MAÑANA DE DOMINGO

 

Me levanto y la contractura sigue en su sitio. La misma rutina del desayuno pero hoy una hora más tarde. Tengo vuelo y voy de camino repasando las performances de despegue. Se nota que es domingo y el aeródromo vibra con un grupo que prepara la excursión del día.

¿La clase, mal? No. Como el culo. O como dicen ahora, mal no. Lo siguiente. Eché de menos a mi madre. De haber estado, se hubiera preguntado pero por qué le mueven la pista a mi niño. El instructor lo explica con otros términos pero sólo por simple cuestión del viento hoy variamos el sentido del despegue y el aterrizaje. Esta simpleza me ha vuelto del revés. Espero que nadie haya grabado las distintas tomas. Penoso. Me acordé de Mafalda. En una de sus viñetas se quejaba de que una vez que se sabía todas las respuestas le habían cambiado las preguntas. Algo así me ha pasado a mí.

 

Vuelvo dándole vueltas a la cabeza, intentando entender qué ha pasado. Si alguien controla las distintas variantes y carreteras que se entrecruzan entre Brenes, La Rinconada, San José y Alcalá del Río, que lo diga. Empiezo a dar vueltas hasta que termino sin saber cómo en la súper norte, donde uno acaba de darse una buena ostia y el tráfico está retenido. Los curiosos sacan las cabezas al morbo y un ajetreo de sirenas rompe la mañana. Mientras espero, empieza a brotar en la cabeza un relato sobre un pobre poli miope que cree que le han secuestrado la vida y es incapaz de ver a la chica que tiene delante y viene a rescatarle. Ya tengo nombre.

 

 Voy con prisas y tengo a todos los semáforos en contra. No me quiero perder la clase de spinning y llego por los pelos. La monitora debe haber dejado el ritmo en el guardarropa de la discoteca ayer sábado o en el asiento trasero del Seat León de su novio porque viene sin compás e  intenta remediarlo a base de decibelios. Además trata de animar al personal con gritos de vamos tropa y compis. Lamentable. Termino con la sensación de sólo haber entrenado el tímpano. La dejo terminar y marcho rápido sin estiramientos. Dios la bendiga con otros dones.

 

Decido que me voy a permitir unos espaguetis aglio olio pero compruebo desolado que me he quedado sin aglio. En fin, apuesto por los valores refugios: sardinas, buen tinto y Nestlé con almendras y de fondo Rock FM. Miro al jardín y la última lluvia de otoño me ha traído cuatro rosas. Recuerdo cuando bebía bourbon. Esta mañana me saludaron al despertar y probablemente esta tarde me abracen. Además, la chica que cruzó por el paso de cebras frente a Santa Justa era una monería y yo no era el del accidente. Respiro hondo y doy las gracias con las mismas fuerzas que debe hacerlo Tito Vilanova por tener a Messi en su equipo. Los viejos rockeros también deben morir, pero felices. Y toda la tarde por delante para aceptarse a uno mismo.

PLAYMOBIL (En construcción….)

 

 

Lo peor de las guardias no eran las incidencias sino todo el papeleo que generaban y últimamente parecía que los mandos estaban más preocupados por el protocolo administrativo y de calidad que por la eficiencia del servicio.

Antonio era de la vieja escuela y siempre le había costado adaptarse a los nuevos tiempos. Ahora, a las ocho de la mañana andaba enredado con el ordenador intentando dar carpetazo al archivo de la noche anterior: tres alcoholemias, una pelea entre vecinos por una derrama extraordinaria, una denuncia por malos tratos y las rutinarias sustracciones de vehículos. Nada fuera de lo normal. No obstante, el windows tardaba en arrancar y el programa de gestión del ministerio se atascaba. Se le hacía tarde para recoger al niño de la casa de la madre y llevarlo al colegio. Odiaba el lunes porque implicaba curso de formación, recogida del cole, extraescolar de taekwondo y refuerzo de inglés. También odiaba a su ex esposa y, a veces, se odiaba a si mismo. El día no había empezado muy bien y todo le hacía suponer que mal acabaría. 

 

 

Una fina lluvia despertaba la ciudad y esto significaba un tráfico más lento de lo normal. A la puerta de la casa de Lourdes esperó que bajara Pablo –no entendía cómo podía ser tan poco puntual, igual que su madre, pensó. En el móvil el saludo de buenos días de Irene –que tengas un buen día, amor- le sacó una mueca de sonrisa que se reprimió. No sabía qué decir.

-Hola papi, le saludo Pablo, al tiempo que con un beso le dejó la cara manchada de petit suisse.

-Vamos tarde, se limitó a responder.

-Dice mami que no se te olvide que es día cinco.

-Dile a tu madre que hay muchas cosas que no se me olvidan. Demasiadas, contestó.

Como era de esperar en los días de lluvia se hizo imposible aparcar junto a la entrada del colegio y Antonio tiró de Pablo, la mochila y la bolsa con el trabajo de ciencias.

-Ya sabes, cómetelo todo. Que no me vuelvan a decir que tiras el pescado, le recordó al pequeño.

-Mamá me ha dicho que a ella tampoco le gustaba el pescado de pequeña, se quejó el chaval.

El comentario se le quedó atragantado como una espina de besugo en la garganta.

-Pues tú te lo comes y no se hable más. Ya hablaré yo con tu madre.

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TIROLEANDO

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TIROLEANDO

La nieve cansa. La nieve es un engorro, mejor dicho, esquiar es un engorro y exige preparación y sufrimiento. Y todo ello para deslizarte en un medio no natural. Vamos, la nieve resbala y, o tienes una gran dosis de entusiasmo para vencer la inercia perezosa o terminas hasta los huevos. Bueno, hasta los huevos terminas siempre, con o sin entusiasmo. Dicho esto, comienzo mi narración desde aquí, el Tirol, donde me he venido con un grupo de cocos (colegas colgados) a pasar una semana blanca. Eso, una semana rodeado tíos (ya describiré al grupo) en un país que tiene prohibido por ley el sentido del humor. Hoy, día 2 (el 1 se nos fue en el viaje: salida de Sevilla a las 2:30. Aeropuerto de Màlaga a las 5 -encuentro con el grupo- vuelo a Munich y llegada sobre las 10. Coche de alquiler y ruta turística hasta llegada a coqueto apartamento en Fliess donde la anfitriona Doris mueve su barriga de preñada primeriza con agilidad y nos describe las bondades de la propiedad) primer encuentro con la nieve. Con -13 grados llegamos a Nauder, estación familiar que linda con Italia. Teniendo en cuenta que en las últimas 30 horas he comido nada, a las 13:30 me da una pàjara que me anima a decir que por hoy es bastante. Dejo al grupo berreando en las lomas nevadas y me bajo al encuentro de un bar salchichero que me acoge y reconforta. Una hora de sueño en el coche me devuelve a la vida. Estos sin venir aún. Para la historia, un día perfecto de sol en la montaña.

El Grupo:
Surferos (los que equilibran sobre una tabla de snow, llevan prendas de colorines tres tallas más grandes y silban a tu espalda amenazando con cortarte los tobillos con el filo de la tabla.):
Iezu, mi amigo, un niño grande que vive entre olas y copos.
Loren, peluquero jovial y bonachón.
Isra Canario, enigmàtico. Probablemente haya matado a alguien y se està escondiendo.
JuanCa. El niño, adolescente inquieto de esos que arrastran los pantalones.

Palilleros (aquellos que siguen pensando que la nieve es sólo para esquiadores):
Ramón, elegante esquiador, viaja de incógnito. Se desliza mejor que cocina.
Santiago, el marqués. Todo un crack. En continua lucha contra su cabeza racional y su cuerpo sandunguero embutido en un mono del Cuéntame.
David, su actividad laboral se divide entre la cosa eléctrica y la fabricación de condones.

DÍA DOS
Amanece nevando que no es poco. El grupo pasó la tarde anterior haciendo apuestas sobre el tiempo cambiante, se siguen las predicciones en la internet y se miran todas las cadenas de televisión posibles: un carajo! La mejor predicción se va al garete en media hora. Ayer se aventuraba un día de sol con algo de niebla matutina y hoy nos hemos levantado con la nieve. Es divertido, dios es un cachondo.

Mientras que los amigos se desperezan y duchan Ramón y yo nos vamos de visita al Spar. Son las 7:30. Ramón me advierte que no se me ocurra comentarlo con su mujer. Él le tiene jurado que sufre cierta alergia a los hipermercados y ella nunca le manda a hacer los recados. Deambulamos por el local buscando viandas y ninguno sabemos cómo se dice pavo en austriaco. A la charcutera, que le falta un hervor, le hacen gracias nuestras señas e intentos de comunicarnos pero la niña no entiende un pijo. Jamás me la llevaría de compañera del pictionary ni para jugar a las películas porque ya me dirás que un ave parecida al pollo, que hace glugblugblug y se come por navidad, qué coño va a ser sino un pavo, pues nada, que no nos entiende. Nos aviamos con un par de docenas de bratswurst que compramos alemanas para que se jodan los austriacos.

La señora de la caja, que debe tener varices y hemorroides porque vaya carácter lacio que gasta, me dice que no me corresponden las estampitas de regalo porque no tengo el álbum del Spar. Le digo que lo tengo en mi casa, me mira con cara de extrañeza pero le digo que palabrita del niño jesús y me beso el pulgar y el índice cruzados y la tía me da las estampas. Probablemente haya creído que le estaba echando un mal de ojo.

Hoy toca la estación de Surfaus-Fiss-Ladis, vamos tres pueblos de grande con casi trescientos kilómetros de pistas. Esto es todo muy elegante y no hay tanto friki como en la Sierra Nevada. Estamos en la cuna del ski. Aquí los niños nacen deslizados y las señoras de la tercera edad no juegan al cinquillo sino que mueven las caderas aquí y allá por las lomas nevadas. Se ve que tienen las prótesis engrasadas. Me encanta ver las abuelas esquiando. Aquí no hay problemas de caderas ni artrosis, o quizás sí, estas deben ser las que se van de vacaciones a la Costa del Sol, les duele que se mueren, las operamos por la Seguridad Social de España y llegan como nuevas para disfrutar en estas tierras gélidas y hostiles. Me gusta ver esas parejas de septuagenarios elegantes que viven su edad dorada deslizándose sobre el paisaje con aire grácil volando hacia el más allá.

Estos fatigas de mis colegas de viaje tienen pasión por las negras. Para aquellos que no lo sepan, la dificultad de las pistas se mide en colores. Así, las verdes son para principiantes, luego azules, rojas para intermedios con dificultad y las negras para los expertos. Si alguien quiere más tiene que recurrir al fuera de pista, que es como follar sin condón, con todos los peligros que puedas imaginar pero el riesgo les pone.

La pandilla de surferos adora las negras. No existe otro color, una roja si no hay más remedio como vía para llegar a la adorada oscuridad. Resulta paradójico que sobre la nieve blanca la marca negra aquilate a los avezados esquiadores. Negra de calavera y tibias. Así, los amigos se lanzan sobre el mapa de pistas y buscan donde están las pistas más difíciles. La gracia está en bajarla lo más rápido posible y sin darse la ostia que siempre está al caer. Si llegas sano, das gritos de júbilos. Todos ellos llevan sobre los cascos una camarita que se llama go-pro y van grabando la jugada. Después, al final del día se ponen los vídeos y nos reímos.

Hoy la niebla está cachonda. Sube y baja y se apodera de la montaña. Visibilidad 12% lo que en cristiano es que no se ve un carajo. Como me he venido sin mis skies, me los tengo que alquilar. Los de hoy tienen vida propia, son autónomos y van a su puta bola. Esto se traduce en que dominan ellos y van donde quieren. Yo no decido, simplemente intento sobrevivir. Ramón, que esquía como dios, intenta mostrarme las técnicas del carving y los giros, me insiste en la posición y dónde he de clavar el bastón. Yo sólo pienso en no caerme, ni presión, ni meter rodillas, ni flexión ni ostias. No caerme y punto.

Continuará si no me rompo…….

TIROLEANDO 2

Cuando te quitas las botas todo cambia. Indudablemente, el mejor momento del día. Vuelves a ser humano y a caminar como dios manda. Resulta difícil de creer en esta Centroeuropa luterana y austera pero el Apress Ski es toda una religión. Una vez que se ha vuelto a la normalidad, el personal lo celebra por todo lo alto como dando gracias por no haberse roto la crisma y el pueblo se llena de música y fiesta, una marcha en toda regla (entre otras cosas, poco más se puede hacer a esa hora).

Despistados buscando una toilette me encuentro en un garito oscuro repleto de tíos y tías dando saltos al ritmo machacón del organillo tirolés. Vaya marcha. Corre el vino y la cerveza (vin chaude y weiss bier) y todos cantan las canciones populares del lugar. Son las 5 de la tarde pero en la disco es noche cerrada. Ibiza pero en la montaña.

Una canija se nos propone para hacer una foto al grupo y termina arrimándose al Canario pero este no se deja. Le falta tetas. Ahora suena el Macarena, ayyay, y la gente sigue a lo suyo, a ponerse hasta el culo. Un grupo de solteros con camisetas rojas se suben a la barra a emular el bar coyote y decididos a no dormir solos este lunes tirolés, dos amigas, una rubia y una morena se pasean por la pista buscando calor para la noche. La oferta es variada y la morena pilla antes. Tampoco se ha esforzado mucho. Probablemente tenían una apuesta y la rubia tiene que pagar las copas.

Fuera del bar, el sol se pone sobre un paisaje de montañas nevadas que parece ficticio, de atrezzo de las películas de la Columbia. El grupo deja la discoteca animado, con ganas de burraqueo y se hace fotos. La canija intenta que el canario le dé el número del móvil pero no tiene éxito. De vuelta a casa el coche de Ramón hace un extraño y aparecen los cuatro ocupantes bailando en el arcén. Definitivamente, es la noche. La luna austriaca llama a las bestias.

((Olvidé decir que el grupo se mueve en dos coches, un Opel Insignia que conduzco yo y siempre va detrás y un Volskwagen Passat que lleva Ramón y no tiene intermitentes. Bueno, debe tener pero Ramón no los usa. Tendrá sus motivos, quizás algún trauma infantil, no sé, pero no los usa. Quizás se comunique por bluetooth pero los que le seguimos nos lo pasamos bien intentando adivinar por dónde coño va a tirar en la siguiente rotonda)).

DÍA TRES

Cuando la cosa está de leches, hasta los chivos la dan. Este refrán lo aprendí de mi abuela y significa que cuando todo está jodido se puede joder más aún. Mi abuela no conocía la ley de Murphy y probablemente el tal Murphy tampoco conocía a mi abuela pero ambos decían lo mismo.

Tempranito me marcho al Spar, esta vez con el marqués de las nieves. La charcutera tonta sigue igual, no mejora, pero el chavalín apañado nos hace la ruta y nos recomienda lo mejorcito (the best fileten, the best salchichen, the tipycal tirolin, etc. Me he asegurado de buscar en el traductor cómo se dice pavo en alemán (Truthan y Pute) y se lo digo a la niña. Lo de Pute se lo repito varias veces. Salimos del economato con las bolsas llenas y retraso acumulado. Ya en la calle, mi amigo recuerda que tiene que comprar aguja e hilo para zurcir el mono que no ha aguantado los últimos excesos gastronómicos y amenaza con lucirle la taleguilla en cualquier momento. Ni corto ni perezoso, aborda por la calle a una pelirroja para, a fuerza de mímica, preguntarle dónde puede comprar los enseres necesarios. La joven se ríe, porque es para reírse y con unas cosas y otras llegamos tarde a casa donde el grupo berrea por salir corriendo.

Como no estamos para prisas, el marqués, David y yo nos lo tomamos con tranquilidad, nos entretenemos alquilando mis skies (descubrimos a una tal Cristina con antepasados en Nerva-Huelva, que regenta una tienda súper profesionalizada de artículos de nieve) y llegamos a la estación para comprar el forfait half-day.

Se masca la tragedia. A la segunda bajada, un cruce fortuito entre surfero y palillero da con David en la nieve. Crujido chungo y grito desgarrador. Nos quedamos helados, literalmente. Se para el tiempo y el grupo se paraliza sobre la pendiente sin querer pensar qué ha pasado. Se buscan las emergencias y David es evacuado a la enfermería desde donde se le lleva a la consulta traumatológica que es una especie de incosol súper lujo donde tienes que llevar la visa entre los dientes como Errol Flynn llevaba el cuchillo en los abordajes con piratas. A nada que respires, tarjetazo. Aquí traía yo a más de uno para explicarle el coste de la sanidad.

En resumen: posible ligamento roto, 500 euros de las radiografías, 60 del rescate, cita para resonancia, otros 500, los del seguro que se hacen los locos y unas vacaciones jodidas a la espera del resultado final. El grupo se ha quedado muy cortado. Todos lo lamentan y todos respiran porque nos les ha pasado a cada uno. La ruleta rusa ha disparado a David que ha quedado herido. Esta semana ya no será igual.

Pero la vida sigue y está claro que el Tirol es el Cádiz de Austria y los pitufos debían ser de por aquí. Al llegar la tarde vuelve la música de organillo y chimpún y las coletitas rubias a moverse de acá para allá. El paseo por Ischgl es memorable. Esto es para venirse una semana pero sin el rollo del ski. Y el marqués y yo brindamos y encendemos un puro cantando con las brigadas amarillas. A la salud de David.

Al llegar a casa comienza la lucha por la wifi, poca banda ancha para tanto iphone, ordenata y móvil. Todos intentando la conexión y unos con más suerte que otros. El niño Juanca suele ser el más afortunado. Ramón se queja de no poder ver cómo ha quedado el ibex y Loren actualiza el facebook. Aquellos que no se conectan aprovechan para ducharse. La vida siempre se abre camino.

En la cena nos despachamos the best fileten y nos contamos cosas. Así, David nos pone al día de las últimas patentes de condones y el glande estrangulado e Isra Canario nos cuenta que es policía, quién lo diría, y yo que pensé que se ganaba la vida de asesino a sueldo. Sorpresas te da la vida.

Sigo entero, a dios gracias.

Dicen que de cada diez polvos uno es magnífico. Pues esto digo yo de la nieve, de diez días uno es inolvidable y ha sido hoy. Estación de Ischgl, la creme de la creme, sol y un paisaje de belleza abrumadora. 10.
Pero si el día fue fantástico, la tarde llegó con el Apres Ski y la marcha más rotunda. Me he fijado que hay muchos tíos, demasiados. Parece que es muy popular el moverse en plan despedida de solteros o de coleguitas que se van de fin de semana a la Vegas. Lo que allí pasa, allí se queda. Kilos de testosterona enfriada por la nieve que canta y berrea en los garitos al atardecer. Todo muy ordenado, sí señor, que estamos en centro europa. Por hoy he tenido bastante. Me voy a dormir y a soñar con lo que dejo aquí y me espera a la vuelta. Besos de nieve.

AMANECER. DÍA DE REYES.

ImageNo me fui a ver la Cabalgata. Me llevaron a ver AMANECER 2, sí los vampiros. A esta hora seré de los últimos, si no el último, que ha oído hablar o leído algo de esta saga de CREPÚSCULO. Pero por si hubiera todavía alguien que se esté pensando si debe o no enterarse de qué va este best seller y taquillazo, aquí va mi crónica.
Hay que decir que me advirtieron que al no haber visto las anteriores, me iba a ser difícil pillar la historia pero con todo y eso me hice el valiente y compré dos entradas para la sala de Cinequinto (por cierto, penoso el estado del Centro y sólo dos en la peli).
Lo primero que me sorprendió es que todos los vampiros están estreñidos (imagino que la sangre es astringente) y eso lo deduje por la cara de todos ellos al hablar, reír, pensar, amenazar, etc. Una cara entre compungida y supuestamente interesante, como si se les notara lo que están pensando (lo mismo que al Coronado en El Cuerpo). También hay hombres lobos pero estos son digitales salvo uno que mencionaré más tarde, son excesivamente grandotes y sólo enseñan los dientes. Vamos, acompañan.
Bueno, hay una muchachita muy mona que se llame Bella y, al parecer era humana hace unas películas pero ahora es vampira porque el prota (que no me acuerdo cómo se llama), un muchachito muy blanco de cara triste y más estreñido de todos, le hizo una barriga, esto es, se quedó preñada y dio a luz una niña guapísima de nombre muy lindo que se llama Misremee, o algo así. La niña es un encanto pero menos mal que los padres no le tienen que comprar la ropa porque está todo el día en pleno estirón y en hora y media pasa de bebé casi a echarse novio, altísima. Bueno, pues estos tres son los Cullen, la familia feliz que vive en una súper casa de diseño en un bosque de Canadá. En la casa también hay mucha gente, que deben ser familia y todos cuidan a la pequeña porque la madre está recuperándose del parto y adaptándose a su nueva vida de vampira, aprendiendo a vivir sin temperatura corporal y a aguantarse las ganas de beberse toda la sangre humana que circula por los alrededores. Con todo y eso, y aunque desganada, de vez en cuando se da un revolcón con el marido para mantener la tensión del espectador. Entre todo el personal de la casa se encuentra un pollo guapo guapo que es hombre lobo, o licántropo, que aprovecha cualquier escena para enseñar la tableta de chocolate y que es el canguro de la niña y el que la tiene que salvar de todos los peligros. Se intuye que entre el lobito bueno y la muchacha ha debido haber tema pero en esta peli no pasa nada y al mozo le caen mal los vampiros pero se aguanta.
Dentro del reparto destaca un vampirillo con pinta gay, elegante y señorial que se llama Carslile y se le nota la vena británica, este va un poco de jefe y hay otro musculoso con pinta de americano brutote pero de buen corazón.
Y ahora el argumento de la peli: no hay. Exacto, no hay argumento. Y me preguntarás, pero qué pasa y la respuesta es, que no pasa nada. Todos en la casa charlando y mirando a la criatura (aprovechan para ir a ver al padre humano de Bella y decirle que la chica está un poco cambiadita pero que está bien, para que no se preocupe el hombre y él se queda tranquilo al verla, importándole poco que la niña esté más fría que un polo y con más mala cara que el cochero de drácula).
En fin, el argumento. Ahora aparece otra familia de vampiros, que viven en Italia (en Siena), que son los vulturis (esto es mezcla de vampiro y buitre) y que son muy malos y que por algún motivo que se me escapa, odian a los Cullen y se temen que la niña bebé sea inmortal. No sé yo qué problema es ese pero a ellos no les gusta nada la idea y hay una rubia chivata que va y se lo casca y entonces los vulturis dicen que tienen que acabar con la muchacha, cosa evidente que no gusta nada a los Cullen. Se intuye que va a ver guerra pero los ejércitos son desiguales. Por una parte, los canadienses tiran de amigotes para formar una medio cuadrilla (aparecen dos rusos mariconas que uno de ellos se parece a Elton John, dos vampiras del amazona que emulan a Pocahontas, Senna y Sabrina, un hippy desganado que va de chulito, un marroquí o tunecino melancólico y los hombres lobos que dicen que ellos también ayudarán) y estos tendrían que luchar contra los italianos (la mafia de los vampiros) que son más y mejor preparados y con unos poderes súper chulos. Van capitaneados por uno disfrazado de Napoleón que si te da la mano, no se toma el brazo sino que se entera de todo lo que estás pensando, lo cual es un peligro porque nada se le oculta.

En fin, que los Cullen se acojonan porque no lo ven muy claro, porque la niñita está en peligro y porque Bella, que tiene un poder que todavía no controla muy bien (una especie de aliento que forma un escudo protector) no ha aprendido a usarlo y la verdad, que les vendría muy bien el escudo cuando aparezcan los malos malísimos que vienen con toda la intención de cortarles las cabezas y echarlas al fuego, que así es como se matan los vampiros entre sí. Y todo porque la niñita, dicen, es inmortal.

Bueno, sigue sin pasar nada hasta que se enfrentan los dos bandos sobre un lago helado con mucha nieve, que da un frío que pela, pero que a los vampiros les da igual porque ellos están fríos como el hielo. Y empieza la batalla, todo el mundo a ostias, que si van ganando unos, que si van ganando los otros (en esto, la niña se ha escapado corriendo a galope a lomos de un lobo, que es el muchacho buenorro, con una mochila de las monster high que le ha preparado su madre y que le ha metido la merienda, dos pasaportes, esto es lo más ridículo de la peli, y unos fajos de dólares) y siguen las ostias pero todo es mentira, toda la batalla ha sido un sueño, una premonición, lo explico: hay una morenita que a mí me gustó mucho, de la banda buena que ve el futuro. Esta va y le da la mano al napoleón malo, que te lee el pensamiento y comprueba que si no se retira, le van a dar la del pulpo, por lo que anima a sus huestes a largarse, cosa que estos no entienden pero el jefe es el jefe, disculpándose y diciendo que, en fin, que la niña tampoco es tan inmortal como creía y que nada de guerras. Total, maricona, y retirada a tiempo. Eso sí, a la chivata le cortan la cabeza porque a los chivatos no los quiere nadie.

En definitiva, que la batalla de la peli no ha existido y todo queda igual, cada uno se va a su casa, los dos que estábamos en la sala a la nuestra, y sale una musiquita suave con los títulos de crédito y los bosques mientras que van apareciendo en la pantalla un montón de personajes, de los cuales yo no conocía a ninguno y que han debido tener su papel en la saga.

El matrimonio vampiro se queda retozando en un campo de lirios en otro prepolvo mientras que la niña debe andar con su canguro lobo. La verdad es que me costaría puntuar la peli y por ello no lo voy a hacer. Lo mejor, que dicen que es la última y no habrá más. Esperemos.
Aunque nada tiene que ver con la crónica, tengo que decir que me compré un rosco de reyes sin relleno en una pastelería de Montequinto y me soplaron 20 euros. Deseé con todas mis fuerzas haber sido uno de los malos de AMANECER y cortarle la cabeza a la gordita salerosa que me lo vendió y echarla al fuego. FELICES REYES.