad, algo tangible. No me fío de lo que no suena cuando se cae al suelo. El ebook sigue en la mesa esperando su irremisible destino (irá al contenedor, como la tele que le regalaron a María o el cortacésped que se me ocurrió comprar un sábado de lluvia).

Mi novia pegatina exprime la vida. Y a mí. Digamos que me llevo bien con ella. No diría lo mismo respecto a sus hormonas. Cuando se pone seria dice cosas rotundas, contundentes. Hace unas semanas me dijo algo así como, no sé si fue literal pero más o menos el titular quedó, eres mejor amigo que pareja. Terrible tesitura, le llevo la contraria o le doy la razón? Ahora quiere que lea a Isabel Allende y anda disgustada porque todavía no tiene planes por el tercer fin de semana del próximo abril. Yo sigo confuso y ella tiene las cosas claras: un beso lo cura todo, repite como un mantra.

(((qué sería de Facebook si le quitamos los gatos, las frases moñas, las fotos de playas y atardeceres, los vídeos de caídas y tanto wapo y wapa…..))) Pongo en el FB una encuesta de propósitos para el nuevo curso y recibo numerosas propuestas. Tiene truco. Está decidido, voy a organizar un grupo musical (sería pretencioso llamarlo banda de rock). De momento será un conjunto….vacío. El primer encuentro es ilusionante y, aunque no lo he consultado, Septiembre comienza, me parece un buen nombre. También se me ha ocurrido organizar un huerto. La próxima primavera verá nacer mis primeros tomates cherries. Unos me dirán novelero, otros me envidiarán. Yo no diré nada, como siempre. Música y hortalizas. Tiene cierto tufo monacal. Ora et labora, canta y trabaja, siembra y recoge. Del ensayo a la azada, de la partitura a la calabaza, del pentagrama a la lechuga.

Septiembre comienza, bendita rutina. Espero la llegada del colegio y las lentejas de los lunes. El despacho se llena con los divorcios veraniegos. Son muchas las parejas que mueren con el calor. De vuelta al gimnasio el PT me tira al suelo a machacar el core, la franja abdominal que equilibra el cuerpo. Mira por dónde, quizás encuentre el equilibrio arrastrado como una cucaracha. Cuando me deja respirar un rato recuerdo que él ha estado de vacaciones en Brasil. Qué tal, cómo fue, le pregunto. Uff, magnífico, me dice, sabes que allí el Opel no existe, son Chevrolet. Un Opel Corsa en Brasil es un Chevrolet Corsa!! No quise seguir preguntándole por su viaje. No sabía qué pensar. Otra vez la confusión. Hice flexiones hasta que perdí la conciencia. Cuando desperté la pesadilla seguía vívida en mi mente. El verano aún no había empezado.

DOMINGO DE CUCARACHAS (Por encargo).

La mayoría de los actores se ven obligados a lo que llaman películas alimenticias. Ya sea por exigencias de la productora que las incluyen en el paquete contractual junto a otros guiones más apetitosos, o ya sea porque la cuenta corriente se esté tiñendo de rojo, la cuestión es que en ocasiones tienen que prestar su cara y su fama a historias difíciles de explicar y contar pero, al fin y al cabo, un profesional es un profesional y además eso hace que el gran público no te olvide. Cumples el encargo y a otra cosa. Ya vendrán tiempos mejores.
También los periodistas tienen su vena “alimenticia”. Sobre todos aquellos obligados a una columna periódica. No es difícil comprender que no siempre el genio está a la altura de las circunstancias, que te pilla una semana fuera de lugar, una inoportuna gripe, un escarceo de las musas pero….la columna no perdona. Llega el domingo y ahí te espera, así que haz lo que quieras pero escribe. Se nota, indudablemente, se nota. Y aún más cuando el tema es impuesto, pero así es la vida.
¿Y qué decir del débito conyugal? No siempre la obligación te pilla con el tono suficiente. Pero cumplir hay que cumplir. Y ahí que estás, con el piloto automático, tirando de playback. Como un señor. Todo un caballero.
Y yo que me he impuesto esto de juntar palabras y el verano me tiene desganado y que me llega el domingo y me quedo en blanco. Es ahora cuando se debe tirar de oficio. Todo tiene su truco y no me importa desvelarlo. Cumplo un encargo. Hace años, una chica nos pidió (a Sebas y a mí, que escribíamos a cuatro manos) que relatáramos su historia. La cuestión era simple. La pobre había sido engañada por ese marinero que tenía una novia en cada puerto, no mucho que contar pero con un poquitín de maestría le hicimos su relato, al que llamamos Amor Foie.

Hoy tiro de encargo e intento hilvanar la historia dominguera de M (no escribo el nombre para que nadie identifique a María). M tiene pánico de las cucarachas. Aversión, horror, se queda paralizada, ni puede gritar. Lo ha intentado todo. Terapia conductista y de choque, hipnosis, sofrología, autosugestión. Nada, sin resultado. Me cuenta que ello le viene desde pequeña y no entiende la razón. Tanto a su madre como a sus hermanas las cucarachas les pasan inadvertidas, seres asquerosos pero poco más. Cuando le pregunto por su padre, me dice que lo desconoce (tanto a su padre, como si le daban miedo las cucarachas).

M sabe mucho de cucarachas. Creo que sería capaz de mejorar la entrada que la wikipedia tiene para estos bichos. Su tipología, variantes, costumbres. M puede estar hablándote sobre cucarachas horas seguidas. Eso sí, cruza sus brazos sobre el pecho como intentando abrazarse y levanta las piernas recogiendo los pies en la silla para evitar un eventual encuentro con una cucaracha en el suelo. M lleva años intentando encontrar una explicación para su miedo. En realidad, M busca una explicación para todo pero eso es otro tema.

Fue en una reunión de estas relacionadas con los miedos atávicos donde M conoció a F (prefiero la inicial para no descubrir a Fidel). Por lo que me dice, a F le aterrorizaban los aviones (personalmente creo que eso era otro cuento de este argentino, F es argentino, charlatán. Imagino, vendría a España en un avión y lo del miedo lo utiliza de excusa para no volver). Como dije, F era el típico charlatán de feria. Cuando le pregunto a M a qué se dedicaba, no sabe ser concreta, escribe, inventa, ahora anda liado con un diccionario de palabras inexistentes pero que deberían existir. Viaja, dice que es un trabajo de campo. Va por ahí preguntado al personal si echan en falta alguna palabra, si tienen algún temor, una sensación, una necesidad y no encuentran la palabra adecuada. Cuando F detecta esa palabra necesaria que aún falta en el lenguaje, se la inventa. Y así, va elaborando su diccionario. Tiene más de cuatrocientas ya. Interesante le digo (no se me ocurre otra cosa) y hurgo un poco más (sólo por mero interés profesional porque la historia se me queda corta).
¿Te lo tiraste?, le pregunto. Y M se ríe. Sí, fue un impulso. Nunca he deseado más a un chico. Recuerdo que fue al salir de la primera sesión. Directamente, le abordé y le dije que le quería invitar a un café. Creo que estuvimos hablando doce horas seguidas de nuestros miedos antes de desnudarnos. El sexo con F era fantástico. Recuerdo que le dije, me he quedado sin palabras. Entonces el me prometió que inventaría una palabra para mí y desapareció.

Sí, exactamente, desapareció sin decir nada. Imaginé que andaría por ahí con sus investigaciones. Pasaron más de tres meses sin noticias de F. Una noche, de esas que el calor te impide dormir, daba vueltas en la cama con la ventana abierta. Ocurrió lo inesperado. Una cucaracha de esas volantonas, rojirubia, entró y quedó como despistada sobre la sábana blanca. Estaba horrorizada (yo, no la cucaracha). Me costó más diez minutos reaccionar. Finalmente, cogí el móvil y llamé a F. Fue lo primero que se me ocurrió.
F hay una cucaracha en mi cama.
Mirala fijamente, que sepa que no le temés, me dijo, llego recién.

No sé cuánto tiempo pasó. Me quedé allí, sentada en la cama mirando la cucaracha. Cuando sonó el timbre de la puerta abrí rápidamente. Era él. Tenía el pelo más corto. Me apartó dejándome a salvo del peligro y me preguntó, dónde está. Le señalé con la mirada junto a la almohada. F se acercó, la cogió entre sus dedos pulgar e índice y la tiró al suelo. Yo estaba anonadada (imagino que la cucaracha también) y sin dejar de mirarme, la aplastó con su pie izquierdo, asegurándose de que quedara bien aplastada. Luego, se me acercó y me besó como sólo F sabe besar. Al oído me dijo, piba, traje una palabra nueva para vos.

(((Personalmente, yo la historia la dejaría aquí. Tiene su aquel. M quiere añadir que F volvió a desaparecer tras el segundo encuentro y que no ha sabido nada de él (han pasado tres años). Tampoco han vuelto las cucarachas a su apartamento. Al parecer, el nuevo presidente de la comunidad ordenó a una empresa especializada una desinsectación a fondo, el muy hijoputa. Como en Romeo y Julieta, esta historia de amor también termina con veneno, pero no es igual. Seguro que Shakespeare no escribía por encargo)))

INFIERNO BLUE

Una de las características de Satanás es su capacidad de simular. El engaño es estrategia habitual en manos de Lucifer. Como buen manipulador no se conforma con un simple hacer creer, jugar al despiste o las medias verdades. Maléfico te ha de llevar al huerto (en su caso se llama infierno), darte gato por liebre y confundirte hasta que no distingas el bien del mal. No contento con hacerte caer en la tentación, Belcebú no cesará hasta que le adores. En definitiva, estarás quemándote con él en el fuego eterno y felizmente engañado, convencido de que optaste por la solución correcta. El ángel caído es todo un maestro de la publicidad y la propaganda. Tal es así que el infierno tiene su marketing, ha sabido venderlo, se antoja hasta divertido, al contrario de lo soso y aburrido que pintan el cielo, el infierno es como ser del Atleti, tiene su punto, Sabina le canta y siempre es cool.

El infierno mola. A las llamas que nunca cesan las llamarán ambiente cálido para que no temas y las convertirán en rollo barbacoa veraniega style. El personal tiene un morbo especial. Seguro que no te aburres entre bandidos, adúlteros, banqueros y putas. Tiene mejor prensa el asesino que el santo, el perdedor siempre ha sido más literario que el triunfador y la canalla gusta más que el probo ciudadano. Como sabe más por viejo que por diablo, ha sabido convertir las debilidades en fortalezas y los puntos débiles del producto se ofrecen como una oferta irresistiblemente atractiva. Pronto, todos con camisetas I love infierno.

Y en estas y otras reflexiones ando cuando me encuentro arrastrado a Ibiza (vacaciones en familia). La isla, como el infierno, se vende bien. Según El País, en la ruleta lo apuesta todo al lujo y gana, no conoce la crisis y pone el cartel de completo cada verano. La clave del éxito, convertir la caminata insoportable hasta la cala escondida en la búsqueda del paraíso, del lugar idílico y el shunda shunda discotequero en el sancta sanctorum de la vanguardia moderna de la música electrónica a la que peregrinan todos aquellos a los que no importa saber cuándo y dónde empieza y termina la canción y los nuevos gurús arañan el pentagrama y llenan sus cuentas ya rebosantes con el caché recibido por destrozar la música. A esto se le añade el haber sabido combinar el engendro con un aire de lugar entrañable para las familias, que a base de repetirlo se termina creyendo y el aroma nostálgico del flower power, de aquellos hippies desnortados de los años sesenta, de los que quedan algunos, dicen, que siguen alimentándose de raíces y caminan con taparrabos trasnochados. Son los menos. Aquí la mayoría son hippies disfrazados con más o menos acierto. Unos, los que se pueden permitir la moda ad lib de Charo Ruíz se dejan los euros en la túnica blanca lacia pero los más, se limitan al pantalón corto, muy corto. Eso sí, todos con chanclas, lo que da otra vuelta de tuerca a mi martirio particular. Y es que arrastrar los pies y llevar chanclas es misión casi imposible. De los tatuajes hablaré otro día. No obstante estoy tentado a entrar en Tattoo Palace y aparecer con un “me cago en tó” indeleble en el pecho.

La noticia del verano es la droga caníbal. Otro gran acierto producto del marketing. Es el tema estrella. Está estudiado que su anuncio atrae más público del que rechaza. A fin de cuentas, el retorno de la inversión está garantizado. A los millones de visitas que los videos del youtube consiguen con las imágenes de los canibalizados, debemos añadir que el tema elimina del top ten de la conversación, el auténtico trending topic caníbal isleño que no es otro que pagar treinta euros por un plato de pasta en un chiringuito de playa. Al primer sablazo estoy tentado de morder al camarero en el brazo y que me aten y lleven al centro de salud. Los negocios rotan y cambian de mano año tras año. No es sostenible mantener doce meses los costes fijos de un negocio que funciona sesenta días a base de atracar al turista. El calendario ibicenco no se rige por el sol ni la luna (((Aunque el público se conglomere al atardecer para tocar los tambores con la puesta de sol, otro éxito: convertir la hora muerta en que las familias tradicionalmente se marchan de la playa para ducharse y prepararse para la noche, en bullicio que paga el mojito a precio de oro por ver el sol ocultarse))) Aquí la temporada la marca la apertura y cierre de las macro discotecas y una vez que estas pliegan la isla hibernará hasta nueva orden. El público en general se alimenta de comentarios generosos sobre Lío, donde pagas 200 euros por cubierto, bebidas aparte, el servicio de escort para no almorzar en solitario y el súper exclusivo Sublimotion de Paco Roncero a 1500 el menú del día. A la familia de postureo le gusta eso de aparentar convivenciar con la jet mientras espera en la cola de la pescadería del primer Mercadona abierto en la isla. Urgell y Matutes triunfan.

El resultado final es una paleta abigarrada donde se mezcla la pareja de valencianos sin hijos, la familia acomodada madrileña, los grupos de despedidas de soltera y otros de maromos que parecen celebrar la licenciatura del cuartel de artillería, junto a belgas con caras de despistados, noruegos asalmoneteados, parados andaluces que hacen el verano en los chiringuitos y tercera edad sin pudor ante el topless. Los famosos, de existir, se ocultan como el monstruo del lago Ness. Dicen que este año ha aparecido un jugador suizo que ha estado en el banquillo de su selección en el mundial y que en agosto vendrá Guti como estrella invitada de un DJ de carromato. Si se lo permiten sus operaciones, también pasará unos días la baronesa Tita Cervera.

A las maravillas de esta isla se le une un calor sofocante y pegajoso que me deja K.O. El mar no me relaja, me narcotiza, hunde la presión arterial y yago tumbado, me arrastro sin coordinación y echo en falta el halo vital. La humedad del ambiente lucha con mi necesidad de respirar y gana por goleada. Paso las primeras 48 horas de adaptación tumbado en un estado de narcolepsia inducida. No acierto a abrir los dos ojos al mismo tiempo. En mis sueños abomino del flower power y todos los powers que hayan existido, incluida Romina Power. Como Tyrone Power, sueño con ponerme el cuchillo entre los dientes y emular sus abordajes piratas. Espero que mi conciencia frene el deseo de asaltar inocentes transeúntes y convertirme en el primer serial killer de la isla. En mi defensa alegaré el bochorno como eximente.

Me cuentan que el modelo hippy market de las Dalias se está exportando al extranjero. Es todo un fenómeno de estudio para los jóvenes MBA. Un payés garrulo pero muy, que muy, listo arrienda el aparcamiento en que ha convertido el campo de coles que heredó de sus abuelos, para que se instalen los artesanos, en su origen, y hippies de boutique a vender sus productos (40 euros la semana por cabeza). Es toda una atracción y los buses de turistas tienen allí su parada. El garrulo factura los cuatrocientos tenderetes en un cuadernillo guerrero de alambre espiral, cobra el parking a tres euros y vende botellines y menús del día en su casa. Nada de IVA ni impuestos, que todo eso es una invención del sistema capitalista. Modo todo en negro On. Las niñas se paran en un kiosko donde una francesita que no llegó a sacar la ESO pinta uñas a cinco euros. Seguro que sus padres presumen de que la niña está de Erasmus en España. Yo me compro unas picotas y las pago en tres plazos. Al fin y al cabo, me estoy comiendo el logo de Pachá.

ERRORES, MENTIRAS Y ESTADÍSTICAS.

Me gusta la moto. Monto desde los veintipocos, cuando mi padre no pudo oponerse más. Me gusta su plasticidad, sentirte flotar en el aire y me gusta creerme que piloto en vez de conducir. La moto ha condicionado mi forma de vestir y la moto ha moldeado mi carácter, acelerado más que rápido, inquieto, curioso. Me ha enseñado a no hablar con el acompañante (una novia me regaló un intercomunicador para el casco y la dejé). Valoro más el viaje que el destino y me va pone eso que llaman equilibrio dinámico.
Pero el verdadero morbo está en que la moto no te permite un error. Puedes ser el conductor más precavido o diestro, experto o audaz. Un error y estás muerto. Es así. Y gusta jugar a que nunca te vas a equivocar. Error.

Juan Carlos ha abdicado. Deja el negocio a su hijo, como cualquier buen padre. No opino de la monarquía como sistema político por dos motivos: uno porque es indefendible, otro porque es domingo y los domingos son para tonterías. El ciudadano Juan Carlos ha hecho bien su trabajo. Hasta los más feroces antimonárquicos lo reconocen. En su vida laboral destacan grandes logros y se ha valorado su saber estar. Todo esto lo dicen las estadísticas. No obstante, quizás pase a la historia por el elefante, el yerno y los cuernos a Sofía. Errores. El niño ya no necesita equivocarse, trae de fábrica los errores de serie de su padre.

Si gogleas Zidane te aparecerá el cabezazo a Materazzi en su despedida. De Michel tendrás una foto tocándole los huevos a Valderrama. De Butragueño aquella instantánea con la polla suelta por el calzón y de Cardeñosa el gol fallado ante Brasil. Errores. ¿Qué más da una magnífica trayectoria deportiva, un toque exquisito con la derecha, un detener el tiempo parándose en el área? Todo esto queda en nada ante el error. ¿Qué le vamos a hacer? Son nuestras raíces cristianas. El santo más santo del mundo irá al infierno si, al pobre hombre, después de toda una vida de entrega, sacrificios y bondad se le ocurre tocársela la noche antes de su muerte. Un error y te jodes la vida eterna.

He vuelto de vacaciones. Una semana noruega. De estos países tan ordenados poco se puede decir. Terminas abrumado por la puntualidad, la limpieza y el buen funcionamiento de los servicios públicos. A mi edad ya las noruegas no me parecen tan espléndidas y deseadas y, la verdad, es que son un poco vacas frisonas. Los noruegos presumen de ser caros, muy caros, el país más caro del mundo, que es algo tan tonto de lo que presumir como cuando los béticos del universo se vanagloriaban de todo el dinero que tenía Lopera, “pa’ tostá una vaca”, decían.

Recordaré que pagué ocho euros por una Heineken y el poco entusiasmo de los locutores de la Norge TV2 retransmitiendo el Brasil / Alemania. Cosas del círculo polar.
Dice mi chica que dije “teniendo en cuenta que no me gusta el mar ni caminar, el viaje no ha estado mal”. Hubo errores pero en términos estadísticos el viaje fue todo un éxito: 7 días muy bien y uno de puta pena. La media que sale es altísima. Error. Error estadístico. Si yo me como un pollo y tú no comes nada, la estadística dirá que nos hemos comido el pollo a medias. Hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas. Cada uno tiene su versión pero a mí no me quita nadie de la cabeza que la equivocada fue ella.

En Oslo se entrega el Premio Nobel de la Paz. Mahatma Gandhi nunca fue premiado. Barack Obama sí. Error. Mentira. En Stavanger se peregrina al púlpito, una imponente roca que se alza majestuosa sobre el fiordo a 600 metros. Como no tienen santo al que abrazar cuando termina la peregrinación, los más frikis o desesperados se tiran al abismo. Quién sabe si en busca de las walkirias. Al menos les queda el Youtube para que su gilipollez no pase desapercibida por las generaciones venideras. En Bergen se come salmón. Salmón salvaje, dicen. Mentira. También ballena. Este mes duplicaré la cuota a GreenPeace para que me perdonen. Una malagueña charlatana anima a los turistas a probar las delicatesen. Va de coleguita. Mentira.

En estas y otras consideraciones me andaba cuando una amiga me apunta unos trazos de lo que califica como vacaciones surrealistas. Me vuelvo, dice. Volver es positivo, la animo, no dejes de sonreír. Voy en moto y la cabeza me va ordenando un relato sobre mujeres que viajan (unas hacia dentro, otras hacia fuera. A unas les pesa el pasado, a otras el futuro. Otra no quiere pensarlo y luce orgullosa el pedrusco de diamantes que la ata). Error. Volver es positivo, me compro la idea.