DOS MINUTOS

Dicen que el Whatsapp está probando una versión beta que te da dos minutos para arrepentirte de un mensaje enviado. No tengo muy claro cómo ha de ser el arrepentimiento y cómo ha de efectuarse. Desconozco si lo retendrá durante ese tiempo antes de comunicarlo o si dispondrá de alguna fórmula mágica que lo borre del cerebro del receptor. Pero lo que me dejó shockado es lo de los dos minutos. Dos minutos para una nueva oportunidad. Ya no es contar hasta diez antes de actuar, ya no se trata de evitar la reacción. Ahora dispones de dos minutos para empezar de nuevo. Una especie de píldora del día después para deslices imprudentes.

A mí, que me gusta el riesgo, jugaré a “mecagoentotusmuertos” y borrar antes de los 120 segundos. Será como la ruleta rusa, aprietas el gatillo pero no detona.

Y por qué dos minutos. La vida era eterna en cinco minutos pero ahora con los recortes nos quedamos en dos. Quizás esto no es más que el comienzo. Ahora vendrá Telegram y nos concederá 10 y más tarde tendremos mensajería instantánea que nos ofrecerá un arrepentimiento 24 horas y después llegarán los chinos y nos regalarán el arrepentimiento tarifa plana. Di lo que quiera y bórralo después. Nada permanece, todo muta. La vida de las segundas oportunidades. Se acabó meter la pata. Si te equivocas es porque quieres.

De todas maneras, lo verdaderamente útil sería disponer de una aplicación que envíe en tu nombre todos los mensajes que nunca te has atrevido a mandar. Eso sí que sería innovador.

Arrepiéntete pecador, tienes dos minutos. Tic, tac, tic, tac…..

Lecturas…

imageMe he encontrado con esto. Fisgoneando. Suelo hacerlo en casas ajenas. Demasiado relax en estas vacaciones ha acabado con mis provisiones de lecturas. Rebusco. Me gusta saber qué leen. Eso te da mucha información sobre quién duerme a tu lado. Ya lo sabes, sin un día me invitas a tu casa aprovecharé cualquier descuido para colarme en tu habitación y mirar sobre tu mesita de noche. Eso y las despensas. No necesito más para tener una opinión, qué comes y qué lees. Imposible mentir. Me importa un huevo lo que pongas en tu muro o cuentes en tu blog. Me río de tu currículo. Eres lo que comes y lo que lees.
La verdad es que no tenía mucho donde escoger. Todo demasiado específico (hay que tener en cuenta que los anfitriones, ella ingeniera y él profesor universitario experto en historia de las religiones, tienen una biblioteca bien nutrida pero demasiado densa para mi pereza estival. Por supuesto, nada de novela negra. Otro día hablaré de la despensa…). En fin, que tiro de Ángeles  Caso con poca convicción. En su tiempo me gustaba esta morena de pelo rizado que me daba el telediario de finales de los ochenta. Mis desvaríos se cruzaban entre ella y una presentadora del tiempo del Canal Sur pequeñita y apretada (convencí a mi hija que me la eché de novia y convencí a una medio novia que se hiciera pasar por ella ante mi hija). Creo que desde que la despidieron dejé de ver la televisión autonómica. Eso de fliparse con las presentadoras lo debe entender bien felipesexto. Al fin y al cabo cuando uno almuerza todos los días solo se termina encariñando con la pantalla. Personalmente me he comunicado más con algunas tertulianas que con familiares de primer grado. A veces hasta sin encender el aparato.

Pues Ángeles  Caso dejó aquello del noticiario y se puso a escribir. No he leído nada de ella. Sé que coqueteó con el Planeta hasta que lo ganó, algún que otro guión cinematográfico y, últimamente hace incursiones en las plataformas cercanas a Podemos. Le tengo cierto cariño, como de novia antigua. Me la fantaseo discreta y lista, muy lista y me gustan las mujeres listas. También me gustan los hombres listos. Busco en la wiki su edad y resulta que somos del mismo año, buena cosecha. También me dice que su padre fue Rector. El mío panadero. Un amor imposible. Lo supe desde el principio.

Me ha costado entrar en la historia. Primero por prejuicios al leer la solapa, historia de mujeres. Segundo por la dedicatoria de quien regaló el libro, una mujer a otra. Tercero porque en las primeras diez páginas no hay sangre ni desaparecidos. Es más, están llenas de sentimientos y estos me repelen. En la vida y en las páginas. No soporto el nudismo sentimental. Sin embargo he encontrado una dureza que me hizo romper mi norma (leo cuatro líneas, leo cuatro páginas, leo veinte, son los filtros, especie de oportunidades que le voy dando para que me enganche) y no lo deseché (los desechos van a la chimenea que esto me lo enseñó Carvallo). Me estoy alegrando. No sé cómo acabará. Con las mujeres ya se sabe, pero estoy llegando al punto de no retorno, ese que me digo este me lo termino aunque me joda. Lo que se empieza se acaba, las lentejas te las comes todas y me dejas el plato limpio y a la meta se llega, sufriendo, muerto pero se llega. Esto me lo enseñó una mujer sin necesidad de escribir un libro ni de ponerse sentimental.

MADRES

Con motivo del día me voy a poner incorrecto y a dar cierto contrapunto a los mensajes de amor maternal que llenan hoy las redes. Ya he escrito alguna vez que la marca “madre” está sobrevalorada. Sin duda un éxito del marketing ese slogan de “madre no hay más que una”, afortunadamente, añadiría yo, y que, además de una obviedad, le da a la progenitora un valor añadido que la distancia en la valoración popular de su posición frente al padre. Al fin y al cabo esa distinción de unicidad es propia de los mamíferos y la figura materna no es más que el vehículo que puso la naturaleza para el nacimiento. Pero no hay que negar que la frase ha calado y se repite hasta el hartazgo. Al autor desconocido le deseo lo mismo que al inventor de “Sevilla tiene un color especial”.

Fuera del dulzón vomitivo de este domingo de mayo, del atracón de bombones insulínico y los carromatos de flores polinizadores de alergias, la figura materna siempre ha gozado de ese plus respecto al varón y pocos se atreven a criticar esa discriminación positiva de la hembra, esa misma hembra que llega hasta a apoderarse de la vida que lleva dentro y grita nosotras parimos, nosotras decidimos. Me cuesta meter en el mismo saco a la Madre Teresa de Calcuta (y otras tantas grandes mujeres que renunciaron a ser madres) y a la pájara que guardaba los cadáveres de sus hijos en el congelador junto a los palitos de merluza y las sobras del puré.

Independientemente del sentimiento que cada uno tenga por la suya (que puede ser más, igual o menos que el que se profese por el coche nuevo, el primo del pueblo o la PS4) poner a la madre, por el simple hecho de ser madre, en un pedestal debe tener que ver con la tradición cristiana (la virgen María madre de nuestro señor) y tiene el mismo sentido o sinsentido que admitir sin lugar a dudas el valor del deporte, la supremacía de la Premier League o las virtudes de la dieta mediterránea. Madres hay muchas, abnegadas unas, depredadoras otras. Esto de colgar medallitas es tan injusto como lo del pecado original. De todo hay en la viña del señor, mucha hija de puta y mucho amor de madre tatuado. Felicidades mamá.

MARTÍN

Enhorabuena Martín. Desde ya perteneces a ese club de tontos selecto y llevarás contigo el mérito de ser miembro de por vida. Ya eres padre, Martín, y como tal la aventura de convertirte en un gilipollas no ha hecho más que comenzar. Cuando lo intentes y cuando lo evites. Y es que no hay nada más tonto que un padre. Déjame que te lo diga, que es de lo que poco que he aprendido y lo digo con conocimiento de causa.

Se te acabó la objetividad y el equilibrio. A tomar por el culo el sentido común. El recién llegado te sacará de tus casillas, te hará perder el sueño y te dejará a cuadros más de una vez. Hoy empiezas a esperar lo que nunca va a llegar y es ese momento en el que dejas de preocuparte. porque a partir de ahora siempre vas a estar preocupado y da igual que Tristán tenga un mes, dos días o quince años.

Lloverán consejos y en tu ingenuidad, de padre tonto, pensarás más de una vez que puedes estar tranquilo. Pobre infeliz, Martín. Cuando no los dientes, será el colegio, serán las amistades, el máster o el botellón.

No tienes un hijo Martín. Él te tiene a ti. Y además cogido por los huevos del amor. Se flexible con las ideas e inflexible con los valores. Háblale, háblale mucho. Cuando te escuche y cuando no. Cuando esté cerca y lejos. Y abrázalo, hasta que te dé vergüenza a ti y a él. Dile que te equivocas, que nadie te ha enseñado y que haces lo que puedes. Dile que no tienes la razón, entre otras cosas porque existen muchas razones. Hazle ver tus errores para que aprenda a ver los suyos. Ponle límites para que crezca seguro pero nunca lo limites y déjalo crecer.

Dentro de poco te sonreirá. No seas tonto, es una mueca refleja, pero te temblará el cuerpo. También dirá papapapapa, y babearás idiota. Pero pasará el tiempo, Tristán crecerá independiente, probablemente vivirá en otra ciudad y algún día te llamará y te preguntará cómo andas papito, y entonces todo habrá valido la pena (aunque sigas sin dormir tranquilo).

*Martín es la pareja de mi hija María. Hoy ha nacido Tristán, su primer hijo (a propósito, mi nieto).