San Valentín (R.I.P.)

El primer San Valentín sin él. Lentamente la vuelta del calendario llegaba a febrero y de nuevo los recuerdos se le agolpaban atropellados. De un lado tantos momentos felices, de otro, sus últimos meses en constante vigilia. La quimioterapia había fracasado, la morfina apenas aliviaba los dolores y le proporcionaba un par de horas de descanso entre inyección e inyección. El final era inminente y como tal había sido aceptado. Siempre, junto a él, al lado derecho de la cama, ella lo reconfortaba con palabras suaves o con su silencio. Velaba su sueño delirante y amortiguaba su dolor con lo que se intuía una sonrisa y una caricia en su mano yerta. Aquellos últimos días reclinada sobre el lecho donde se apagaba el hombre de su vida, el único, su Andrés, quien le había dado tanto…..

De nuevo, y aunque no era aconsejable para su duelo, volvió a abrir el portátil donde él pasaba tantas horas. Entre los documentos, esta vez se percató de una carpeta titulada personal. Al principio no lo comprendió. En ella, cientos de fotos de Andrés, su Andrés junto a una mujer más joven, sonrisas, abrazos, algunos besos. Rodeados de quienes parecían amigos. Siempre se le veía reír. También muchas cartas, cientos de correos electrónicos cruzados con esa mujer. Se detuvo a leer algunos mientras se le helaba el aliento. Andrés escribía y parecía sincero, su matrimonio nació muerto, comentaba. Llevaba tiempo intentando la separación, quería que ella lo comprendiera, la situación era muy difícil, no deseaba hacerle daño a la madre de sus hijos. Le repetía TE QUIERO y TE QUIERO con letras mayúsculas y le dibujaba corazones como un adolescente. Andrés, su Andrés, le prometía que faltaba poco para que pudieran estar juntos y que muchas noches soñaba que su esposa ya estaba muerta y ellos serían felices, muy felices….

G.

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Miss Deseos….(1)

 

Ya está bien de pamplinas. Se acabó el mantra ficción, todo ficción. Voy a abrir el pecho. Voy a compartir con vosotros, espectros de la amistad del Facebook, algunos, quizás todos, de mis sueños, esos deseos más ocultos y mejor guardados hasta ahora. No busco la catarsis liberadora, no me oprime el pecho. No se trata de salir del armario. Es simplemente contaros qué me gustaría y que por ahora no lo he podido conseguir. Digamos que es una lista de objetivos. Sólo me mueve el que me conozcas un poquitín mejor. Quizás así también te ayude a contar lo que no has contado. Ahí, va el primero.

http://youtu.be/6UBwtL__280

Efectivamente, no es cuestión de cantar ni ser una estrella del rocanrol. Tampoco anhelo sentir eso que se debe sentir en mitad de un concierto ante miles de fans y grupis con el mechero o la luz del móvil coreando tus canciones. No es ser poeta y buscar el endecasílabo perfecto ni afinar con oído absoluto de Mozart. No quiero ser el líder carismático de una banda de gran éxito. No me pone Woodstock. Es simplemente cantar esta rumbita que me alegra el corazón y taconear con salero agarrando a María Jiménez por el talle. Sólo eso. Ahí está, casi na! Con un vídeoclip casero, artesanal y poco cuidado. Y es que esta canción me hace reír y me alegra el corazón. Y cuando me pilla en el coche, cierro las ventanillas y enfilo la autopista a grito pelado…Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe o un dentista…tú, te quedas a mi lado y el mundo me parece más amable, más humano menos raro…

…….Continuará (He cruzado océanos……)

COMUNICANDO

Esta señora sabe lo que dice. Es más, tiene claro lo que ha visto, lo que pasó y lo que quiere decir pero el resultado es un video de humor.  Si analizamos la situación, tenemos emisor y receptor, también canal, mensaje y contexto. En puridad podríamos decir que falla el código (sistema de señales o signos que se utilizan para transmitir un mensaje) pero ella no lo sabe y el resultado es hilarante. No obstante, la receptora, en este caso la entrevistadora, muy educada, le da las gracias.

Y en estas andaba yo pensando la de veces que lo que digo (lo que el otro/a dice que he dicho o interpreta que he dicho, o que realmente he dicho) no es lo que yo quería decir. En los últimos tiempo he pasado de la boutade, “la comunicación es un mito”, a estar “comunicando” y entiéndase este comunicando como imposibilidad de comunicación. Vamos, cuando llamas al otro/a para decirle algo y no puedes porque el teléfono está “comunicando”.

Me llevan los diablos cuando tengo que explicar lo que he dicho (normalmente busco otras palabras, parafraseo, indico el contexto, etc para facilitar la comprensión, lo que suele resultar imposible en la mayoría de las ocasiones). Me llevan los diablos cuando el otro/a entiende al revés lo que he querido decir (normalmente poniendo otro sentido a las palabras o cambiando el contexto) pero admito que esto puede deberse a que no me he sabido explicar. De ahí mi repetido “no me he explicado y no me has entendido”. Me llevan los diablos cuando el otro/a manipula conscientemente mi mensaje para reinterpretar lo que he dicho. En estas ocasiones que refiero el resultado no suele ser humorístico como en el vídeo sino más bien jodidamente triste. Patético, vamos, tú di lo que quieras que yo voy a entender lo que me dé la gana.

Pero qué falla cuando el receptor y emisor no logran comunicarse si el mensaje es claro, también el contexto extralingüístico, el código conocido por ambos y el canal sin interferencias. Quizás que no hay peor sordo que el que no quiere oír (responsabilicemos al receptor imposibilitado auditivamente o por sus propios prejuicios). O quizás el emisor quiera transmitir con su mensaje algo más que el contenido objetivo de éste o el receptor añada a este contenido su particular subjetividad. Ni que decir tiene que si, además, añadimos la historia pasada y reciente entre los dos, la carga del mensaje se distorsiona. Y manda huevos cuando el problema es no haber elegido el canal adecuado (que eso no se dice por whatsapp, que eso no se dice por teléfono, que eso no se escribe sino que se habla…) y la leche cuando el problema es no haber acertado con el emoticono correcto a la ausencia de éste.

Pero volvamos a la señora del vídeo: Yo soy la señora de la historia y yo quiero una periodista como esa en mi vida. Que no me pregunte y repregunte, me interrogue y ponga en evidencia mis dificultades comunicativas, que valore el esfuerzo que hago por contar las cosas como son, a mi manera, que no me imponga el canal, que haga esfuerzos por estar en el mismo contexto, que sea proactiva para entender el mensaje y no dude del código y que si finalmente no me comprende (lo que sucederá a menudo), me diga amablemente, pues muchas gracias y me dé las buenas tardes. Esa es la mujer periodista que quiero en mi vida. Para ella serán todas mis exclusivas y con ella el parte diario (internacional, nacional, cultura y deportes). Si no es así, seguiré comunicando…pi..pi..pi…pi…pi….pi. Creo que me he explicado.

El Pijama

pijamaMi novia me ha regalado un pijama. Si, un pijama. No un pijama sexy ni con el motivo de un súper héroe, no. Un pijama acrílico, Pijamas Juanito es la marca. De la M, corto de mangas, de pantalón azul y cuello a la caja, de rayitas. Lo que yo de pequeño llamaba esquijama. De verdad, nunca imaginé que las cosas fueran tan mal entre nosotros. Tenía que llegar esto.

Para un espectador objetivo quizás todo estuviera muy claro pero yo nunca lo vi venir. Hasta que lo tuve encima. No aprecié las señales, que seguro que las hubo. No interpreté sus silencios ni leí entre líneas en sus argumentos. Y ahora me encuentro con el regalito, el pijama azul, frente al espejo preguntándome pero qué he hecho mal esta vez.

Como he dicho, todo era diferente en los últimos tiempos. No era cuestión de rutina, no era cansancio, al menos no creo que el mal residiera en la pareja. Más bien una cuestión individual, o mejor dicho, dos individualidades que no andábamos por nuestros mejores momentos, pero dios mío, un pijama, qué puede estar pasando por la cabeza de una mujer para comprarle un pijama a su novio. Nada bueno, es evidente.

Como soy de natural optimista, lo primero que pensé es que se trataría de una broma. Pero no, no era eso. Cuando me lo probé, con la esperanza interior de que propusiera cambiarlo por otra talla, simplemente me dijo, bueno, para estar en casa….es calentito. Dios santo, un pijama, corto y para estar en casa calentito. Dónde quedó la aventura, la pasión, el fuego, la espontaneidad, el aquí te pillo aquí te mato. Todo al garete. Ante mis ojos cayó la fachada del decorado que semejaba el pueblo del lejano oeste y se vio el desierto yermo de la realidad.

Luego intenté recordar cuándo empezó todo, el tropiezo con el iceberg, el inicio del naufragio. Como ella es muy regalona tiré de memoria para encontrar el momento exacto en que se produjo el cambio. Hace una semana unos calcetines, mal vamos, a primeros de mes dos perchas para el cuarto de baño (no le gusta y no le gusta que yo deje las toallas húmedas sobre la mampara de cristal) y un artilugio con ventosas para colgar el jabón y el gel de ducha. En fin, cuestiones prácticas y el mes del hogar, pensé. Ya lo tengo, fue al principio del otoño. Por entonces planeábamos un viaje. El verano había sido muy ajetreado y teníamos ganas de dedicarnos unos días para nosotros. Lo dejé en sus manos. Siempre me había sorprendido con una aventura, una experiencia, un lugar exótico, una escapada romántica. Estaba seguro de que acertaría y la verdad es que me sorprendió: Fin de semana en un monasterio Cartujo. Dos celdas individuales, programa ayuno asceta creo que se llamaba. Silencio obligado. Recuerdo que cuando el abad nos enseñaba los aposentos y nos recordaba los horarios y las normas de obligado cumplimiento del lugar, ella sólo me dijo: Piensa, Gabriel, te vendrá bien. Qué me iba a pensar yo lo que vendría después.

En fin, siempre adelante, suelo decir. Al menos calentito sí que es….para estar en casa.