Ir al cine con CR es un lujo. Todo olía a hat trick, miércoles de Champion´s pero falló el rival.
La mafia es demasiado seria para tonterías como esta. Te pasas el tiempo, porque no llegas a creerte lo que estás viendo, evocando películas de verdad, desde Los Intocables a Casino, pasando por Uno de Los Nuestros. En ocasiones tienes la impresión de estar delante de un cómic. En otras piensas directamente que te están tomando el pelo. En el mejor de los casos, que se trata de una fotocopia de fotocopia.
Ante el reparto nos debemos quitar el sombrero pero finalmente nos encontramos a un Nick Nolte que me recuerda al Tony Leblanc de Torrente, un Josh Brolin de cartón piedra, ese Sean Penn que pone cara de malo (me gusta la frase “estás ante dios”) y ese chico encantador Gosling, al que le duele la cara de ser tan guapo. A la chica le falta Roger Rabbit. Y de la música ni me acuerdo. Ni el humo del tabaco me recuerda al cine negro de verdad. Será light.
Pues bien, ciudad de Los Ángeles 1949 y un mafioso Mickey Cohen que domina el terreno. Para hacerle frente se pone en marcha una cuadrilla chirigota que se olvida de la placa de policía y les hace frente con sus mismas armas (algo así debió pensar José Barrionuevo y el Señor X cuando tramaron lo del GAL).
Si a Django le sobran hectólitros de sangre, a esta brigada de élite le podemos quitar kilos de munición y minutos de metralleta. Vamos, olvidable.
La velada se finiquita con un par de Protos y tapas en Casa Paco. A lo seguro.
Mi acompañanta me llevaba dando largas desde el verano. Cuestión de esperar que se agoten las excusas. Cine a las 8. Falla la primera opción y nos decidimos por Hitchcock (Avenida V.O.) con ciertas dudas. Una única referencia y no de una fuente fiable. Suspense.
Es curioso, la peli se cuenta en el título, detalla la vida del genio, quizás con cierta tendencia a hurgar en su personalidad más oscura, durante el rodaje de Psycho con un final conocido y, sin embargo, crea cierto suspense. Eso tiene ser The Master.
Anthony Hopkins bien, quizás pasado de botox en la caracterización, lo que le impide gesticular y algo sobreactuado en el habla. Helen Mirren (la esposa, Alma Reville) excelente. Debe ser cierto, detrás de un buen tío, una mujer estupenda (detrás de una tía buena, un montón de gilipollas). Scarlett Johansson, en una señorita Leigh con curvas muy bien dirigida.
La cinta se ve con agrado y el metraje es el justo, quizás un pequeño bajón a la mitad. Lo mejor? Su obsesión por las rubias (me too!) y la escena en la que la esposa le pone las pilas. Divertida la dirección orquestal de las cuchilladas en el baño.
Primer viernes de Cuaresma y la peña quiere carne. La primavera sevillana ha comenzado el countdown. Intentamos cenarnos en La Azotea y Brunilda pero imposible. Finalmente nos acoge El Manijero. Buenas tapas y cola light. Se acabó el suspense. No te hagas rogar tanto la próxima, es la una y estoy en la cama. El sábado trae subidas.
Yo no estoy para estos vaivenes. De los sustos de MAMÁ paso al letargo de EL CUARTETO.
Llamada de última hora, oye que tengo dos entradas, qué hago, lo que quieras, elige….con prisas, sesión de las ocho, miércoles de ceniza. Película de velatorio, antesala de funerales. Cuaresma pura y dura. De la niñatilla paso al pergamino. Del Eau Jeune al Varón Dandy. El reino de la arruga, el sueño del botox, el ácido hialurónico y el sculptra. La decrepitud simpática, el pre alzeihmer gracioso, el cocoon de los virtuosos, la puta vejez.
Dustin Hoffman se pone detrás de la cámara para firmar un pulcro film intimista, edulcorado, de buenas maneras pero que no llega. Todo tan bonito, tan perfecto, tan, tan, tan sin chispa. Tremendamente dulce y cursi. Subidón de azúcar.
El guión:
Retiro de músicos y cantantes de ópera en la campiña inglesa (Beecham House). Los abueletes rememoran sus días de gloria y las divas se recrean en los buenos tiempos. Todo muy British. La llegada a la residencia de una soprano soberbia desata algún que otro maremoto entre los residentes. El Cuarteto (sátiro viejo verde, inocente vieja loca, gentleman cornudo y diva en horas bajas) interpreta a Rigoletto.
Lo mejor? El casting. Escuela británica 100%. También se agradecen los 90 minutos del metraje. Para mí, la escena de la tarta de cumpleaños y el happy birthday.
Salí de la sala con ganas de cerveza y morirme. Opté por lo primero, por comodidad.
http://letrasdecambio.org/wp-content/uploads/2023/04/miss-pamplinas-logo.jpg00letrasdecambiohttp://letrasdecambio.org/wp-content/uploads/2023/04/miss-pamplinas-logo.jpgletrasdecambio2013-02-14 01:01:402013-02-14 01:01:40DE CINE. EL CUARTETO
Peli de susto, sesión de las 8, domingo tarde. A rebosar. Se ve que ha funcionado el pre marketing. La peña con ganas de apretujarse. Por 7 euros, qué más se puede pedir. Se escucha el rumiar de palomitas.
¿Qué hago aquí? La niñatilla me arrastró. Sí, la de amanecer. Ya que no tenemos vampiros, me lleva de fantasmas (espero que no fuera una alusión directa). La amenazo con meterle una coreana subtitulada a la primera de cambio.
Comentario ideológico: como padre ya estoy un poco harto del tópico “madre no hay más que una” y lo mismo da que sea un fantasma o una pelusa gritona. La moraleja es que una madre es una madre y morirá (y vivirá aún muerta) por sus pequeños. Pues bien, a ésta que la feliciten el primer domingo de mayo, le regalen una tarifa plana en Depílate y un curso de modales y protocolos, porque la tía es una bestia parda que se sube por las paredes, literal.
El guión.
Un padre ha hecho algo malo muy malo y huye con sus dos pequeñas con la intención de quitarse de en medio (y quitarlas). En esto que se da una piña con el coche, es lo que tiene correr por carreteras nevadas, y terminan en una casa del bosque canadiense (me acordé del argentino que se mudó a Toronto y se acordaba de la nieve, la puta nieve). En el momento que el nota quiere darle boleto a las niñas, aparece un espíritu que le hace el cuello y las patillas. RIP.
La historia sigue 5 años después, que es cuando el hermano del muchacho y su novia, Anabel, rockera monísima, siguen buscando a las niñas desaparecidas. Y las encuentran. Al parecer, han sobrevivido en la casa, a base de comer cerezas. Se las llevan con ellos y estas pequeñas salvajes empiezan a adaptarse a la vida pero aparece, mejor dicho, no aparece sino que se intuye, un espíritu que es el que ha estado cuidando a las criaturas en su estancia en el bosque.
Las niñas son para darles de comer aparte, sobre todo a Lili, la de tres años, porque Victoria, la mayor es más modosita, pero la chica es un bicho. Pues lo dicho, la historia va del espíritu de MAMÁ que vuelve. El muchacho no se entera de nada, o está fuera de plano, o de escena, o le dan una paliza y se pasa medio film en el hospital, el tema es que no se entera de nada y es la novia (monísima rockera, Anabel, a la que no gustan los niños) la que se come el marrón de cuidar a las bestias.
¿Y eso del espíritu de dónde viene? Pues un fantasma de una loca de mil ochocientos y pico que se escapó de un manicomio y en la huída perdió a su bebé. Lo dicho, que madre no hay más que una.
También debo mencionar a un psiquiatra secundario que estudia el caso y la tita de las niñas, pija remilgada. A ambos el espíritu se merienda y el personal se alegra.
El final no tiene desperdicio. Aunque la peli ha mantenido el interés a base de sustos (alguna escena de niñas y pasillos tipo El Resplandor, qué más quisiera), la lucha del espíritu de los últimos minutos es un derroche de post producción digital, malo para morirse. Con eso de que no triunfen los buenos, hay empate, el bicho se lleva a una (Lili, que apuntaba maneras) y Victoria se queda con los titis adoptantes. El personal deja la sala pelín insatisfecho. Me da a mí, que tendremos secuela. Ya veo el título MAMA-DOS. Pues ni así, voy a verla.