DE CINE. EL CUARTETO

Yo no estoy para estos vaivenes. De los sustos de MAMÁ paso al letargo de EL CUARTETO.

Llamada de última hora, oye que tengo dos entradas, qué hago, lo que quieras, elige….con prisas, sesión de las ocho, miércoles de ceniza. Película de velatorio, antesala de funerales. Cuaresma pura y dura. De la niñatilla paso al pergamino. Del Eau Jeune al Varón Dandy. El reino de la arruga, el sueño del botox, el ácido hialurónico y el sculptra. La decrepitud simpática, el pre alzeihmer gracioso, el cocoon de los virtuosos, la puta vejez.

Dustin Hoffman se pone detrás de la cámara para firmar un pulcro film intimista, edulcorado, de buenas maneras pero que no llega. Todo tan bonito, tan perfecto, tan, tan, tan sin chispa. Tremendamente dulce y cursi. Subidón de azúcar.

El guión:

Retiro de músicos y cantantes de ópera en la campiña inglesa (Beecham House). Los abueletes rememoran sus días de gloria y las divas se recrean en los buenos tiempos. Todo muy British. La llegada a la residencia de una soprano soberbia desata algún que otro maremoto entre los residentes. El Cuarteto (sátiro viejo verde, inocente vieja loca, gentleman cornudo y diva en horas bajas) interpreta a Rigoletto.

Lo mejor? El casting. Escuela británica 100%. También se agradecen los 90 minutos del metraje. Para mí, la escena de la tarta de cumpleaños y el happy birthday.

Salí de la sala con ganas de cerveza y morirme. Opté por lo primero, por comodidad. Image

DE CINE.

MAMÁ, con tilde.

Peli de susto, sesión de las 8, domingo tarde. A rebosar. Se ve que ha funcionado el pre marketing. La peña con ganas de apretujarse. Por 7 euros, qué más se puede pedir. Se escucha el rumiar de palomitas.

¿Qué hago aquí? La niñatilla me arrastró. Sí, la de amanecer. Ya que no tenemos vampiros, me lleva de fantasmas (espero que no fuera una alusión directa). La amenazo con meterle una coreana subtitulada a la primera de cambio.

Comentario ideológico: como padre ya estoy un poco harto del tópico “madre no hay más que una” y lo mismo da que sea un fantasma o una pelusa gritona. La moraleja es que una madre es una madre y morirá (y vivirá aún muerta) por sus pequeños. Pues bien, a ésta que la feliciten el primer domingo de mayo, le regalen una tarifa plana en Depílate y un curso de modales y protocolos, porque la tía es una bestia parda que se sube por las paredes, literal.

El guión.

Un padre ha hecho algo malo muy malo y huye con sus dos pequeñas con la intención de quitarse de en medio (y quitarlas). En esto que se da una piña con el coche, es lo que tiene correr por carreteras nevadas, y terminan en una casa del bosque canadiense (me acordé del argentino que se mudó a Toronto y se acordaba de la nieve, la puta nieve). En el momento que el nota quiere darle boleto a las niñas, aparece un espíritu que le hace el cuello y las patillas. RIP.

La historia sigue  5 años después, que es cuando el hermano del muchacho y su novia, Anabel, rockera monísima, siguen buscando a las niñas desaparecidas. Y las encuentran. Al parecer, han sobrevivido en la casa, a base de comer cerezas. Se las llevan con ellos y estas pequeñas salvajes empiezan a adaptarse a la vida pero aparece, mejor dicho, no aparece sino que se intuye, un espíritu que es el que ha estado cuidando a las criaturas en su estancia en el bosque.

Las niñas son para darles de comer aparte, sobre todo a Lili, la de tres años, porque Victoria, la mayor es más modosita, pero la chica es un bicho. Pues lo dicho, la historia va del espíritu de MAMÁ que vuelve. El muchacho no se entera de nada, o está fuera de plano, o de escena, o le dan una paliza y se pasa medio film en el hospital, el tema es que no se entera de nada y es la novia (monísima rockera, Anabel, a la que no gustan los niños) la que se come el marrón de cuidar a las bestias.

¿Y eso del espíritu de dónde viene? Pues un fantasma de una loca de mil ochocientos y pico que se escapó de un manicomio y en la huída perdió a su bebé. Lo dicho, que madre no hay más que una.

También debo mencionar a un psiquiatra secundario que estudia el caso y la tita de las niñas, pija remilgada. A ambos el espíritu se merienda y el personal se alegra.

El final no tiene desperdicio. Aunque la peli ha mantenido el interés a base de sustos (alguna escena de niñas y pasillos tipo El Resplandor, qué más quisiera), la lucha del espíritu de los últimos minutos es un derroche de post producción digital, malo para morirse. Con eso de que no triunfen los buenos, hay empate, el bicho se lleva a una (Lili, que apuntaba maneras) y Victoria se queda con los titis adoptantes. El personal deja la sala pelín insatisfecho. Me da a mí, que tendremos secuela. Ya veo el título MAMA-DOS. Pues ni así, voy a verla.

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MAÑANA DE DOMINGO

 

Me levanto y la contractura sigue en su sitio. La misma rutina del desayuno pero hoy una hora más tarde. Tengo vuelo y voy de camino repasando las performances de despegue. Se nota que es domingo y el aeródromo vibra con un grupo que prepara la excursión del día.

¿La clase, mal? No. Como el culo. O como dicen ahora, mal no. Lo siguiente. Eché de menos a mi madre. De haber estado, se hubiera preguntado pero por qué le mueven la pista a mi niño. El instructor lo explica con otros términos pero sólo por simple cuestión del viento hoy variamos el sentido del despegue y el aterrizaje. Esta simpleza me ha vuelto del revés. Espero que nadie haya grabado las distintas tomas. Penoso. Me acordé de Mafalda. En una de sus viñetas se quejaba de que una vez que se sabía todas las respuestas le habían cambiado las preguntas. Algo así me ha pasado a mí.

 

Vuelvo dándole vueltas a la cabeza, intentando entender qué ha pasado. Si alguien controla las distintas variantes y carreteras que se entrecruzan entre Brenes, La Rinconada, San José y Alcalá del Río, que lo diga. Empiezo a dar vueltas hasta que termino sin saber cómo en la súper norte, donde uno acaba de darse una buena ostia y el tráfico está retenido. Los curiosos sacan las cabezas al morbo y un ajetreo de sirenas rompe la mañana. Mientras espero, empieza a brotar en la cabeza un relato sobre un pobre poli miope que cree que le han secuestrado la vida y es incapaz de ver a la chica que tiene delante y viene a rescatarle. Ya tengo nombre.

 

 Voy con prisas y tengo a todos los semáforos en contra. No me quiero perder la clase de spinning y llego por los pelos. La monitora debe haber dejado el ritmo en el guardarropa de la discoteca ayer sábado o en el asiento trasero del Seat León de su novio porque viene sin compás e  intenta remediarlo a base de decibelios. Además trata de animar al personal con gritos de vamos tropa y compis. Lamentable. Termino con la sensación de sólo haber entrenado el tímpano. La dejo terminar y marcho rápido sin estiramientos. Dios la bendiga con otros dones.

 

Decido que me voy a permitir unos espaguetis aglio olio pero compruebo desolado que me he quedado sin aglio. En fin, apuesto por los valores refugios: sardinas, buen tinto y Nestlé con almendras y de fondo Rock FM. Miro al jardín y la última lluvia de otoño me ha traído cuatro rosas. Recuerdo cuando bebía bourbon. Esta mañana me saludaron al despertar y probablemente esta tarde me abracen. Además, la chica que cruzó por el paso de cebras frente a Santa Justa era una monería y yo no era el del accidente. Respiro hondo y doy las gracias con las mismas fuerzas que debe hacerlo Tito Vilanova por tener a Messi en su equipo. Los viejos rockeros también deben morir, pero felices. Y toda la tarde por delante para aceptarse a uno mismo.

PLAYMOBIL (En construcción….)

 

 

Lo peor de las guardias no eran las incidencias sino todo el papeleo que generaban y últimamente parecía que los mandos estaban más preocupados por el protocolo administrativo y de calidad que por la eficiencia del servicio.

Antonio era de la vieja escuela y siempre le había costado adaptarse a los nuevos tiempos. Ahora, a las ocho de la mañana andaba enredado con el ordenador intentando dar carpetazo al archivo de la noche anterior: tres alcoholemias, una pelea entre vecinos por una derrama extraordinaria, una denuncia por malos tratos y las rutinarias sustracciones de vehículos. Nada fuera de lo normal. No obstante, el windows tardaba en arrancar y el programa de gestión del ministerio se atascaba. Se le hacía tarde para recoger al niño de la casa de la madre y llevarlo al colegio. Odiaba el lunes porque implicaba curso de formación, recogida del cole, extraescolar de taekwondo y refuerzo de inglés. También odiaba a su ex esposa y, a veces, se odiaba a si mismo. El día no había empezado muy bien y todo le hacía suponer que mal acabaría. 

 

 

Una fina lluvia despertaba la ciudad y esto significaba un tráfico más lento de lo normal. A la puerta de la casa de Lourdes esperó que bajara Pablo –no entendía cómo podía ser tan poco puntual, igual que su madre, pensó. En el móvil el saludo de buenos días de Irene –que tengas un buen día, amor- le sacó una mueca de sonrisa que se reprimió. No sabía qué decir.

-Hola papi, le saludo Pablo, al tiempo que con un beso le dejó la cara manchada de petit suisse.

-Vamos tarde, se limitó a responder.

-Dice mami que no se te olvide que es día cinco.

-Dile a tu madre que hay muchas cosas que no se me olvidan. Demasiadas, contestó.

Como era de esperar en los días de lluvia se hizo imposible aparcar junto a la entrada del colegio y Antonio tiró de Pablo, la mochila y la bolsa con el trabajo de ciencias.

-Ya sabes, cómetelo todo. Que no me vuelvan a decir que tiras el pescado, le recordó al pequeño.

-Mamá me ha dicho que a ella tampoco le gustaba el pescado de pequeña, se quejó el chaval.

El comentario se le quedó atragantado como una espina de besugo en la garganta.

-Pues tú te lo comes y no se hable más. Ya hablaré yo con tu madre.

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