DE CINE. OZ, UN MUNDO DE FANTASÍA

ImageMe acojonó con Posesión Infernal (nunca he pasado más miedo). Me asombró con El ejército de las Tinieblas. Me he saltado la serie Spiderman y he disfrutado con Oz, Un mundo de Fantasía. Este Sam Raimi tiene algo que me llega.

Domingo matinal de esos que te llevas a la niña al cine (los niños siempre vienen con una madre bajo el brazo, afortunadamente).  La peli está en esa moda incomprensible de las dos horas de metraje que te hace pensar que tras las palomitas y el agua te quedan dos bajadas al toilet cuando menos.

Empieza con una historia en blanco y negro que te engancha pero que te hace mirar la cara a los niños temiéndote lo peor. Pero el tema gusta y rápidamente empieza la acción y el color.

La película es un libro de autoayuda: no quiero ser un buen hombre, quiero ser un gran hombre y toda esa teoría de ten fe y lo conseguirás. El guión lo habría firmado Jorge Bucay sin duda alguna. Pero, además, es un tratado sobre las mujeres: el supuesto mago, un estafador de tres al cuarto, ligón empedernido, se va encontrado en su carrera con las más diversas y apuestas féminas, desde la pueblerina cortita a la bruja más mala. A todas engatusa y casi con todas sale trasquilado. Eso sí, al final triunfa el corazón y es la rubia con menos tetas la que ve en él lo que ni él mismo intuía. No hay huerto porque es una peli para niños. Beso y en sombras. Triunfa el amor.

Sin en el mago de Oz teníamos a Dorothy, the Tin Man y el León, aquí tenemos a un mono alado, una muñeca de porcelana y a un personaje cascarrabias, junto a dos ejércitos dispares a cada cual más freaky.

Yo he disfrutado más que los niños (y la madre) y he llorado con ganas, que falta me hacía. Después, un par de Leffe tostadas en la Internacional y a casa, que diluvia.

 

 

MUJERES DE MI VIDA (5) En construcción….

I era una niña pija con vespa roja y novio ingeniero. I soñaba con cambiar de moto y quitarse de encima el futuro prometedor que le había diseñado el destino de la mano de V (el ingeniero).

I respiraba como quien descubre el aire y sus ojos, pequeños, brillaban llevando dentro todas sus vidas no vividas. Quizás también buscaba el padre que nunca estuvo a la altura.

 

Un día me sonrió, dio la mano y se quedó dormida en mi hombro. Durante una semana paseamos, mejor dicho, flotamos por Cantabria y nunca el norte ha estado tan luminoso.

 

Me embriagó con su Eau Jeune (me costó años olvidar el olor de las mandarinas) y nos pasamos de la raya. Todo estaba permitido porque las niñas buenas siempre desean ser malas y allí estaba yo para ayudarla a caminar on the wild side. Ingenuo, llegué a creerme que sería el elegido (esto también es una constante que se repite y que ya llega a tocarme los cojones) pero, de nuevo, volví a quedar segundo.

 

A la vuelta de nuestra luna de miel su novio la esperaba en la estación. Me besó y  apretó la mano haciéndome saber su decisión. En su cumpleaños le envié El Rompeolas de Loquillo. Se lo merecía, por pija y cobarde.

MUJERES DE MI VIDA (4) En construcción….

Las tres Pes.

Pr era rubia, muy rubia, de pelo largo, muy largo. Cejas finas y enarcadas. Inaccesible. Caminaba erguida, sin girar el cuello y nunca te dirigía la mirada. Se comunicaba a través de una especie de ayudante de cámara que la acompañaba a todas horas y era su conexión con el mundo real. Su altivez de diva no le permitía otro método. Yo soñaba con ser su caballero medieval y ofrecer mis respetos a la dama.

A fuerza de insistir a la asistenta le saqué dos citas. En la primera comprendí porqué ese alejamiento: le costaba hablar y cuando lo hacía manchaba esa imagen de diosa infinita con un marcado acento de la sierra onubense del que se avergonzaba. Era entonces cuando la más refinada de las poesías sonaba a trova cazurra. Ella me enseñó que los ideales, en este caso las ideales, también tienen su talón de Aquiles. Ya no volví a soñar con ella. El sueño siempre se interrumpía con esa especie de ronquido grave del tono de su voz y la bella Pr pasó a ser un bellezón cateto exento de divinidad. Aprendido esto aproveché la segunda cita para desarmarla, una vez en la tierra, ya rendida, campeé por donde otrora los dioses tenían su morada y disfruté como sólo disfruta el pueblo llano.

Pb era delgada, muy delgada, de cara fina y angulosa simulaba un pez. La imaginaba como esa línea que avanza de frente en los acuarios y que al girar se convierte en una fina especie tropical. Me enamoré de esas piernas de palillo, algo arqueadas. Aprendí que los tacones son los tacones y que dios los ha puesto donde se deben poner y por algo será, que dios no se equivoca. Me enseñó a fumar, a robar libros y a copiar como ella sólo sabía hacerlo. Con ella olvidé qué autobús llevaba a la universidad. Era anárquica y estaba buena a rabiar. Con ella nunca tuve que pensar ni decidir. Simplemente se hacía lo que le venía en gana y yo debí caerle en gracia.

Un día desapareció sin decir nada y cuando, pasado mucho tiempo, me la encontré me dijo que había seguido los consejos de su abuela. Tú para qué quieres estudiar tanto con lo guapa que eres. Volvimos al bar de la absenta y pasamos después por su apartamento. Lo último que recuerdo es que me dijo, ven aquí, pasmao, tenía ganas de verte, idiota.

Pg lo tenía todo: la belleza de Pr, el desparpajo de Pb, las curvas que le faltaban a las dos y la comunicación verbal y no verbal de ambas. Ya por entonces y con el aprendizaje de las anteriores yo creía que me comería el mundo. Pero qué equivocado que estaba. Me acerqué a ella con cierta chulería y me recibió torera, templando, con las manos bajas. Me aguantó el envite y me dio una tanda de capotazos que me calmaron el ímpetu. Se dejó querer y al arrimarme me dijo dónde vas, qué te crees, que esta plaza es de primera y tú no le has empatado a nadie para llevarte de aquí los trofeos.

Me enseñó que las mujeres son algo más que unos ojos lindos, una sonrisa y la simpatía de la conversación. Esas tetas tan bien puestas y la marca de ese culo bien dibujado eran las características de la divisa de esta hembra de trapío. Se acabó el cine de autor y los interminables cinefórum. Se terminó la dialéctica y la lucha de clases. Game over a las expectativas políticas e ideales de la transición. Bye a la metafísica y la existencia de dios. Con ella perdí los papeles y algún que otro par de pantalones (creo que era fetichista o coleccionista). Pg me puso al día en las cuestiones más terrenales y se llevó para siempre mi necesidad de trascendencia. Que Satanás se lo pague con un infierno acogedor.

MUJERES DE MI VIDA (3) En construcción…

E1

Fueron tres años, creo, los que van de los dieciséis a los diecinueve. Amor de cercanías. Llegó, recuerdo, la primera chica al bloque de vecinos de mi juventud. No la puso dios en mi camino, fue un camión de mudanzas y la curiosidad. Estuvo en el sitio equivocado en mi momento más inoportuno.

 

 

Amor de descubrimientos, torpe, tosco, de ejercicios mal aprendidos del cuaderno de prácticas por estrenar. Los primeros besos, el primer pecho descubierto, el primer temblor. Amor de dudas, de inquietudes,  amor de expectativas por frustrar. Me costaría decir quién lo pasó peor. Si yo nunca supe dónde estaba, qué podría esperar ella. Si ni siquiera yo lograba ser uno, cómo pude haber intentado ser dos.

 

Amor de paseos de colegio, amor de tardes sentados en el rellano de las escaleras, amor sin noches. Vestido con un disfraz de novio que me quedaba grande, heredado. Un figurante en una película equivocada, y la frase olvidada con las exigencias de este guión sobrevenido que requería mi desnudo emocional; y yo era actor sin método. Nunca encontré la palabra cariñosa, amable ni el momento propicio y todo sonaba asincopado en una partitura desafinada. Nunca las manos entrelazadas de dos niños fueron más frías. Amor de búsqueda de explicaciones sin encontrarlas.

 

He terminado de escribirlo y lo releo. Esta vez he eliminado la palabra amor. Suena mejor.