DECLARACIÓN DE AMOR

Pasé la noche en vela. Imposible conciliar el sueño. Si en algún momento caí rendido duró poco y sobresaltado por la pesadilla recurrente volví a enredarme en el pensamiento obsesivo y desasosegante que nublaba mis entendederas en los últimos tiempos. Miré el reloj y me devolvió las cuatro cincuenta como un flechazo. En poco más de tres horas me encontraría con ella. De nuevo desayunaríamos juntos, antes de entrar en su trabajo, como habíamos hecho durante los últimos doce años, día tras día de lunes a viernes, de ocho a ocho quince. Doce años esperando que llegue mañana: 14/1/14, ese número especial para ella.

Recordé cuando  me dijo que el 14 era su número favorito. También recordé su color preferido, el celeste y así será mi camisa. Recordé que detesta las rayas por eso mi corbata será lisa, recordé que le parece poco elegante el tercer botón de la chaqueta abrochado y recordé que el pantalón ha de ir planchado sin marcar. Recordé la fragancia para hombres que le gusta y me aderezaré con ella. Recordé que no soporta la impuntualidad y estaré a menos cuarto en la parada esperándola. También sé que no soporta el fútbol, aborrece la carne, detesta la prensa del corazón y abomina del móvil, novedades informáticas y de las redes sociales.

Le pediré su descafeinado, de sobre no de máquina, con leche, semidesnatada, mitad templada mitad fría, sacarina, nada de azúcar,  y su croissant tostado, no quemado, con mantequilla de porción, el zumo de naranja natural sin pulpa. Me cuidaré de no mencionar  al PP de Rajoy, ni alabaré las bondades del nuevo Papa, tampoco aludiré a Rubalcaba. No comentaré nada de Cuatro, Telecinco ni la Sexta, ni sacaré en la conversación cualquier noticia que no haya sido portada en La Razón. No olvidaré la propina.

Rezo porque haya tenido una buena noche sin migrañas, cefaleas o dolores premenstruales. Quiera dios que su cena fuera ligera y no le haya causado dolor estomacal, ardentía, aerofagia o meteorismo. Ojalá no haya padecido el insomnio que le ataca ocasionalmente y haya podido dormir sus siete horas, treinta minutos necesarios. Espero que no tenga trabajo acumulado en la oficina, no deba asistir al Pleno con su jefe, estén todas sus compañeras disponibles, ninguna de baja por enfermedad, todas aquellas que sean madres no hablen de sus hijos y no aparezca por el servicio el viceconsejero. Esto le ayudará a mantener estable su estado de ánimo.

En la ducha memorizo mentalmente la lista de temas tabú que la indisponen. Los cinco grandes prohibidos. No quiero meter la pata: nada de viajes, deportes, gastronomía, toros y niños. Por supuesto, móvil desconectado. Doble afeitado, ni sombra de barba.

Noto que me tiemblan las piernas y me temo que el sudor nervioso me manche las axilas. Antes de coger el ascensor vuelvo a entrar en casa y me tomo otro sumial. Me miro al espejo y me doy ánimos. Camino de la parada del bus repaso el guión de mi declaración: Marisa me gustas mucho. Me encanta tu buen humor y adoro tu naturalidad. A tu lado me siento yo mismo. ¿Te quieres casar conmigo?

LA PELUQUERA

Alba se llama. Morenaza de ojos verdes, un lunar en el labio que distrae de cualquier otro pensamiento y una sonrisa que es el cielo en la tierra. Del culo mejor no hablamos porque entonces pierdo el hilo de estas letras.

 

Me cayó como regalo del cielo. No andaba yo en mis mejores momentos, llamaba a la puerta el invierno y el primer catarro me tenía acobardado bajo la mesa de camilla. Obligado a salir a gestionar unas facturas erróneas en Endesa, pedí el turno en la cola y ella me dio la vez. Sin molestarse en bajar el tono y asegurándose de que todos la escucharían dijo:

-Llevo aquí media mañana y esto no se mueve y después dirán que es culpa del ordenador que va lento y yo no puedo perder el día esperando que ahora con las navidades tengo la peluquería de bote en bote.

-¿Eres estilista? – Me atreví a preguntar.

-¿Estiqué?- respondió con frescura- Peluquera, con local propio que el alquiler es tirar el dinero.

Y se me quedó mirando muy fija, que le he gustado, pensé, y en esto que me dice

-¿Y tú no te pones nada para fortalecer las raíces?, mira que antes de que te des cuenta se te ve el cartón.

Intenté disculparme explicándole que mis entradas son de siempre, de toda la vida, las leyes de la genética pero me cortó al instante

-Anda, vámonos de aquí y ya vendremos otro día que se nos va la mañana y deja ya de hablar de leyes que paso de política. ¿Has desayunado? Yo quiero un zumito y media con jamón.

-Camarero! un descafeinado, de sobre- pedí.

-Tú no serás maricón, no?

 

Quise decirle que estoy dejando la cafeína por un problema gástrico reciente pero no me dio lugar.

 

-Tú te miras mucho, como la Vane, mi compañera, que siempre se está tomando las pulsaciones y yendo al médico, hipocontraria, que es la tía.

-Hipocondríaca, la corregí.

-Mira que eres pedante, pero tienes algo que me gusta. Ponme un whatsapp y quedamos el viernes, bueno, mejor el sábado y me llevas a cenar por ahí, pero nada de sitios de esos con muchas tonterías, que yo me como las papas fritas con las manos.

 

Y así es como se metió en mi vida, de golpe. De vuelta a casa no podía parar de pensar en ella. Conociendo mi debilidad mental ya me veo sometido a toda clase de experimentos capilares sin poder decirle que no. Estoy nervioso ante la propuesta para este próximo sábado. Yo voy con claras intenciones de echar un polvo pero lo mismo salgo con un alisado japonés. Me lo temo.