COMUNICANDO
Esta señora sabe lo que dice. Es más, tiene claro lo que ha visto, lo que pasó y lo que quiere decir pero el resultado es un video de humor. Si analizamos la situación, tenemos emisor y receptor, también canal, mensaje y contexto. En puridad podríamos decir que falla el código (sistema de señales o signos que se utilizan para transmitir un mensaje) pero ella no lo sabe y el resultado es hilarante. No obstante, la receptora, en este caso la entrevistadora, muy educada, le da las gracias.
Y en estas andaba yo pensando la de veces que lo que digo (lo que el otro/a dice que he dicho o interpreta que he dicho, o que realmente he dicho) no es lo que yo quería decir. En los últimos tiempo he pasado de la boutade, “la comunicación es un mito”, a estar “comunicando” y entiéndase este comunicando como imposibilidad de comunicación. Vamos, cuando llamas al otro/a para decirle algo y no puedes porque el teléfono está “comunicando”.
Me llevan los diablos cuando tengo que explicar lo que he dicho (normalmente busco otras palabras, parafraseo, indico el contexto, etc para facilitar la comprensión, lo que suele resultar imposible en la mayoría de las ocasiones). Me llevan los diablos cuando el otro/a entiende al revés lo que he querido decir (normalmente poniendo otro sentido a las palabras o cambiando el contexto) pero admito que esto puede deberse a que no me he sabido explicar. De ahí mi repetido “no me he explicado y no me has entendido”. Me llevan los diablos cuando el otro/a manipula conscientemente mi mensaje para reinterpretar lo que he dicho. En estas ocasiones que refiero el resultado no suele ser humorístico como en el vídeo sino más bien jodidamente triste. Patético, vamos, tú di lo que quieras que yo voy a entender lo que me dé la gana.
Pero qué falla cuando el receptor y emisor no logran comunicarse si el mensaje es claro, también el contexto extralingüístico, el código conocido por ambos y el canal sin interferencias. Quizás que no hay peor sordo que el que no quiere oír (responsabilicemos al receptor imposibilitado auditivamente o por sus propios prejuicios). O quizás el emisor quiera transmitir con su mensaje algo más que el contenido objetivo de éste o el receptor añada a este contenido su particular subjetividad. Ni que decir tiene que si, además, añadimos la historia pasada y reciente entre los dos, la carga del mensaje se distorsiona. Y manda huevos cuando el problema es no haber elegido el canal adecuado (que eso no se dice por whatsapp, que eso no se dice por teléfono, que eso no se escribe sino que se habla…) y la leche cuando el problema es no haber acertado con el emoticono correcto a la ausencia de éste.
Pero volvamos a la señora del vídeo: Yo soy la señora de la historia y yo quiero una periodista como esa en mi vida. Que no me pregunte y repregunte, me interrogue y ponga en evidencia mis dificultades comunicativas, que valore el esfuerzo que hago por contar las cosas como son, a mi manera, que no me imponga el canal, que haga esfuerzos por estar en el mismo contexto, que sea proactiva para entender el mensaje y no dude del código y que si finalmente no me comprende (lo que sucederá a menudo), me diga amablemente, pues muchas gracias y me dé las buenas tardes. Esa es la mujer periodista que quiero en mi vida. Para ella serán todas mis exclusivas y con ella el parte diario (internacional, nacional, cultura y deportes). Si no es así, seguiré comunicando…pi..pi..pi…pi…pi….pi. Creo que me he explicado.
