IMPRESCINDIBLES

Hubo un tiempo en que volaba por la carretera para llegar a casa antes de las cuatro de la tarde, que era la hora en que empezaba Cheers. No podía pensar que podría vivir si me perdía algún capítulo del día a día del bar de Boston where everybody knows your name.

También era impensable perderme un capítulo de Falcon Crest en su momento y recuerdo las peripecias de los martes cuando tenía que acudir a una clase que coincidía con los enredos de los  Gioberti y los Agretti.

He pasado por creer que moría si me saltaba alguna tertulia de El Gato al Agua, no grabar una carrera del mundial de motociclismo, perderme el dominical de El País o el futbito de los sábados a las diez. Todas y cada una de estas aficiones y rutinas fueron en su momento vitales, imprescindibles. Habría matado, sin duda, a quien las pusiera en peligro.

Con igual vehemencia he disfrutado A las Once en Casa, Los Soprano, La que se avecina y Modern Family. Mi vida no tenía sentido sin el Jack Daniels en las copas, el Winston pata negra después del café, los churros y el arroz de los domingos. Hoy mi vida está vacía sin la bicicleta, los cereales y la soja de Mercadona.

De igual manera, he llegado a pensar que me faltaría la respiración si aquella rubia no me volvía a llamar porque en el mundo nadie podría sustituirla. Me convencí que nadie igualaría sus besos y que no encontraría unas manos como las suyas. También estuve convencido de que jamás volvería a decir “te quiero” tan de verdad.   

Asimismo, habría apostado una fortuna a que nunca mi blackberry podría ser sustituida. No entendía la vida sin El Larguero y ahora me falta sin Rock FM.  Hubiera jurado que no existía lugar mejor para vivir que aquel ático modélico en Las Góndolas. Al final, sólo reconocí que me había tragado docenas de nuncas y jamases.

Y así andaba, descreído. Con la desilusión de la certeza que todo es prescindible. Creí haber aprendido que todo pasa, nada queda. Y en esto llegó ella. Hace unos años, dos, quizás tres. Todo un descubrimiento. Si al principio fueron encuentros casuales, en poco tiempo estuvo a mi lado día a día. Antes de darme cuenta se había convertido en mi segunda piel. Me acompaña día y noche y no puedo vivir sin sentirla junto a mí. Es adictiva, estoy enganchado, lo reconozco pero no me puedo separar de ella. Algunos amigos se ríen y me aseguran que es prescindible, que pasará, que me olvidaré, que debo intentarlo, dar el salto, andar decidido, no tener miedo pero…..nadie va a conseguir despojarme de mi camiseta térmica, mis camisetas térmicas. Nos hemos convertido en inseparables. Son algo consustancial a mi persona, parte de mi piel. Los que me conocen y me quieren no paran de asegurarme que existe vida más allá de la térmica pero no les creo. Llegará el deshielo, arribará la primavera y para entonces, me lo pensaré. Mientras tanto, mi térmica seguirá adherida a mi epidermis como un tatuaje permanente. Al fin y al cabo, me ayuda a mantener con vida este corazón helado. Calor de Decathlon.

 

 

DE CINE….EL LOBO DE WALL STREET

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Tenía ganas de cine y el viernes tarde me merendé EL LOBO (de Wall Street). Cuando te metes tres horas entre pecho y espalda y sales con ganas de más es que la cosa ha ido bien. Decir de Scorsese que es un enano genial no tiene mérito. Decir de DiCaprio que me equivoqué cuando le pronostiqué que era un niñato guapito más del cine americano, lo digo, me equivoqué. Este tío es un actorazo. Un pedazo de actor con todas las letras.

 

La historia es casi lo de menos. Tampoco vamos a hacer sangre de la banca, la bolsa y las hipotecas basuras. Esta es la vida de un tipo que sabe cómo vender y vende. Da igual. Vende y vende, y vuelve a vender. No importa qué ni a quién. Vende.

 

Y este tipo se encuentra en un sistema que compra, compra y vuelve a comprar. La mezcla es explosiva. La peli es bestial, derrocha fuerza, ímpetu y energía. Las escenas, tanto las individuales como las corales llenan la pantalla. El casting de actores, secundarios y figurantes es un total acierto. La vida golfa de drogas y putas de este fulano provoca la risa y la envidia. El colapso personal, físico, mental del protagonista es inevitable. Revienta. La cinta es eléctrica, divertida. Resacón en Wall Street. Golfa, gamberra, con escenas impagables. 

Dinero y follar, tanto monta, monta tanto. Y mucha droga. Y más dinero y más follar. 

 

La moraleja: gana millones de dólares, delata a tus colegas, pactas con el fiscal, tres años de cárcel y una multa. A vivir que son dos días. En la actualidad, el fulano cobra 3500 dólares por conferencias y ponencias de fuerzas de ventas y motivación de equipos y se ha llevado una pasta por asesorar al director en la peli. Además de los derechos de autor de su libro. Lo que digo, un artista este Jordan Belfort.

 

Me gustó tela y me lo pasé de puta madre. El único pero es la banda sonora. Le faltó contundencia. Mi acompañanta no pensaba lo mismo pero no íbamos a discutir por eso. A la salida nos metimos dos rayas (de helados, se entiende).

 

  

 

PD. En la fila justo delante de mí un soplapollas tontolculo estaba sentado con su hijo de 5 años. Probablemente, era su fin de semana con la custodia del menor y tuvo la ocurrencia de llevarlo al cine. Pensaría que lo de EL LOBO era un cuento. Tardó más de dos horas en sacar al menor de la sala. Así lo parta un rayo.

 

Otra PD. La rubia prota está como un queso. Alguien en la sala gritó “Coño!!!” cuando apareció en bolas.

 

 

 

DECLARACIÓN DE AMOR

Pasé la noche en vela. Imposible conciliar el sueño. Si en algún momento caí rendido duró poco y sobresaltado por la pesadilla recurrente volví a enredarme en el pensamiento obsesivo y desasosegante que nublaba mis entendederas en los últimos tiempos. Miré el reloj y me devolvió las cuatro cincuenta como un flechazo. En poco más de tres horas me encontraría con ella. De nuevo desayunaríamos juntos, antes de entrar en su trabajo, como habíamos hecho durante los últimos doce años, día tras día de lunes a viernes, de ocho a ocho quince. Doce años esperando que llegue mañana: 14/1/14, ese número especial para ella.

Recordé cuando  me dijo que el 14 era su número favorito. También recordé su color preferido, el celeste y así será mi camisa. Recordé que detesta las rayas por eso mi corbata será lisa, recordé que le parece poco elegante el tercer botón de la chaqueta abrochado y recordé que el pantalón ha de ir planchado sin marcar. Recordé la fragancia para hombres que le gusta y me aderezaré con ella. Recordé que no soporta la impuntualidad y estaré a menos cuarto en la parada esperándola. También sé que no soporta el fútbol, aborrece la carne, detesta la prensa del corazón y abomina del móvil, novedades informáticas y de las redes sociales.

Le pediré su descafeinado, de sobre no de máquina, con leche, semidesnatada, mitad templada mitad fría, sacarina, nada de azúcar,  y su croissant tostado, no quemado, con mantequilla de porción, el zumo de naranja natural sin pulpa. Me cuidaré de no mencionar  al PP de Rajoy, ni alabaré las bondades del nuevo Papa, tampoco aludiré a Rubalcaba. No comentaré nada de Cuatro, Telecinco ni la Sexta, ni sacaré en la conversación cualquier noticia que no haya sido portada en La Razón. No olvidaré la propina.

Rezo porque haya tenido una buena noche sin migrañas, cefaleas o dolores premenstruales. Quiera dios que su cena fuera ligera y no le haya causado dolor estomacal, ardentía, aerofagia o meteorismo. Ojalá no haya padecido el insomnio que le ataca ocasionalmente y haya podido dormir sus siete horas, treinta minutos necesarios. Espero que no tenga trabajo acumulado en la oficina, no deba asistir al Pleno con su jefe, estén todas sus compañeras disponibles, ninguna de baja por enfermedad, todas aquellas que sean madres no hablen de sus hijos y no aparezca por el servicio el viceconsejero. Esto le ayudará a mantener estable su estado de ánimo.

En la ducha memorizo mentalmente la lista de temas tabú que la indisponen. Los cinco grandes prohibidos. No quiero meter la pata: nada de viajes, deportes, gastronomía, toros y niños. Por supuesto, móvil desconectado. Doble afeitado, ni sombra de barba.

Noto que me tiemblan las piernas y me temo que el sudor nervioso me manche las axilas. Antes de coger el ascensor vuelvo a entrar en casa y me tomo otro sumial. Me miro al espejo y me doy ánimos. Camino de la parada del bus repaso el guión de mi declaración: Marisa me gustas mucho. Me encanta tu buen humor y adoro tu naturalidad. A tu lado me siento yo mismo. ¿Te quieres casar conmigo?

LA PELUQUERA

Alba se llama. Morenaza de ojos verdes, un lunar en el labio que distrae de cualquier otro pensamiento y una sonrisa que es el cielo en la tierra. Del culo mejor no hablamos porque entonces pierdo el hilo de estas letras.

 

Me cayó como regalo del cielo. No andaba yo en mis mejores momentos, llamaba a la puerta el invierno y el primer catarro me tenía acobardado bajo la mesa de camilla. Obligado a salir a gestionar unas facturas erróneas en Endesa, pedí el turno en la cola y ella me dio la vez. Sin molestarse en bajar el tono y asegurándose de que todos la escucharían dijo:

-Llevo aquí media mañana y esto no se mueve y después dirán que es culpa del ordenador que va lento y yo no puedo perder el día esperando que ahora con las navidades tengo la peluquería de bote en bote.

-¿Eres estilista? – Me atreví a preguntar.

-¿Estiqué?- respondió con frescura- Peluquera, con local propio que el alquiler es tirar el dinero.

Y se me quedó mirando muy fija, que le he gustado, pensé, y en esto que me dice

-¿Y tú no te pones nada para fortalecer las raíces?, mira que antes de que te des cuenta se te ve el cartón.

Intenté disculparme explicándole que mis entradas son de siempre, de toda la vida, las leyes de la genética pero me cortó al instante

-Anda, vámonos de aquí y ya vendremos otro día que se nos va la mañana y deja ya de hablar de leyes que paso de política. ¿Has desayunado? Yo quiero un zumito y media con jamón.

-Camarero! un descafeinado, de sobre- pedí.

-Tú no serás maricón, no?

 

Quise decirle que estoy dejando la cafeína por un problema gástrico reciente pero no me dio lugar.

 

-Tú te miras mucho, como la Vane, mi compañera, que siempre se está tomando las pulsaciones y yendo al médico, hipocontraria, que es la tía.

-Hipocondríaca, la corregí.

-Mira que eres pedante, pero tienes algo que me gusta. Ponme un whatsapp y quedamos el viernes, bueno, mejor el sábado y me llevas a cenar por ahí, pero nada de sitios de esos con muchas tonterías, que yo me como las papas fritas con las manos.

 

Y así es como se metió en mi vida, de golpe. De vuelta a casa no podía parar de pensar en ella. Conociendo mi debilidad mental ya me veo sometido a toda clase de experimentos capilares sin poder decirle que no. Estoy nervioso ante la propuesta para este próximo sábado. Yo voy con claras intenciones de echar un polvo pero lo mismo salgo con un alisado japonés. Me lo temo.