DE CINE…..LA ISLA MÍNIMA

He dejado pasar una semana para ver el poso que dejó LA ISLA MÍNIMA en mi memoria. Salí confundido. Me gustó (venga, total son siete euros) pero algo no encaja. Me pasa lo mismo con el entrenador del Sevilla, Unai Emery, es bueno, saca partido a lo que tiene, trabajador incansable pero no brilla y a veces se le funden los plomos.

Año 1980 y un par de policías que son enviados por castigo, a resolver la desaparición de dos adolescentes en un poblacho de las marismas del Guadalquivir. Por entonces Villafranco, hoy Isla Mayor. Lo mejor, la dirección y la fotografía. Alberto Rodríguez ya ha demostrado que tiene talento y ahora con esto de los drones le saca mucho partido al paisaje marismeño, esos caminos de albero (qué buenas rutas ciclistas hacemos por ahí, verdad amigos?) y arrozales donde se funde el Guadaira con el Guadalquivir.

Un problema. El guión. Le falta un repaso. Queda espeso, sin trabajar. La ambigüedad no es calculada sino fruto de cierta mezcla desordenada.

Otro problema. La interpretación. Raúl Arévalo da bien cuando va de chufla. Tiene gracia el tío y Javier Rodríguez es un buen profesional. Para una juerga ambos. Sin embargo, cuando les cae un papel serio, ponen caras de estreñidos (típico en los actores españoles) y ya no sabes si el uno está preocupado por su familia, por el destino o por la desconfianza en el compañero o el otro tiene esa cara porque le duele la vejiga o no ha superado su pasado en la brigada político social de Franco. Para colmo también aparece El Niño, Jesús Castro, que tiene una cara (muy guapo sí, muy guapo) pero que sólo tiene una y le da igual si está roneando con la muchachita que chuleando a la policía.

La peli está bien cuadrada, la cuestión técnica es notable, la ambientación buena pero yo estaba pensando en mi bicicleta y los caminos de La Puebla y no consiguió atraparme el drama de las niñas. En definitiva, aprobado por la Mínima.la isla mínima

 

 

MEMORIA MUSICAL

Aceptando el reto de mi Migue, Miguel A. Fernández (aquí no hay Ice bucket challenge, gracias a dios), rebusco en la memoria sentimental para ver qué notas musicales ha guardado y me sorprendo con el resultado. No encuentro nada más allá de mi temprana adolescencia. Pocas impresiones posteriores (y siempre más ligadas a revolcones sentimentales que a la partitura y el pentagrama). Ahí va.

 

  1. Jimi Hendrix 1968 Electric Ladyland. Mis vecinos dejaron de verme como un chico normal.
  2. Lou Reed. 1972. El concepto wild side me impregnó para siempre. Mis primeras drogas. Vicious y Perfect Day.
  3. The man who sold the world. David Bowie. El Glam, señores, el Glam. Brilla o muere.
  4. Thick as a brick. Jethro Tull. 1972. Me flipé con la flauta travesera de Ian Anderson. Mi madre, que por aquel entonces todavía pensaba que podía hacer carrera conmigo, me compró una flauta (Fa Alto). Años más tarde una guitarra, una armónica peruana y un acordeón. Juro que es verdad. Mi madre y sus regalos (prometo relato).
  5. Made in Japan. Deep Purple. Perdía la conciencia con el Lazy. Me los presentó mi primo Gael llegado de Marruecos, el mismo que con ocho años me había llevado a ver El Graduado.
  6. Janis Joplin. Recopilatorio. 1973. Me and Bobby McGee, quizás la canción que más he cantado, a grito pelado, en el coche con los cristales subidos.
  7. Rory Gallagher. 1973. Mi primer gran amigo cómplice, Antonio y su alter ego, Rory, bipolar maravilloso enamorado de la Tattoed Lady. Cuántas veces he estado a million miles away de todo.
  8. A por ellos que son pocos y cobardes. Loquillo y Trogloditas. 1989. Doble Directo. Se acabó la era de la inocencia. Aprendí a ser infiel. El rompeolas y La mataré. El yin y el yan.
  9. Eric Clapton. 1992. Vas conociendo el dolor y te haces persona.
  10. Green Day. 1994. Me define. Un niñato. Por siempre.

 

 

Otoño…….micro

Soñaba con su jubilación sentado en el banco del parque dando de comer a los pájaros bajo el árbol que le vio nacer. Aquel lunes gris una ráfaga de viento otoñal, una rama vencida le partió la cabeza. Tus palomas no te olvidan.

DE CINE……EL NIÑO

el niñoPues sabe dios de cuándo no visito la pantalla grande. Si mal no recuerdo, tras los Apellidos Vascos, aborté La Vida Inesperada (insoportable, me largué antes de terminar) y he andado disfrutando del placer solitario, o en compañía, del portátil  y el download de las dos temporadas de House of Cards (vaya pareja de villanos), otras dos de Orange is the New Black (un saco de maravillosas secundarias) y ahora vivo en la inquietud de The Leftovers. Bueno, a lo que iba, que nos fuimos a ver El Niño. En mala hora.

Mi novia rotunda suele decir que no me gustan los niños y al final le voy a tener que dar la razón (antes muerto). En la fila de la taquilla dos opciones: Boyhood y El Niño (la cosa va de niñatos). Total, que vamos para dentro a tragarnos ese thriller impactante del que hablan todas las críticas. Mamarrachos.

El chaval, Jesús Castro, la nueva promesa del cine español de acción, nuestro Daniel Craig de futuro, es un electricista churrero que se presenta al casting para saltarse dos horas del instituto. Dicen que da muy bien en la cámara, que no se inmuta (yo digo que no se inmuta, que no pestañea, que no tiene registros, vamos, que es un palo). Con su colega, el compi (apodo tan ridículo como el insti) buscan el dinero fácil en el mundo de la droga y allá que va con su moto acuática, moto va, moto viene a la orillita de Marruecos. De thriller nada porque el final se intuye y para eso no se necesitan 135 minutos de lancha planeadora y helicóptero perseguidor. ((a propósito, si alguien quiere aprender a contar una historia en 30 segundos que no se pierda el inicio del capítulo 6 de The Leftovers). Para colmo, la proyección se interrumpe y deja al personal esperando en la sala hasta que una limpiadora llega y dice a grito pelado “dizcurpen, que ahora empiesa otra ve” (muy bien estos del Nervión Plaza).

En fin, que los camellos pardillos se ven envueltos en tramas más profesionales y aquí también el guionista simplifica. Están los malos (gamberros simpáticos que se dejan querer), los malos de martillazos y los malísimos que te cortan la cabeza. A, B y C en el ranking.

Por supuesto, tenemos romance. Entre que El Niño expresa poco y la morita que tampoco da para mucho, las escenas de amor son de felicidad estreñida. Y la nota cómica que no falte: El Compi con su novia Marifé y el padre Picoleto.

La película tiene un acierto. Si se trata de utilizar a muleros de los que no se sospeche para pasar la droga, vamos a utilizar a personajes de los que nadie sospeche que son actores. No obstante, al Niño le auguro un buen futuro (final abierto para segunda parte??). Pronto tendrá una serie en Antena 3 y quién sabe si una novia ex miss España. Con suerte, terminará como Mario Casas o Miguel Ángel Silvestre. Si no, acabará en Hombres y Mujeres y viceversa y haciendo bolos en las discos de segunda de La Mancha.

En definitiva, no más niños por favor. Ni la lotería del…..Me lo tengo merecido, quien con niños se acuesta meao amanece, decía mi yaya.