YOGA
Estoy nervioso. Hace unos días anuncié en FB ….».Desde que tengo uso de razón (poca) me han repetido tres cosas. Que no hunda los hombros, que sea simpático y que practique yoga. El próximo lunes tengo mi primera clase. Las otras dos deben esperar. Modo zen on».
Y hoy es lunes. Todo preparado. Será a las 18 horas, tengo la esterilla y el ladrillo (bloque de corcho que se utiliza de apoyo, me dicen). A esa hora, llegará Teresa. Espero que sea puntual. De no serlo estaré más nervioso aún y no creo que sea la mejor manera de empezar.
Los más cercanos me han inundado a comentarios. Mis expectativas no están claras. He pasado de la absoluta incredulidad a la gran esperanza. De pensar que esto es como intentar hacerme creer que el ajedrez es un deporte, a confiar que desaparecerán mis contracturas. De ser así, de poderme olvidar que existe el trapecio alto y de que las escápulas no han sido puestas en la evolución humana para joderme, no sabré a quién agradecerlo. No tengo claro si esto tiene que ver con Buda, con Krishnamurti, con el Mahatma Gandi o con Martin Luther King. No tengo nada claro y eso me pone nervioso, muy nervioso.
Soy físico, muy físico y mal dotado para los conceptos abstractos. Me pierdo. Y quiero controlarlo todo. Sé que me entusiasmaré y en semanas estaré escribiendo un libro….El Yoga y Yo…..20.000 palabras sobre Yoga, Yoga para Dummies o El Yoga y su puta madre. Dios dirá.
Ya le he avisado a la instructora (¿se dice instructora, profesora, monitora?) que un bloque de mármol tiene más elasticidad que yo y que la madre naturaleza no me dotó de flexibilidad alguna. Soy rígido, como si ya llevara el rigor mortis puesto de nacimiento.
Estoy nervioso. Hoy puede ser un gran día. Algo va a cambiar. Algo que empezó hace muchos, muchos años.
Muchos años antes…..
Mi primer recuerdo de actividad deportiva se remonta a los 13 años. Me dieron un guante de beisbol. Hicimos una fila todos los compañeros de la clase. Enfrente, el entrenador iba lanzando la pelota. Llegó mi turno. Miré al cielo la parábola que hacía la pelota, extendí los brazos, abrí el guante, el sol me deslumbró y la pelota me golpeó la frente. Caí de espaldas, todos rieron y allí terminó mi incursión en el beisbol
Después llegaron las raquetas: el tenis, frontón y el ping-pong. Y las paletas de playa. No se me daban demasiado mal. El de cancha me ayudó a salir de casa y el de mesa a salir de clase.
Después llegó el fútbol, demasiado tarde. Eso se debe mamar de pequeño y de ahí mi incapacidad para dar un buen pase. No será porque no le he puesto afición y horas, pero ni por esas.
Entre medias, un paso fugaz, muy fugaz, por la gimnasia deportiva y algo de atletismo en las carreras de medio fondo. Nada muy mencionable…… (paro aquí las memorias del músculo).
………….Tengo que pensar qué ropa voy a ponerme…..Un chándal Adidas? Hay sección de Yoga en Decathlon? el pijamas? descalzo? Tengo que repasarme las uñas. Qué horror, son las 14 horas y no sé qué ponerme. Definitivamente, el Yoga me pone de los nervios.


