Crónicas del revés (5)

Hi! Es la contraseña en este mundo feliz. En este paraíso todos nos saludamos. Al principio me resulta extraño. Después es fácil: Hi y una sonrisa al que pasa a tu lado.

A veces no se quedan en el saludo. Es un pueblo amigable y charlatán y si te descuidas estarás inmerso en una conversación. En un instante te están interrogando, de dónde eres, dónde vas, y si les das cancha te recomendarán algùn museo local para conocer su historia (!). Si les preguntas por sugerencias para el viaje, te dirán que no conocen los detalles pero que es muy bonito todo, hay mucho que ver y te animan a seguir.

En las toilets del camping me encuentro tres veces con el mismo adolescente desgarbado cubierto de acné. La primera nos decimos Hi!, la segunda es una mueca a modo de sonrisa. La tercera simplemente nos descojonamos. Parece que la regularidad de mis intestinos va pareja a su onanismo. Este canijo no para y terminará quedándose ciego, seguro.

De qué se puede hablar en el cuarto de baño me pregunto. En un ascensor tiendes a comentar el tiempo pero frente al espejo, en otro idioma y cepillándote los dientes es difícil pegar la hebra.

Hoy toca limpieza de la furgo. Es como cambiarle los pañales a un mastodonte viejuno. Empiezas a hurgarle los orificios y el dinosaurio empieza a evacuar lìquidos de distintos tipos. Después, con la manguera dejas todo como los chorros del oro. En esto que pasa una señora de las de por aquì y nos advierte de no olvidar el cierre del disposal y cerrar la damp station. Parece que ha dicho eso pero no la he entendido, así que la despacho con un Hi! y se va contenta y silbando. Estos aborígenes son felices como pitufos. No tienen malicia. Por ello nos aprovechamos y vamos hurtando los servilleteros, saleros y azucareros del camino. Qué le vamos a hacer. Somos pícaros gitanos y nuestro adn nos lo impone.

Ayer excursionamos en water taxi. Un señor muy amable nos lleva en su lancha por la costa y nos comenta los mil y un detalles que no nos debemos perder. Vemos los escenarios de El Señor de los Anillos como extras y figurantes. El taxi va dejando en diversos puntos de la costa a los aventureros más avezados que tienen que volver por su cuenta al punto de partida. El grupo es multi étnico. En cuanto se baja el coreano, María advierte que se ha dejado olvidada su taza termo de Starbucks y ante las dos opciones: a. Le aviso a gritos y regresamos a devolvérsela y b. Me la quedo para mi que estaba deseando tener una y se joda el chino y preste más atención, opta por la b. Está contenta con este regalo de los reyes de oriente.

Ademàs de pájaros, miles, vemos focas y como regalo final dos orcas y una ballena piloto. El taxista nos señala el punto donde se encuentran y nos deja unos minutos para nuestro asombro y recogernos las babas.

Tras la excursión empezamos a bajar la costa oeste. Es increíble. Apoteósica belleza. Sólo el camino que nos lleva de Westport a Greymouth merece la pena el viaje. Los dioses maoríes nos regalan un día primaveral y hacemos el lunch justo donde Eva debió merendarse la manzana que le ofreció la bicha mientras que el inocente Adán andaría reciclando inconsciente aún de las vergüenzas que le colgaban. Por la tarde llegamos a Franz Josef, la zona glaciar. Las nenas admiran esa lengua potente de hielo que hace burla al pintoresco pueblecito alpino.

Una de mis costumbres es viajar con ropa vieja. Así, una vez usada, la voy dejando atrás. Es como mudar la piel de la serpiente u otra forma de renovar el vestuario. Tirar la ropa del viaje, volver con las pilas cargadas y la maleta vacía, los amigos que me conocen suelen aprovecharse de mi espacio libre para cargarme con los souvenirs que ellos han comprado. Es todo un rito y especialmente entrañable para aquellas prendas a las que les tengo especial aprecio. Me han acompañado, han vivido pegadas a mi piel y ahora, una vez cumplida su función, les llega su hora y, quedan en algùn lugar pintoresco con mis mejores recuerdos. Junto a un reguero de calzoncillos y calcetines viejos voy dejando algunas de mis prendas favoritas. Así, mi cortavientos azul etxeondo, inseparable en tantas rutas de btt, queda junto al monte Tangariro para siempre. Y los vaqueros Hilfiger vivirán sus otras vidas en las Pancakes frente a la costa. De alguna manera, vuelvo renovado y ligero de equipaje. Viajar es limpiarse el alma y despiojarse de las inmundicias de la rutina. Aire fresco.

Crónicas del revés (4)

Quizás no lo haya dicho (escrito) nunca pero hoy voy a hacerlo NO SOY PERFECTO. Ya, sé que es difIcil de entender pero es así. Es màs, estoy muy lejos de llegar a serlo. Creo que he renunciado incluso a tal objetivo.

Mis imperfecciones tienen que ver con mis incapacidades. Aunque alguna las oculto en el cajón de lo que no me gusta o no ne apetece, en el fondo no son màs que el reconocimiento tàcito de mi falta de habilidad, destreza o entendimiento. Me quedé en las ecuaciones de segundo grado, no entiendo cómo podemos ver la tele y me costó sudores asimilar el principio de Avogadro y el flotar de los barcos.

Soy cortito, qué le vamos a hacer! En el nùmero 1 del top ten, de mis incapacidades estàn las instrucciones. No entiendo las instrucciones y por ello no las leo, no las sigo, me irritan, las detesto. Y hoy todo viene con un libro de instrucciones (sI, un libro, no una pàgina, un decàlogo sino un libro y traducido a veinte idiomas. Seguro que los malos escritores que no venden un libro ni a sus familiares se vengan escribiendo manuales de instrucciones. Por mi 50 cumpleaños me regalaron una cuerda para saltar a la comba y venìa con su manual de instrucciones de 125 pàginas. Y ninguna decía cómo ahorcar al instructor.

Aquí en las antípodas también hay instrucciones (por eso no es un paraiso 100 por cien. En mi paraiso no habría. Si todo està claro, no necesitas explicación. En el paraiso bíblico tampoco había instrucciones. Sólo una orden, no comas la manzana, la has comido, fuera. No era necesario explicar por dónde debìan salir.

La autocaravana es el colmo. Es el paraiso de las instrucciones. A las propias de un vehículo se le añaden todas las de una casita de muñecas con todos sus accesorios y ademàs sus servicios . Imposible. Me rindo. El manual necesitaría de otras vacaciones para leerlo y de media vida para entenderlo.

Funcionamiento y limpieza del inodoro químico, las conexiones eléctricas, la bomba de agua, el frigo cuando puede o no conectarse, la luz y la fuerza, el agua potable y la de uso general y eso sin mencionar cómo se pone o se quita la mesa, se bajan las barandillas, se ajustan las cortinas, se fija la escalera, se descongela el frigorífico o se conecta la televisión satélite. I M P O S I B L E!!!

La ventaja de viajar acompañado es que puedes dividir las tareas y largarle al otro/a las que tù no quieres.

La anécdota de la jornada es que no tenemos cobertura en el camping y además no tiene wifi…bueno, tiene pero el personal cierra a las 18 y hemos llegado tarde. Esto no sería un inconveniente si mi teléfono tuviera cobertura pero NO tiene. Ahora sí que estamos en el culo, puto culo, del mundo….y es maravilloso!

Nos hemos levantado a las 6 para coger el ferry que nos lleva a la isla sur. Hemos visto amanecer en el puerto de Wellington (curioso, pero a todos los que pregunté por el terremoto de la semana pasada me contaba algo diferente) y disfrutado de un día primaveral en el crucero y después recorriendo la costa desde Picton a Marahau (Aquí el personal intuye la próxima estación y se acorta las mangas en las camisas y pantalones). Tras los viñedos del condado de Marlborough hemos serpenteado la costa hasta las inmediaciones del Parque Nacional de Abel Tasman..Todo perfecto, modélico (nos alucina que esté todo tan cuidado y controlado. Parece como si un equipo de paisajistas pintara un cuadro al detalle cada mañana. Nada sobra, ni una rama. El césped recién cortado. El camino perfectamente delineado, pintado y avisado). Como decía, todo perfecto salvo que son las 18 horas y no tengo cobertura. Estoy desconectado y por delante, al menos, 12 horas desligado del mundo. Empiezo a hiperventilar.

Mis primer matrimonio se acabó cuando se nos averió la televisión. Era una Elbe de 15 pulgadas que un día dijo ya no màs. El servicio técnico tardó siete días en dar con la tecla y durante ese tiempo ella y yo tuvimos que hablar de «nuestras cosas». Fue definitivo. Junto al recibí del arreglo firmamos los papeles del divorcio. No sé qué pasarà hoy.

Este pueblo es joven. Este pueblo sabe lo que hace y lo hace bien. Y se cuida y protege para que nadie venga a joderles el paraiso en el que viven. Son agradables y educados, se les nota felices. Se desviven por ayudar y no presumen. Miras a tu alrededor y ves las cosas bien hechas. Pràcticas, simples, austeras y bien hechas.

Cuando dejas de mirarlos (mezcla de raza caucàsica, aborigen, asiática…) Y miras su mundo entonces ya empiezas a alucinar. Esto es una bendición. Bendito sea el volcàn que en su erupción creó esta tierra. Sientes que no puede durar, te imaginas que, al igual que nació, cualquier día un fenómeno natural se los lleva por delante y desaparecen del mapa. Quizàs por eso se sienta tanto la vida en estos parajes. Parece que la naturaleza aquí ansía vivir porque sabe que el fin puede estar cerca. Al mismo tiempo, todo es tan nuevo. Huele a nuevo este país de juventud insultante.

En este viaje he hecho un gran descubrimiento: me encantan los amaneceres. Flipo. Así como critico a todos aquellos que cuelgan soles vespertinos en su facebook, yo hago lo mismo pero con el amanecer. Los de aquí son apoteósicos. Recuerdo que una loca me hablaba de los ritmos circadianos, esos biorritmos que marcan tu tendencia vital, que si unos los tenemos de día y otros de noche. Definitivamente, yo soy de día. Y de días como estos que estoy viviendo. Aunque ahora mismo me encuentre en el quinto carajo!

Se atribuye a Joselito y cuentan que después de torear en La Coruña, sobre las doce de la noche, en el hotel, llamó a su mozo de espada y le dijo que preparara el coche, que salían de inmediato. El mozo protestó con un, maestro, sabe usted la hora que es y lo lejos que està Sevilla, a lo que el torero contesto. Lejos està esto. Sevilla està donde tiene que estar.

Pues eso digo yo. Esto està tela de lejos but I like it, like it, yes, I do. I like it.

Seguimos a los glaciares…..

Crónicas del revés (3)

Españoles, ole ole, por el mundo mundial.

Lo mejor de viajar en nùmero de tres es que cualquier discrepancia se resuelve con la democràtica solución del voto: dos ganan, uno se jode. Lo peor de viajar de tres, si dos son tus hijas, es que ese uno siempre eres tù.

Este axioma tiene especial relevancia a la hora de elegir dónde comer. Cierto es que la calle principal de un pueblo de 200 habitantes, por muy principal que sea, no da para mucho. Si obviamos el chino (Clau), el resto de oriente (María), yo, sin voto ni derecho de veto, me veía abocado a los hidratos de la pasta y las pizzas o al socorrido bocata de atùn en la furgo, cuando de pronto, al doblar la esquina me pareció reconocer un nombre familiar que me salvó en el ùltimo segundo. Suspiré aliviado

Eso es lo que tienen las cadenas de franquicias multinacionales. Ya sabes qué te vas a encontrar. No esperes cambios en el sabor pero lo que no me esperaba al entrar en Nando’s, exitosa cadena de Pollo piri piri Portuguesa (algùn dìa contaré como la conocì en mi último viaje a Londres) era encontrarme con una chica de Talavera, muy simpática, eso sI, que hablaba y hablaba como si fuera el ùltimo dìa de su vida. Fue escuchar mi acento español en el mostrador al ordenar la comida y erupcionar como un volcán de esta parte de la tierra y soltarme un hola que soy española que mi novio ingeniero que allí no hay trabajo que nos vinimos que nos han dado la nacionalidad que mi madre me echa de menos que él está todo el día trabajando que yo sin estudios echo unas horas en la cocina con los pollos que somos pareja hace once años pero no estamos casados qué alegría encontrarme unos paisanos que dónde os alojàis que dicen que la isla sur es màs bonita que perdona que os dejo que se os enfría el pollo que para lo que os haga falta que si no nos ayudamos nosotros quién lo va a hacer pero que mira que es guapa la pequeña que nosotros todavía no andamos buscando niño pero a él ya le gustaria pero yo digo que nos demos unos años para disfrutar que somos jóvenes que hace unos días pasó por aquí un chico de Granada pero comed comed que se os enfría y a ver si nos vemos otro día que pena que os marchàis hoy que he hecho en casa una tarta muy rica con una receta de mi tía Gracita hermana de mi padre que la podíais probar pero vamos anda comed que frìo se queda muy tieso el pollo…..

No. No se ahogó. Era habilidosa y sabía hablar y respirar al mismo tiempo. Dios, que làstima del pobre novio ingeniero, cuando ese chaval llegue a su casa después de 12 horas currando para la empresa de aguas.

Aceleramos la comida y nos fuimos antes de que nos recomendara un postre.

Recordé entonces aquellos viajes en coche con mis padres a Barcelona y lo contento que nos poníamos todos al encontranos con algùn otro vehIculo con la matrícula SE por la carretera de Despeñaperros arriba. Mi padre tocaba el claxon y el resto bajaba la ventanilla para saludar en el adelantamiento al vecino que respondìa a golpe de claxon.

Ahora la matrícula provincial ha desaparecido y también han desaparecido las pegatinas en el auto, aquellas de Soy de Sevilla, casi na. Y las de Curro y la Expo han pasado a la historia y ya no hay pista que nos avise de vecino cerca. No obstante, se produce una cierta alarma inconsciente cuando escuchas tu acento o tu idioma, cuando reconoces tu tribu y esto, cuanto más lejos estàs, mayor intensidad tiene. Si en Londres te cansas de españoles, aquí en NZ casi te alegra la sorpresa de encontrarte con otros que han tenido la misma loca idea que tù.

A la mañana siguiente estamos organizando los preparativos de la ruta y una voz a nuestra espalda nos sorprende. De nuevo el ritual del santo y seña españoles da pie a abrir una conversación amigable con ese desconocido que comparte contigo el principio de territorialidad y que se siente orgulloso de pertenecer a la misma tribu. Casi llegamos al abrazo. Es un chico alto, habla relajado, tiene en la cara un algo de alelado y una mirada dulce. SonrIe suave y nos dice que llegó hace dos años a hacer un doctorado y que està pensando en quedarse. Se le escapa un deje de tristeza y melancolia. Camina a nuestro lado con un aleteo infantil. Cuenta las bondades de este pais en el que se siente acogido y de su relato se intuye que quizàs encontró en esta tierra media la llave para salir de ese armario que en su pequeño pueblo manchego estaba atascado. No quiere volver quizàs porque cree que tendrIa que explicar tanto y a tantos que no le compensa el esfuerzo. Echa de menos a su madre pero algo en su mirada delata que no quiere enfrentarse a una charla con su padre. Nos decimos adios con cariño y le dejamos andando feliz y cogiendo flores.

La excursión de hoy patea una zona geotermal. Huele a demonios y el azufre se te pega a la piel. La tierra hierve y se reconoce viva, ebulle el lodo, humean las fumarolas y el geyser saluda lanzando un chorro alto a los turistas que aplauden con los flashes. El agua es una paleta de colores.

Del relato de la guIa me quedo con un detalle que me sorprende. Allí en el cràter donde se adivina el peligro de la zona inhòspita y empieza a faltar el oxígeno, el estornino busca los agujeros donde poner los huevos y que el calor de la tierra los incumbe. Me gustó esa extraña solidaridad del reino mineral y animal. La vida siempre se abre camino.

Seguimos rumbo sur.

PD. La gallina negra de patas gruesas y recias se llama Pukeko y hay miles. Kiwi no hemos visto aùn. Parece que quedan pocos. Tampoco Orcos.

Crónicas del revés (2)

Palabras

Abro los ojos y una gallina negra de patas gruesas y recias picotea el césped alrededor de la furgo. Gotea el ambiente y esto es una mezcla de la Asturias de Doctor Mateo con el Hawaii de Perdidos. Salgo de la autocaravana a estirar las piernas y una morena salerosa hace estiramientos (esos de llevarse el talón a la punta de la nariz mientras con la otra pierna se toca la nuca) y me dice hola (no sé cómo puede hablar y respirar en esa posición). Acobardado respondo buenos días y para no ser menos intento llevar el triceps derecho a la escàpula izquierda, lo que me provoca que se me descuajeringue el deltoide y me pinche y se me haga bola el hombro. Español? Pregunta la guapa, del sur, me sale aguantándome el dolor muy machito y remato con, de Sevilla, ole! Juro que no he sido yo, ha debido ser el espíritu de la cruzcampo que echo en falta o la sangre agolpada en la sien por estar bocabajo en las antípodas.

He debido caerle en gracia porque esta española por el mundo empieza a contarme qué se le ha perdido por aquí. Todo ello sin dejar de estirarse (que diría mi Raùl que se mueve màs que la compresa de una coja) y de unir puntos imposibles de su cuerpo.
Erase una vez, en un tiempo lejano, cuando yo jugaba a deslumbrar a las chicas con la àvida intención de seducirlas, solía recurrir al tema viajes (era como elegir el tema Geografía frente a Deportes en un concurso imaginario llamado Me la Tiro, No me la Tiro) recuerdo que una gaditana me contaba su impresión sobre Grecia y el Partenón. Killo, bonito si es bonito pero eso es como Ibiza en escombros. Mucha piedra. «To mu estropeao»
No sé si lo que me gustó fue su capacidad de síntesis y su pragmatismo o el descubrir que hay otros seres como yo, dotados de una insensibilidad tan hermosa y de esa incapacidad tan al alcance de pocos para transmitir emociones.
A lo que iba, la morena se sube ahora a la mesa de piedra habilitada para las meriendas en el Kiwi Camp, se tiende, flexiona brazos y piernas y zas, el pino puente ofreciendo al cielo un ombligo maravilloso con un piercing y dejando entrever por la zona donde de pequeño me extirparon el apéndice un hermoso tatuaje de una serpiente que se le perdía hacia el monte de venus (iba a escribir la jungla pero lo soñé depiladito). No contenta en tal posición, encoge la cabeza en retroversión llevàndola hacia el coxis y mirando abajo, a la fría piedra me resume como nadie ha podido hacerlo el espíritu de este pueblo Maorí: chico, a estos si no se los lleva por delante un volcàn, se los comen los pájaros. Y tras sentencia tan definitiva saca la cabeza, se impulsa con fuerza con las piernas hacia detràs y de un salto limpio en flip flap queda de pie sobre la hierba en una ejecución perfecta mientras a mi se me caían los mocos con el frIo y la puntuaba con un 10 en su actuación de gimnasia de mesa de estos juegos de invierno.

En esto que aparece el maromo (una guapa así nunca va sola), sacado de una revista de Iron Man, descalzo, pantalón corto ajustado, torso descubierto marcando tableta y masticando una barrita energética, me mira, comprueba que no resulto peligroso para su chica (yo en babuchas, chandal del decathlon y polar, coño que son 3 grados) y me dispara qué tal chaval, frío, no? Helado confieso. Y me remata, pues ya veràs en la isla sur. Te vas a cagar (a mi me sonó como te voy a calentar a ostias si no dejas de mirarle el culo a mi piba).

La pareja vecina es de Madrid, ademàs de monisimos los dos, encantadores. Nos cuentan que llevan un mes recorriendo new zealand, nos dan mil y un detalles y recomendaciones, nos señalan en el mapa todo lo que no debemos perdernos y nos aseguran que ellos lo han pasado genial (salvo cuando la autocaravana se jodió la cabrona y el guaperas tuvo que remendar el palier, el cigüeñal y la transmisión electrónica y todo ello con un trozo de alambre, algo de loctite y una navaja suiza multifunción….quizàs exagero este detalle pero por su importancia premonitoria el lector lo perdonarà…) En fin que el chico me deslumbra, ella ya lo había hecho, y nos despedimos con un hasta la vista y allí se quedan, estirando y calentando porque el mozo querìa hoy, a modo de despedida, hacer ala delta sobre el cràter de nosequé volcàn por su cara norte, la sur, dice era una mariconada. Ella dice adios con la mano y en el movimiento de su muñeca se adivina que la artrosis anquilosante està lejos de llegar. Maldita juventud.

Tras una pequeña parada de avituallamiento en el carrefour de aquí y una ligera desavenencia entre la niña del gps y el mapa que lee mi hija (una para el norte, otra para el sur) dejamos Auckland y cruzamos dos veces un precioso puente sobre su bahía punteada de veleros a los pies del skyline). Nos dirigimos a Rotoura pasando por Mata Mata y digo yo que con estas palabras todo puede pasar y es que tras varios chasquidos, en plena ascensión al Monte Maunganai (menos mal que en vía con dos carriles) la furgo pierde potencia, yo que aprieto pero que nada, se viene abajo, vamos, vamos tù puedes, el pedal se queda flàcido y gatillazo a mitad de la subida. Quièn quiera ver en esta escena un símil de índole sexual que se lo haga mirar. Aquí no hay impotencia sino cable de acelerador roto.

Me acuerdo del guapo del camping. Yo hubiera hecho lo mismo pero no tenía loctite y tampoco navaja. Lo intenté con el peine pero como no era de los buenos porque siempre uso los de las amenities que me traigo de los hoteles, se me rompió al primer intento y ahora ya me veo despeinado hasta septiembre.
Tiro de móvil pero una muchacha muy amable me dice hasta cien veces sin alterarse que the number is not valid así que salta a la carretera, intenta que te pare un aborigen, haz caso omiso a los insultos de los otros conductores que se encuentran en plena curva ascendente con una autocaravana parada y duda entre si es mejor que las niñas se queden dentro o fuera de vehículo.

La escena da susto pero el final es feliz. Un amable señor nos contacta con su móvil con la aseguradora, la policía nos protege hasta que llega la grùa y en el taller descubren que pueden arreglarlo sin tener que pedir recambios a la ciudad. Con un retraso de tres horas retomamos nuestro viaje. En el intermedio Clau se lo ha pasado genial con la aventura y se ha reìdo como una loca jugando a imaginarse historias de miedo. María me ha dicho que estaba orgullosa de mí. Como un campeón no he blasfemado ni perdido la sonrisa en todo día. Cosas de las antípodas.